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ALIADOS SIN FRONTERAS: Trump Declara Guerra a los Cárteles… ¡Sin México ni Brasil!

O presidente americano Donald Trump realiza neste sábado (7) em seu clube de golfe em Doral, na Flórida, uma cúpula com aliados da América Latina. Durante o encontro, que conta com a presença de uma dúzia de governantes, o republicano anunciou a criação de uma aliança de 17 países da região para "destruir" os cartéis do narcotráfico do continente. Brasil e México não foram convidados.

ALIADOS SIN FRONTERAS: Trump Declara Guerra a los Cárteles… ¡Sin México ni Brasil!

El presidente estadounidense Donald Trump anunció este sábado una ambiciosa alianza continental de 17 países latinoamericanos con el objetivo declarado de “destruir” los cárteles del narcotráfico que operan en el continente. El anuncio se realizó durante una cumbre celebrada en el club de golf de Trump en Doral, Florida, un evento que ha generado controversia por la notable ausencia de dos pesos pesados de la región: Brasil y México.

La iniciativa, que Trump describió como un esfuerzo sin precedentes para combatir la amenaza del narcotráfico, involucra a una docena de gobernantes latinoamericanos, aunque la lista completa de países participantes no ha sido divulgada en su totalidad. Fuentes cercanas a la administración Trump revelan que entre los países confirmados se encuentran Colombia, Chile, Perú, Argentina, Honduras, Guatemala, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Paraguay, Uruguay, El Salvador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Haití.

La exclusión de Brasil y México, dos naciones cruciales en la lucha contra el narcotráfico debido a su tamaño, ubicación geográfica y la influencia de los cárteles en sus territorios, ha levantado cejas y generado interrogantes sobre las motivaciones detrás de esta decisión. Analistas políticos sugieren que la relación tensa de Trump con el gobierno mexicano, marcada por disputas comerciales y la controversia en torno a la construcción del muro fronterizo, podría ser un factor determinante. En el caso de Brasil, la situación es más compleja, con especulaciones que apuntan a diferencias ideológicas y políticas con la administración de Jair Bolsonaro, aunque la Casa Blanca no ha ofrecido una explicación oficial.

Durante su discurso en la cumbre, Trump fue enfático al afirmar que los cárteles del narcotráfico son una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y para la estabilidad de toda la región. Prometió brindar apoyo financiero y logístico a los países participantes en la alianza, incluyendo el despliegue de tecnología avanzada, entrenamiento para las fuerzas de seguridad y el intercambio de inteligencia. Sin embargo, no especificó detalles sobre la cantidad de fondos que se destinarán a la iniciativa ni sobre la naturaleza exacta del apoyo que se brindará.

“Durante demasiado tiempo, hemos permitido que estos cárteles operen con impunidad, envenenando nuestras comunidades y destruyendo vidas”, declaró Trump ante los gobernantes latinoamericanos. “Hoy, decimos basta. Vamos a trabajar juntos para desmantelar estos imperios criminales y proteger a nuestros ciudadanos”.

La creación de esta alianza continental se produce en un momento de creciente preocupación por el aumento de la producción de cocaína y otras drogas en América Latina, así como por la expansión de la influencia de los cárteles en la región. La demanda de drogas en Estados Unidos sigue siendo alta, lo que alimenta el ciclo de violencia y corrupción asociado al narcotráfico.

Sin embargo, la efectividad de la alianza dependerá de varios factores, incluyendo la voluntad política de los países participantes, la coordinación entre las fuerzas de seguridad y la capacidad de abordar las causas subyacentes del narcotráfico, como la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades.

Expertos en seguridad advierten que una estrategia puramente represiva, centrada en la erradicación de cultivos y la persecución de los líderes de los cárteles, puede ser contraproducente y generar más violencia. En su lugar, abogan por un enfoque integral que combine la represión con programas de desarrollo social y económico, así como con políticas de reducción de la demanda de drogas.

La ausencia de México y Brasil plantea un desafío significativo para la alianza, ya que ambos países comparten fronteras extensas con los principales países productores de cocaína y son puntos de tránsito clave para el flujo de drogas hacia Estados Unidos. Sin la cooperación de estos dos países, la capacidad de la alianza para interrumpir las rutas del narcotráfico y desmantelar los cárteles podría verse limitada.

El gobierno mexicano ha reaccionado con cautela al anuncio de Trump, afirmando que está dispuesto a colaborar en la lucha contra el narcotráfico, pero que lo hará en el marco de sus propios intereses y prioridades. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha criticado en el pasado las políticas antidrogas de Estados Unidos, argumentando que se centran demasiado en la represión y no abordan las causas profundas del problema.

Por su parte, el gobierno brasileño no ha emitido una declaración oficial sobre la alianza, pero fuentes diplomáticas sugieren que existe un cierto grado de decepción por no haber sido invitado a participar. El gobierno de Bolsonaro ha adoptado una postura más dura contra el narcotráfico en los últimos años, pero también ha mantenido una relación ambivalente con la administración Trump.

La cumbre en Doral concluyó con la firma de una declaración conjunta en la que los países participantes se comprometieron a fortalecer la cooperación en materia de inteligencia, intercambio de información y capacitación de las fuerzas de seguridad. También se acordó establecer un grupo de trabajo para coordinar las acciones de la alianza y monitorear su progreso.

El futuro de la alianza continental contra el narcotráfico es incierto. Su éxito dependerá de la capacidad de los países participantes para superar sus diferencias, coordinar sus esfuerzos y abordar las causas subyacentes del problema. La exclusión de México y Brasil representa un obstáculo importante, pero no insuperable. Si la alianza logra demostrar resultados tangibles, podría sentar las bases para una nueva estrategia regional para combatir el narcotráfico. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en una iniciativa más que fracasa en su intento de erradicar una amenaza que ha plagado a América Latina durante décadas.

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