El abastecimiento de agua potable en el Distrito Central ha alcanzado un punto crítico que, según las autoridades representativas de los usuarios, ya no puede ser solventado con medidas paliativas o gestiones administrativas menores. Manuel Amador, presidente de las Juntas de Agua del Distrito Central, ha manifestado de manera contundente que la capital requiere la construcción inmediata de una nueva represa para revertir la grave situación de desabastecimiento que afecta a una parte considerable de la población.
De acuerdo con el análisis presentado por Amador, la capital enfrenta un déficit hídrico alarmante que supera aproximadamente los 100 millones de metros cúbicos. Esta brecha masiva entre la demanda de la población y la capacidad de captación y distribución actual es la causa principal de que miles de familias tegucigalpas sufran periodos prolongados y recurrentes sin acceso al servicio básico de agua potable, afectando la calidad de vida y la salud pública en diversas zonas de la ciudad.
Para el dirigente, la solución definitiva a esta problemática no reside en ajustes operativos, sino en la ejecución de obras de infraestructura de gran envergadura. En este sentido, Amador señaló que es imperativo impulsar proyectos específicos, mencionando la represa Río del Hombre y Guacerique II como las opciones viables para garantizar la seguridad hídrica de la región. No obstante, el presidente de las Juntas de Agua lamentó que, hasta el momento, las autoridades gubernamentales no hayan demostrado el interés suficiente para concretar estas obras y resolver el problema de fondo.
La crítica de Amador se extiende a través de los distintos periodos gubernamentales, señalando una falta de continuidad y voluntad política. «Llega un gobierno y llega otro, y no le vemos el interés de querer darle solución a esta problemática del agua», manifestó el dirigente, subrayando que la crisis hídrica parece haber quedado en un segundo plano en la agenda de prioridades del Estado.
Además, el representante advirtió sobre la urgencia temporal de estas inversiones. Según explicó, el calendario político impone una restricción crítica: si estos proyectos de infraestructura no se concretan y ponen en marcha durante los primeros dos años de una administración gubernamental, las probabilidades de que se impulsen posteriormente disminuyen drásticamente. Esta observación sugiere que la ventana de oportunidad para resolver la crisis se cierra a medida que el gobierno se acerca al final de su mandato, dejando a la población en una situación de vulnerabilidad permanente.
En cuanto a la operatividad actual del servicio, Amador detalló que la situación es insostenible. Aunque el calendario oficial de distribución establece que el agua debe llegar a los hogares cada siete días, se ha informado que a partir del 1 de agosto este intervalo se extenderá a nueve días. A pesar de este cronograma, la realidad en el terreno es mucho más severa, ya que en numerosas comunidades el servicio simplemente no llega, independientemente de lo que dicte el calendario.
El dirigente puso especial énfasis en la desigualdad de la distribución del recurso. Explicó que la escasa cantidad de agua disponible tiende a acumularse y quedar en las zonas bajas de la ciudad, mientras que los sectores ubicados en las partes altas permanecen totalmente desabastecidos. Esta disparidad geográfica ha profundizado la crisis en las colonias periféricas y elevadas, donde el suministro es casi inexistente.
La gravedad de la situación se refleja en los testimonios y reclamos de los abonados. Amador aseguró que existen barrios y colonias donde los habitantes han llegado a acumular entre cuatro y seis meses sin recibir una sola gota de agua potable a través de la red oficial. Esta situación extrema ha provocado un incremento en los reclamos ciudadanos y una creciente frustración social ante la falta de respuestas efectivas.
Finalmente, Manuel Amador fue enfático al delimitar las responsabilidades. Insistió en que la administración de las juntas de agua no tiene la capacidad técnica ni financiera para resolver un problema de esta magnitud por cuenta propia. Sostuvo que, mientras no exista una infraestructura adecuada que garantice el suministro y el almacenamiento del recurso, cualquier esfuerzo administrativo será insuficiente para terminar con la crisis hídrica que asfixia al Distrito Central.


