ÚLTIMA HORA

Cobertura global las 24 hs. • miércoles, 29 de julio de 2026 • Noticias actualizadas al minuto.

Menú

Solas, vulnerables y con 70: La inesperada revolución de las ‘Golden Girls’ canadienses

Por distintas razones y con diferentes expectativas, muchas mujeres se están yendo a vivir juntas en la adultez mayor. ¿Por qué?

Solas, vulnerables y con 70: La inesperada revolución de las ‘Golden Girls’ canadienses

Pat Dunn se enfrentaba a una encrucijada desesperada al llegar a los 70 años. La repentina pérdida de su esposo, sumada a una pensión de enfermera jubilada insuficiente para cubrir los crecientes costos de alquiler en Ontario, Canadá, la dejaba sin opciones claras. “No había ningún lugar donde pudiera vivir sola”, relata a Datshiane Navanayagm, presentadora del programa The Conversation del Servicio Mundial de la BBC, “y tuve que empezar a considerar la posibilidad de vivir con compañía”.

Inspirada por la icónica serie de televisión estadounidense de los años 80, *The Golden Girls* (conocida en Latinoamérica como *Las chicas de oro*), Pat decidió buscar en redes sociales a mujeres que se encontraran en situaciones similares, con la esperanza de iniciar una convivencia. “Hacia el final del primer mes de crear mi grupo de Facebook, ya tenía 200 miembros”, recuerda.

Hoy, ese grupo en internet ha florecido hasta convertirse en una organización sin fines de lucro con más de 2.800 miembros en Canadá, llamada Senior Women Living Together (Mujeres Mayores Viviendo Juntas). Y este modelo innovador de convivencia está comenzando a replicarse en otros lugares del mundo.

Hanne Nuutinen, por ejemplo, experimentó una transformación similar al mudarse de Finlandia a Francia. Allí, ayudó a fundar La Joie Home Base (Sede Central La Alegría), un hogar diseñado para que mujeres de diversas nacionalidades puedan residir por períodos variables. “Lo llamamos ‘vivienda conectada’ y es una forma más holística de vivir juntas”, explica Hanne al programa. “La cohabitación, en general, es un espacio donde puedes ser tú misma y compartir con otras”.

En The Conversation, tanto Pat como Hanne comparten las motivaciones que las llevaron a buscar este nuevo estilo de vida y narran sus experiencias al convivir con mujeres que antes eran completamente desconocidas.

La serie de comedia estadounidense *The Golden Girls* presentaba a cuatro mujeres –tres de entre 50 y 60 años, y una de 80– que decidían compartir un hogar tras responder a un anuncio clasificado. Al describir su situación actual, Pat podría estar resumiendo la trama de la serie que la inspiró, pero adaptada al contexto canadiense de 2024.

“Vivo con dos mujeres a las que no conocía hasta que abrí el grupo de Facebook. Una de ellas es un año menor que yo, nunca se casó ni tuvo hijos”, cuenta Pat. “Y la otra es más joven, todavía a mediados de los 60: se casó varias veces, pero nunca tuvo hijos”.

El proceso de adaptación mutua, según Pat, tomó alrededor de cuatro meses y se basó en la honestidad. “Nadie quiere vivir con cautela en su propio hogar, así que es importante ser sincera y decir ‘esto puede ser algo pequeño, pero me irrita profundamente y es mejor que lo hablemos’”.

Para Hanne, ese compartir cotidiano era precisamente lo que buscaba después de vivir como madre soltera durante diez años. “Se trataba de tener apoyo en la vida diaria y compartir esas experiencias, compartir esas vidas que vivimos, ya sea que trabajemos o estemos jubiladas. Simplemente era difícil hacerlo todo sola, y quería compartir los altibajos de la vida”.

Hanne explica que su decisión se gestó al darse cuenta de que estaba entrando en lo que ella define como “la parte Q3 [el tercer cuarto] de la vida”. “Normalmente empieza a partir de los 50 años, pero esa etapa puede representar la mitad o un tercio de nuestra vida, eso es mucho tiempo. Y para esa edad, ya hemos experimentado la vida y nos hemos formado a nosotras mismas, sabemos qué queremos y quiénes somos y la vida que, de alguna manera, queremos vivir”.

Una lección fundamental que Pat y Hanne aprendieron temprano en su experiencia de convivencia es que no todas las personas tienen el mismo nivel de tolerancia para compartir sus espacios personales. Además, cada mujer que busca esta solución de vivienda lo hace por razones distintas y con expectativas diferentes, lo que ha dado lugar a diversos estilos de cohabitación.

El hogar de Hanne, por ejemplo, ofrece alojamiento a mujeres mayores de 50 años en comunidades ubicadas en diferentes países de Europa. Comenzaron con una instalación en el sur de Francia y ahora tienen bases en Italia, España y Marruecos, con planes de expansión. “Cuando realizamos una investigación de mercado, nos dimos cuenta de que estas mujeres, de todas partes del mundo, desean tener algo de tranquilidad en sus vidas, además de la comunidad”.

Estas bases que Hanne co-creó con su socia también ofrecen flexibilidad: las mujeres pueden residir en ellas de manera temporal, ya sea por semanas o meses. “Lo que ofrecemos y hacia lo que nuestro servicio está más dirigido es a esas mujeres de clase media alta que quieren tener atención y flexibilidad”.

El grupo de Pat, en cambio, tiene una dinámica diferente. El grupo de Facebook cuenta con 2.800 miembros, y no todas las historias son alentadoras. “A veces son muy tristes, cuando escucho sus historias de vivir en sus autos, por ejemplo, y que no se lo cuentan a sus hijos por la vergüenza que les genera… Estas historias no son agradables de escuchar, pero me convencieron aún más de que si tenía que dedicarme a algo el resto de mi vida, era ayudar a estas mujeres”, subraya Pat.

