Ciudad de México – La marcha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, fue escenario de un desgarrador testimonio que resonó en todo el país. Ivanna, una niña de 9 años, acompañada de su madre Verónica, alzó la voz para exigir que su agresor sexual sea finalmente sentenciado. Vestida de princesa, un símbolo de la inocencia robada, Ivanna compartió su historia frente a miles de mujeres que la recibieron con un clamor unánime de apoyo: “¡No estás sola!”.
El relato de Ivanna, marcado por el dolor y la valentía, se centra en los abusos que sufrió a los 5 años a manos de un hombre en los baños de la escuela Pedregal del Sur. No pudo precisar el día y la hora exacta de los abusos, que se prolongaron durante un año, pero describió con crudeza la violencia física, las amenazas y la intimidación a las que fue sometida. “Está en la cárcel pero estoy muy triste aún así, no he superado tanto el dolor”, declaró entre lágrimas, revelando que ha tenido tres intentos de suicidio y se autolesionaba, dejando moretones visibles en sus brazos y manos.
La angustia de Ivanna se intensificó al recordar un intento de fuga, durante el cual fue agredida físicamente por su agresor. “Él me hacía sufrir mucho, me gritaba y me amenazaba de que iba a matar a mi mamá”, relató, exponiendo el terror que vivió y el impacto devastador que estos abusos tuvieron en su vida y en la de su familia.
El testimonio de Ivanna provocó una reacción inmediata y emotiva entre las manifestantes. Miles de mujeres le expresaron su admiración y solidaridad, coreando consignas como “hija, escucha, tu madre está en la lucha” y “amiga, hermana, aquí está tu manada”. Su valentía fue celebrada como un ejemplo para todas las niñas y mujeres que han sufrido violencia sexual.
La movilización de este año se centró especialmente en la protección de niñas, niños y adolescentes, con un llamado urgente a detener el abuso sexual infantil y la explotación. Las manifestantes demandaron la implementación de programas de educación sexual integral en todas las escuelas, con el objetivo de prevenir y visibilizar el abuso sexual, así como de empoderar a los jóvenes para que puedan identificar y denunciar situaciones de riesgo.
Las consignas que resonaron durante la marcha reflejaron la indignación y la determinación de las mujeres de proteger a las infancias: “Las niñas no se tocan, no se violan, no se matan”, “Las niñas, marchando, también están luchando”, y “Escucha, idiota, las niñas no se tocan”.
El testimonio de Ivanna no fue el único que se escuchó durante la jornada. Varias mujeres compartieron sus propias experiencias de violencia sexual, muchas de ellas sufridas en la infancia a manos de familiares. La impunidad que rodea a estos casos fue una de las principales denuncias, con cifras alarmantes que revelan que solo 1 de cada 5 feminicidios se investiga en México y que el 90% de los delitos sexuales quedan sin castigo.
En el mitin celebrado en el Zócalo capitalino, las feministas denunciaron la falta de atención y justicia para las víctimas de violencia sexual, así como la ineficacia del sistema judicial para investigar y sancionar a los agresores. Exigieron un cambio radical en las políticas públicas y en la cultura social para erradicar la violencia de género y proteger a las niñas y mujeres.
La valentía de Ivanna, al romper el silencio y compartir su historia, ha generado una ola de solidaridad y ha renovado el llamado a la justicia y a la protección de las infancias. Su testimonio es un recordatorio doloroso de la magnitud del problema de la violencia sexual infantil y de la necesidad urgente de tomar medidas concretas para prevenirla y combatirla. La exigencia de una sentencia para su agresor se ha convertido en un símbolo de la lucha por la justicia y la dignidad de todas las víctimas de abuso sexual.
La marcha del 8 de marzo, impulsada por el testimonio de Ivanna y por las voces de miles de mujeres, ha dejado claro que la lucha contra la violencia de género continúa y que la sociedad exige un futuro donde todas las niñas y mujeres puedan vivir libres de miedo y violencia. La exigencia de justicia para Ivanna y para todas las víctimas de abuso sexual es un paso fundamental en la construcción de un país más justo y equitativo. La comunidad internacional observa con atención la respuesta de las autoridades mexicanas ante este caso y ante la creciente ola de violencia de género que azota al país.


