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Elia Arce: La artista que teje dolor y esperanza entre Gaza y Centroamérica

Exposición ‘Lenguajes errantes’ recoge obras que la artista costarricense creó en Estados Unidos y en el país, en busca de una forma de narrar un mundo cambiante.

Elia Arce: La artista que teje dolor y esperanza entre Gaza y Centroamérica

La artista costarricense Elia Arce regresa a su país con una retrospectiva conmovedora en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC), una exposición titulada “Lenguajes errantes” que dialoga con la obra de Mimian Hsu. Esta exhibición, inaugurada en noviembre y abierta hasta septiembre, no es solo una muestra de su vasta producción artística, sino un testimonio de una vida dedicada a la exploración del cuerpo, la memoria, la política y la experiencia del exilio. Arce, quien dejó Costa Rica en 1981 en busca de un espacio creativo, encontró en Nueva York un crisol de solidaridad con Centroamérica, una región convulsionada por conflictos y en el centro de las tensiones geopolíticas de la época. Su decisión de permanecer en Norteamérica marcó el inicio de un viaje artístico rico y diverso, que ahora se despliega ante el público costarricense.

La curadora Sofía Villena destaca la importancia de esta retrospectiva, señalando que el trabajo de Arce, a pesar de su relevancia, no ha sido plenamente integrado en la historia del arte visual costarricense. “Elia enseñó teatro en la Universidad Nacional, pero siento que su trabajo no ha sido absorbido realmente desde la comprensión de la historia del arte visual y el arte contemporáneo”, explica Villena. “Lenguajes errantes” se presenta como una oportunidad única para comprender su proceso creativo, su contexto histórico y los desafíos inherentes a la preservación de obras efímeras como las performances.

La exposición abarca una amplia gama de medios, incluyendo videos, fotografías, textos, audio y espacios de lectura, sumergiendo al espectador en el universo conceptual de Arce. Su obra, profundamente arraigada en su experiencia como migrante centroamericana, explora temas como la identidad, el desplazamiento, la violencia política y la solidaridad internacional. Una pieza reciente, particularmente impactante, muestra a una mujer centroamericana enrollando una extensa tela azul índigo, evocando las mantas mortuarias utilizadas en Gaza. La artista instruye a la mujer para que realice el acto de enrollar de manera cada vez más lenta, enfatizando el peso simbólico de cada movimiento y la multiplicidad de interpretaciones que genera.

“Yo quiero crear una relación de solidaridad entre Centroamérica y Gaza”, explica Arce. La conexión se establece en el momento de la performance, en la sombra, donde la sensibilidad del espectador se intensifica. El gesto, aparentemente simple, se convierte en un puente que busca trascender las fronteras geográficas y emocionales. Sin embargo, Arce es consciente de la naturaleza efímera del performance, un arte que se desvanece en el tiempo y que requiere un esfuerzo constante de documentación y preservación.

La exposición también pone de relieve los desafíos que implica la conservación de obras registradas en formatos audiovisuales, que son particularmente vulnerables al deterioro. Arce comparte su experiencia personal, relatando la dificultad de recuperar registros de sus primeras performances. “Para mí fue muy importante comenzar a sacar todas estas piezas que eran muy queridas para mí, pero que no necesariamente, o incluso nadie había visto”, confiesa. “Otras cosas yo ya ni siquiera sabía si existían o si se habían deteriorado completamente, como es el caso de la proyección de Unas cuantas punzaditas. Fue filmada en 16 mm en blanco y negro; yo tenía una copia en VHS que nunca encontré, y de pronto apareció un pedazo de película en una caja". La recuperación de estas obras, con la ayuda del Centro de Cine, representa un alivio para la artista, una oportunidad de compartir su trabajo con nuevas audiencias.

La obra de Arce se caracteriza por su constante diálogo entre el cuerpo y el tiempo. Sus performances, a menudo prolongadas y minimalistas, exploran la relación entre la acción, la duración y la percepción del espectador. En una videoperformance, la artista se muestra en cámara estática durante 40 minutos, permitiendo que el tiempo informe la acción y que el cuerpo se convierta en un vehículo de expresión. “Yo estoy yéndome con el tiempo; el tiempo en que yo permito que el mismo cuerpo vaya informando la acción conforme se va dando. Yo no sé qué va a ocurrir”, explica Arce.

En otra pieza, “The Mourning of the Pin Up Girl” (2006), Arce entrega una bandera de los Estados Unidos a una madre que ha perdido a su hijo en la guerra de Irak. La acción, cargada de simbolismo, plantea interrogantes sobre la responsabilidad de Estados Unidos en los conflictos internacionales y sobre el impacto de la guerra en las vidas de las personas. “Yo no estoy muy segura qué es lo que va a ocurrir, porque en este caso yo estoy entregándole la bandera a a una madre que sufre por un por un hijo militar que pudo ha sido un militar que estuvo invadiendo territorio centroamericano”, dice. La artista se permite la incertidumbre, la posibilidad de un encuentro inesperado y la exploración de las emociones que surgen en el momento de la performance.

La participación de la audiencia también juega un papel fundamental en la obra de Arce. Sus performances, a menudo interactivas, invitan al espectador a reflexionar sobre su propia relación con el cuerpo, el tiempo y la política. La exposición en el MADC incluye una zona de lectura con libros relevantes para la creación de Arce, así como una pared donde los visitantes pueden dejar sus impresiones y reflexiones. Esta interacción fomenta un diálogo abierto y enriquecedor entre la artista, la obra y el público.

La trayectoria de Arce está marcada por su experiencia como migrante centroamericana, una condición que la ha llevado a cuestionar su propia identidad y su pertenencia. “Cuando uno vive en el país en que nació, no surgen muchas preguntas de quién es uno y a qué pertenece”, considera. En obras como “La primera mujer en la luna” (2001), Arce desmonta los lugares comunes de la identidad costarricense, cuestionando la narrativa de la nación de paz y explorando la perspectiva de la mujer.

Para la curadora Villena, la exposición de Arce plantea preguntas importantes sobre la relación entre Costa Rica y su diáspora artística. “¿Cómo mantenemos una relación con la diáspora artística de Costa Rica y qué es lo que están creando esos artistas de Costa Rica que viven fuera? ¿Cuál es la relación que siguen manteniendo con el país?”. La obra de Arce, en definitiva, nos invita a reflexionar sobre la complejidad de la identidad, la memoria y la experiencia del exilio, y a reconocer el valor de la diversidad cultural. Como dice la artista, “el que se va y regresa no es el que se va, sino el que regresa”. Y ahora, en el MADC, podemos conocerla de nuevo.

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