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Irán Bajo Bombardeo: Vida Cotidiana al Límite

Muchos relatan un país donde la guerra está en todas partes y expresan angustia, frustración por la subida de precios, ira por los cortes de internet y, en el caso de los opositores al gobierno, miedo a la represión.

Irán Bajo Bombardeo: Vida Cotidiana al Límite

La escalada de tensiones en Oriente Medio ha sumido a Irán en una realidad marcada por bombardeos diarios perpetrados por Estados Unidos e Israel, generando un panorama de angustia, frustración y miedo entre sus ciudadanos. Reporteros de la AFP han recopilado testimonios de personas a lo largo y ancho del país, desde el Kurdistán iraní hasta las costas del Golfo, revelando una vida cotidiana profundamente afectada por el conflicto.

En Bukan, en el Kurdistán iraní, Reza, un gerente de café de 36 años, describe una escena surrealista: a pesar de los ataques que han reducido a escombros edificios cercanos a su local, la gente continúa acudiendo al café, incluso prefiriendo sentarse en la terraza para observar los bombardeos. “Tal vez sea porque en esta región estamos acostumbrados a la guerra desde la infancia. Las bombas ya no parecen suficientes para romper nuestra rutina”, comenta Reza, quien, ante la crisis económica, ha optado por ofrecer café gratis a quienes no pueden pagarlo, creyendo que “la solidaridad es lo único que la guerra no puede destruir”. La situación económica es crítica, con bancos sin efectivo y tarjetas bancarias bloqueadas, agravada por la proximidad del Nowruz, el Año Nuevo iraní, que normalmente impulsaría la actividad comercial.

La situación en las zonas costeras es igualmente preocupante. Mustafa, un pescador de 27 años de Bandar Abás, relata cómo los ataques obligaron a abandonar su trabajo y cómo el aumento de los precios ha hecho que los productos sean inaccesibles para la mayoría. Mohammad, un empleado de una granja avícola de 38 años, confirma esta tendencia, señalando que el precio de un bidón de aceite se ha multiplicado por más de cinco en pocas semanas, pasando de 1,56 dólares a 8,25 dólares.

El impacto psicológico de la guerra es palpable en todos los estratos de la sociedad. Una profesora de 26 años describe una vida paralizada por el miedo y la incertidumbre, dedicada a preparar reservas de emergencia y a seguir las noticias constantemente. “No creo que nadie tenga la capacidad mental o física para soportar la guerra por mucho tiempo”, afirma, expresando su especial preocupación por los niños, quienes viven aterrorizados y necesitan desesperadamente consuelo y distracción, algo que se ve dificultado por los cortes de internet.

La represión política también es una fuente de temor para muchos. Mahmed, un traductor de 34 años, señala la presencia de policías y espías, y la tensión entre los partidarios y opositores al gobierno. Aunque la situación en las calles no es “dramática”, la vigilancia es constante y las manifestaciones, aunque ocurren, son intermitentes y marcadas por el luto tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei.

En Teherán, Robert, un empresario de 60 años, describe una ciudad vaciada por el miedo, con puntos de control instalados para prevenir saqueos y mantener el orden. Las fuerzas de seguridad patrullan las calles con equipo especial, reflejando la creciente preocupación por la seguridad. Amir, de 40 años, critica la respuesta del gobierno, señalando que, en lugar de cortar servicios esenciales como la electricidad y el agua, se ha optado por bloquear el acceso a internet, impidiendo que los ciudadanos se informen sobre las noticias, las alertas de evacuación y el paradero de sus seres queridos.

La solidaridad y la resistencia, sin embargo, persisten. Un comerciante anónimo afirma que, aunque los ataques se centran en bases militares, la gente celebra cada impacto, diciendo “bien hecho”. Tras la muerte de Alí Jamenei, las calles se llenaron de personas celebrando, aunque al día siguiente los partidarios del gobierno respondieron con desfiles en coche, ondeando banderas de la república islámica y banderas negras en señal de luto.

La vida en las islas del Golfo es particularmente restrictiva. Un residente describe controles militares exhaustivos a partir de las 18:00, con revisiones de coches e incluso de teléfonos móviles, lo que ha llevado a la gente a evitar salir de casa a menos que sea absolutamente necesario.

Los testimonios recopilados por la AFP pintan un cuadro complejo y desgarrador de un país al borde del abismo, donde la guerra, la crisis económica y la represión política se entrelazan para crear una realidad insostenible para muchos iraníes. A pesar del caos y el miedo, la solidaridad y la resistencia siguen siendo faros de esperanza en medio de la tormenta. La incertidumbre sobre el futuro es palpable, pero la determinación de sobrevivir y mantener la dignidad humana persiste en el corazón de la sociedad iraní. La falta de acceso a información fiable, exacerbada por los cortes de internet, agrava la situación, dejando a la población vulnerable y desorientada. La comunidad internacional observa con preocupación la escalada del conflicto y sus devastadoras consecuencias para el pueblo iraní.

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