La investigación sobre Nicolás Petro Burgos y Day Vásquez ha destapado una intrincada red de presuntos testaferros y maniobras financieras diseñadas para ocultar un patrimonio ilícito acumulado durante la campaña presidencial de 2022 y posteriormente. La Fiscalía General de la Nación ha presentado pruebas que sugieren un crecimiento económico vertiginoso de la pareja, incompatible con sus ingresos declarados, y que este incremento fue camuflado a través de una estructura de allegados y familiares que prestaron sus nombres para transacciones irregulares.
El expediente de la Fiscalía detalla que, entre mayo de 2021 y finales de 2022, Nicolás Petro y Day Vásquez habrían recibido constantes ingresos en efectivo, sin una fuente económica legal y regular que los justifique. Este dinero, según la acusación, no provenía de su trabajo ni de financiamiento legítimo, sino de “ingresos clandestinos”. La pareja pasó rápidamente de vivir en propiedades alquiladas a contemplar la adquisición de mansiones y vehículos blindados por un valor superior a los 2.000 millones de pesos.
La investigación se centra en la identificación de los presuntos testaferros que habrían facilitado la ocultación de este patrimonio. Entre los nombres que han surgido en el proceso se encuentran Camilo Burgos, Jonathan Cabrales, César Emilio Vásquez, Blanca Isabel Gutiérrez y otros allegados a la pareja. Estos individuos están siendo investigados por su presunta participación en la gestión de documentos oficiales y contratos de compraventa de carácter irregular, así como por su posible conocimiento y colaboración en la ocultación de bienes.
Uno de los activos más significativos en esta investigación es una mansión ubicada en La Herradura, un exclusivo sector de Barranquilla, valorada en 1.600 millones de pesos. El contrato de compraventa de esta propiedad fue firmado por César Emilio Vásquez, tío de Day Vásquez, quien figuró como el comprador oficial. La Fiscalía ha establecido que se realizaron pagos en efectivo por 696 millones de pesos antes de que Day Vásquez desistiera del negocio, asumiendo una penalidad por incumplimiento de 165 millones de pesos sin presentar reclamo alguno. Esta actitud, según los investigadores, levanta sospechas sobre el origen del dinero y la intención de ocultar la verdadera identidad del comprador.
Además de la mansión en Barranquilla, César Vásquez también aparece vinculado a la compra de una casa en Villas de Palmarito, en el municipio de Tubará, Atlántico, por un valor de 334 millones de pesos. Esta transacción también se habría ejecutado utilizando dinero en efectivo entregado de manera directa. La Fiscalía sostiene que estos movimientos recurrentes bajo la misma modalidad refuerzan la tesis de una estrategia sistemática para evitar el rastro del sistema bancario tradicional y las alertas de la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF).
El caso de Blanca Isabel Gutiérrez es igualmente relevante. La Fiscalía sostiene que ella prestó su nombre para figurar como la propietaria de un vehículo de lujo blindado que Nicolás Petro le habría regalado a su entonces esposa. El costo del automóvil, cercano a los 200 millones de pesos, fue cubierto íntegramente en efectivo. Gutiérrez se encuentra en una posición jurídica compleja, pues ha sido citada como testigo en el juicio contra el exdiputado, pero al mismo tiempo mantiene su calidad de indiciada por haber facilitado presuntamente la ocultación del bien móvil.
La Fiscalía ha enfatizado que Nicolás Petro era plenamente consciente de la necesidad de ocultar estas adquisiciones. Según los informes de policía judicial, en varias ocasiones se descartó poner bienes a nombre de los padres o hermanas de Day Vásquez debido a que ellos no contaban con la capacidad económica para justificar tales posesiones ante la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN). Por ello, el uso de amigos y otros familiares menos directos se convirtió en la alternativa preferida para intentar blindar el patrimonio ilícito.
Las pruebas recaudadas indican que el dinero, que presuntamente llegaba en grandes fajos de billetes transportados en maletas y morrales, era almacenado inicialmente en el clóset de la vivienda que compartía la pareja. Posteriormente, este capital en efectivo se destinaba a “inversiones” que incluían lotes, joyas, viajes de lujo y propiedades inmobiliarias. La Fiscalía ha confirmado que tanto el vehículo de lujo como algunas de las propiedades involucradas en el escándalo ya han sido objeto de medidas cautelares y decomiso.
El proceso judicial contra los presuntos testaferros avanza paralelamente al juicio principal, con el objetivo de determinar las responsabilidades individuales en la falsedad de documentos públicos y el fraude procesal. La Fiscalía busca establecer si estos individuos actuaron de buena fe o si fueron conscientes de la ilegalidad de las transacciones en las que participaron.
Este caso ha generado una gran conmoción en la opinión pública colombiana, al ser la primera vez que el hijo de un mandatario en ejercicio enfrenta la justicia por cargos de enriquecimiento ilícito y lavado de activos. La investigación ha puesto en el centro del debate la transparencia en la gestión de los bienes públicos y la necesidad de fortalecer los mecanismos de control para prevenir la corrupción.
La revelación de Nicolás Petro y Day Vásquez ha abierto una nueva línea de investigación que podría implicar a otras personas y revelar nuevas conexiones en la red de corrupción. La Fiscalía ha anunciado que continuará profundizando en la investigación para esclarecer todos los hechos y llevar a los responsables ante la justicia. El caso promete nuevas revelaciones a medida que los implicados decidan colaborar con la justicia y aportar información adicional. La atención pública se centra ahora en el desarrollo del juicio y en las posibles consecuencias políticas y legales que este escándalo podría tener para el gobierno del presidente Gustavo Petro.


