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EE. UU. e Irán al borde de una guerra total: escalada de ataques y crisis en el estrecho de Ormuz

Durante la última semana, el conflicto entre Estados Unidos e Irán pasó de ser un intercambio de represalias a algo que se asemeja mucho más a una guerra total.

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EE. UU. e Irán al borde de una guerra total: escalada de ataques y crisis en el estrecho de Ormuz

El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha experimentado una escalada crítica durante la última semana, transitando de un intercambio de represalias latentes a una situación que, según diversos análisis, se asemeja cada vez más a una guerra total. El punto de fricción central continúa siendo el estrecho de Ormuz, donde el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazado con ampliar las operaciones militares a menos que Teherán cese los ataques contra los buques que transitan por dicha vía marítima.

En los últimos días, la estrategia estadounidense ha evolucionado, expandiendo sus objetivos operativos. Más allá de los emplazamientos costeros que albergan drones e instalaciones de radar, Estados Unidos ha comenzado a atacar infraestructura crítica, incluyendo túneles, carreteras, vías férreas, puertos y, según reportes de medios iraníes, una planta desalinizadora.

Por su parte, Irán ha respondido ampliando su lista de objetivos a siete países de la región. Medios oficiales de Teherán han sugerido que puertos clave de los Estados árabes del Golfo podrían ser blanco de ataques próximamente. Kuwait ya ha registrado daños significativos en una refinería de petróleo y una planta desalinizadora, mientras que Jordania ha sido blanco de bombardeos frecuentes.

La situación ha alcanzado un punto de inflexión peligroso. La muerte de dos militares estadounidenses en Jordania, producto de una andanada de misiles iraníes el pasado viernes, sumada al fallecimiento de otro militar en el norte de Iraq anunciada el domingo, ha elevado la tensión. Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, advirtió que los próximos días serán de los más peligrosos de la guerra, mientras que Washington ha prometido "castigar rápidamente" a Teherán.

El analista Danny Citrinowicz, del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional en Tel Aviv, señaló que los límites que inicialmente Washington y Teherán parecían querer mantener están colapsando. Según Citrinowicz, el enfrentamiento podría extenderse involucrando de forma más directa a los Estados del Golfo y poniendo en riesgo infraestructuras estratégicas adicionales. Un ejemplo claro fue el ataque iraní contra Aqaba, en Jordania, donde Israel informó que fragmentos de misiles cayeron en su territorio. Aunque Israel se ha mantenido al margen por petición de la administración Trump, funcionarios de defensa israelíes han advertido que responderán con contundencia si son atacados.

Desde el punto de vista militar, el Instituto para el Estudio de la Guerra destaca que Irán se está adaptando a las defensas estadounidenses mediante el uso de municiones de racimo a gran escala y el disparo de misiles maniobrables de alta velocidad contra bases en la región, lo que ha quedado evidenciado en las bajas estadounidenses en Jordania.

En el plano político, el régimen de Teherán, ahora bajo el liderazgo supremo de Mojtaba Jamanei, parece convencido de que la resistencia es la única opción. Según el analista Vali Nasr, los gobernantes iraníes creen que cualquier signo de moderación sería interpretado como debilidad y provocaría mayor presión estadounidense. A pesar de una economía en ruinas, con inflación galopante y escasez de medicamentos, Teherán apuesta por el control del estrecho de Ormuz como una "espada de Damocles" sobre la economía global para obligar a Trump a ceder.

Este control estratégico ha dejado en segundo plano el programa nuclear iraní. El memorando de entendimiento (MdE) acordado en junio ya no está vigente, ya que las partes mantienen diferencias irreconciliables: EE. UU. exige libertad de navegación, mientras Irán insiste en controlar el transporte marítimo. Existe además el riesgo de que Irán reclute a los hutíes en Yemen para interferir en el mar Rojo, específicamente en el punto estratégico de Bab al-Mandeb.

Los aliados de Washington en el Golfo, incluyendo Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Qatar, han expresado su preocupación. Estos gobiernos ya intercedieron para que Trump desistiera de cobrar tasas a los barcos en el estrecho, temiendo que una escalada prolongada dañe sus economías y los deje frente a un enemigo irreconciliable. El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, ya notificó que su reino no permitirá que su territorio o espacio aéreo sean utilizados para atacar a Irán.

Una victoria militar decisiva de EE. UU. requeriría una campaña terrestre que el presidente Trump ha manifestado no querer ejecutar en una entrevista con Fox News, aunque se barajan opciones como un ataque a la isla de Jarg. Analistas como Sina Toosi advierten que una incursión terrestre en el sur de Irán durante el verano, contra una población movilizada, sería un desastre histórico.

Finalmente, factores como las elecciones intermedias en EE. UU. y la posibilidad de que el crudo supere los 100 dólares por barril podrían presionar a Washington para buscar una salida. Mientras tanto, los mediadores de Qatar y Pakistán guardan silencio. La perspectiva general sugiere un conflicto complejo que oscilará entre ataques y calma relativa, bajo la premisa de que la situación podría empeorar antes de mejorar.

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