A pesar de las dificultades que han enfrentado muchas de las mujeres que hoy pertenecen al grupo de Pat, a muchas les daba miedo dar el paso de convivir con otras mujeres. “Siempre digo que no es para todo el mundo y les recomiendo: ‘No tienes que hacer esto’, ‘piénsalo un poco más’”, explica Pat, quien asegura que el factor de la incertidumbre pesa mucho sobre muchas mujeres que están considerando la cohabitación. “Intento animarlas a que empiecen a hablar con otras mujeres de su zona de Ontario, organizamos reuniones. No hacemos ningún trabajo de convivencia en el grupo de Facebook, es solo para debatir, así que intento plantear varias preguntas que sé que preocupan a la gente”.

Pat tiene claro que su plataforma no existe para conectar a las mujeres, sino para brindarles recursos para que lo hagan por sí mismas, si así lo deciden. “Solo proveemos la plataforma: esto es lo que puedes hacer, los artículos que debes leer, información de apoyo. Pero tú tomas la decisión”.

En los hogares de Hanne existe un proceso de “selección”, en el cual se aseguran de que las aspirantes “estén listas para la comunidad, porque no todas lo están”. “Algunas entienden que a lo mejor no es para ellas o de pronto en algunos meses cuando tengan los recursos o cuando estén listas física o mentalmente para ello”. También explican que los hogares no cuentan con ningún tipo de asistencia de enfermeras o personal médico: “Ese es otro negocio, no el nuestro”.

El grupo de Pat está lleno de preguntas sobre cómo vivir la vida al compartir el hogar con extrañas: “las cosas obvias, cocinar, limpiar, cómo se hace mercado, cómo se paga la renta… todo eso”. “También hablamos de temas relacionados con la edad: ¿qué pasa si una de nosotras se enferma o si tiene que ir al hospital, o a un hogar geriátrico?, ¿qué pasa si vemos señales de demencia?. Hay que considerar todos esos factores”, dice Pat. Además, hay una sección importante sobre cómo mantener relaciones sanas, poner límites y maneras de comunicarse.

En las bases de Hanne, según explicó, el proceso de selección de las mujeres es clave para asegurar que la convivencia se dé de manera tranquila. Además, está la figura de “la anfitriona”, quien sirve de mediadora en caso de que surjan roces. “En el proceso de que lleguen al hogar, presentamos a las mujeres por videollamada para que todas sepan quién viene, y medio las encajamos suavemente para que tengan intereses similares o actividades parecidas”, explica. “A veces lo más difícil en la vida es compartir tu hogar con alguien”, recuerda Hanne.

Pat relata que la mayoría de los casos de éxito que ha presenciado se dieron en situaciones en las que las mujeres que van a convivir están en una situación de paridad de condiciones. “Historias de éxito de dos o tres, o cuatro mujeres que se conocen entre ellas en nuestro sitio, deciden irse a vivir juntas, y las ayudamos a que busquen un lugar para alquilar”. Reitera que es más difícil cuando una mujer, dueña de la propiedad, recibe a otras para que convivan en el mismo espacio: “Puede haber un desequilibrio de poder desde el principio, dependiendo de la personalidad de la propietaria”. “Les ayudamos a ver esto más como una amistad que desean construir con estas mujeres y cómo lograrlo dentro de la realidad de los hechos”.

Como estas mujeres están decidiendo compartir sus hogares con extrañas, también existen limitaciones sobre quiénes pueden entrar en las casas y quiénes no. Pat dice que muchas de las mujeres en el grupo son tajantes a la hora de prohibir visitas de novios, o cosas parecidas, mientras que otras no tanto. Y luego están los hijos. Tanto Pat como Hanne son madres, y han tenido que compartir sus experiencias de vivienda colectiva con ellos. “Mi hija todavía es muy joven”, dice Hanne, “es una adolescente y ha tenido el placer de estar conmigo en una de estas bases, algo raro porque no permitimos que vengan niños. Pero por ejemplo, en Navidad hay más familia y amigos, y pueden venir hijos y amigos y novios si quieren. Ella pudo experimentar eso y realmente le encantó”. Los hijos de Pat son mayores, y la que más la apoya es la menor: “Cuando le conté que estaba haciendo esto, cuando empecé me dijo: ‘Mamá, eres lo máximo’”. Pero también hay miembros que hablan de algunos de sus hijos, hijos adultos, que se preocupan por que sus mamás estén haciendo esto.

Para Pat, en un lugar como Ontario, donde dice que existen 150.000 mujeres mayores viviendo en la pobreza, es clave que existan estos espacios de cohabitación. “Estamos empezando a recibir el apoyo de constructores y dueños de propiedades (…) y estamos interesando seriamente a los miembros del Parlamento”.

Para Hanne, la experiencia de conectar mujeres ha sido inmensamente gratificante, hasta cambiarle la vida. “Es un sueño hecho realidad vivir en lugares distintos, según la temporada o el negocio. Me permite tener la vida que siempre quise, sin estar amarrada en un solo sitio”.

Para Pat, el cambio ha sido igual de radical. “Pasé de encontrarme desesperadamente aislada y aterrorizada de quedarme sin casa, a tener un hogar seguro con mujeres con las que puedo charlar y sentirme segura y divertirme, y de paso, me queda dinero en el banco. Pasé de sentirme sola las 24 horas, a nunca sentirme sola otra vez”, concluyó.

Cobertura en Video