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Santa Teresa '69: La Verdad Oculta Tras la "Toma

La semana pasada inicié la explicación de los antecedentes que fueron confluyendo para los sucesos de la mal llamada “Toma de Santa Teresa”, en los que participé activamente. El evento en Santa Teresa ocurrió el 15 de junio de 1969 y, aunque fue llamado “la Toma de Santa Teresa”, no fue tal “toma”, ni ocurrieron ...La entrada Santa Teresa, más que una Iglesia (2) se publicó primero en Analitica.com.

Santa Teresa '69: La Verdad Oculta Tras la "Toma

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El relato de un participante clave revela que los eventos del 15 de junio de 1969 en la iglesia de Santa Teresa, conocidos como la “Toma”, fueron una compleja manifestación de tensiones religiosas y estudiantiles, distorsionada por la narrativa oficial y la desinformación posterior. Lejos de ser una toma organizada con intenciones subversivas, el episodio fue una expresión de frustración por la lentitud de la Iglesia Católica en adoptar las reformas del Concilio Vaticano II y una búsqueda de renovación espiritual y social.

La década de 1960 y principios de la década de 1970 fueron un período de agitación global, marcado por movimientos estudiantiles, la contracultura hippie y la renovación académica. En el seno de la Iglesia Católica, el Concilio Vaticano II (Concilio) había abierto un debate sobre la necesidad de adaptación a los tiempos modernos y una mayor participación de los laicos. Sin embargo, muchos jóvenes cristianos percibían una brecha entre las promesas del Concilio y la realidad de una Iglesia que, en su opinión, seguía siendo demasiado conservadora y alejada de las necesidades de los más vulnerables.

El narrador, un participante activo en los hechos, describe un ambiente de efervescencia intelectual y espiritual, donde jóvenes de diferentes grupos ligados a la Iglesia y a los centros de estudiantes se reunían en el marco de la “Pastoral Juvenil”. Impulsados por un deseo de “aggiornamento” – una puesta al día de la Iglesia – estos jóvenes decidieron manifestarse pacíficamente en la iglesia de Santa Teresa, un lugar céntrico y emblemático de Caracas.

La planificación del evento fue sencilla: asistir a una misa, pedir la palabra al sacerdote durante la homilía y leer una petición que expresara sus inquietudes y aspiraciones. Los volantes que pretendían distribuir, impresos en la Universidad Central de Venezuela (UCV), llevaban la firma “El Pueblo de Dios en Marcha”, una frase inspirada en los documentos del Concilio.

Sin embargo, la situación tomó un giro inesperado cuando los jóvenes se encontraron con que la misa de las 10:30 estaba reservada para los bomberos. Decidieron esperar la siguiente misa, mientras otros estudiantes y periodistas se congregaban en las cercanías. El párroco, Mons. Carrillo, fue advertido de la inminente manifestación por los periodistas, lo que le dio la oportunidad de reaccionar.

Al inicio de la misa, Mons. Carrillo sorprendió a los presentes al anunciar desde el púlpito: “Un grupo de hippies va a tomar la Iglesia”. Esta declaración, según el narrador, fue la génesis del término “toma”, que se popularizó en la época debido a los acontecimientos universitarios.

A pesar de la advertencia, los jóvenes decidieron continuar con su plan. Cuando terminó el evangelio, comenzaron a repartir sus volantes mientras el sacerdote, visiblemente asustado, se preparaba para la homilía. En ese momento, el sacerdote desapareció y Mons. Carrillo, sin esperar a ver qué ocurría, sacó un silbato y llamó a la policía, que previamente había sido convocada y oculta en la sacristía.

La intervención policial desencadenó un zafarranzo: gritos, salidas precipitadas de los feligreses, forcejeo por el micrófono y el arresto de los jóvenes participantes. Los detenidos fueron trasladados en los “camiones-jaulas” a Cotiza, una comisaría de Caracas. Algunos de los jóvenes lograron escapar durante el caos y se dedicaron a informar a la opinión pública sobre lo sucedido.

El narrador relata un incidente particularmente brutal: un compañero recibió un “rolazo” – un golpe con la empuñadura de un garrote policial – en el estómago, quedando tendido en el suelo. La foto del incidente, tomada por un reportero gráfico, fue publicada en la prensa y utilizada en afiches que los jóvenes distribuyeron en todo el país. La respuesta del gobernador de Caracas, el Arquitecto Guinand Baldó, a las críticas sobre el uso excesivo de la fuerza policial fue contundente: “Los ‘rolos’ de la policía no son para tocar flauta”.

Tras el arresto, los jóvenes intentaron buscar apoyo entre funcionarios del gobierno, explicando que no eran “tomistas” ni “comunistas”, sino simplemente jóvenes cristianos preocupados por el futuro de la Iglesia. Sin embargo, se encontraron con la indiferencia e incluso la hostilidad de algunos funcionarios, quienes les reprocharon su falta de alineamiento con el sistema.

La falta de cobertura mediática favorable llevó a los jóvenes a recorrer emisoras de radio para dar su versión de los hechos, pero ninguna les dio la oportunidad de hablar. Sin embargo, la noticia se difundió y, al final del día, familiares de los detenidos, periodistas, abogados y curiosos se congregaron en Cotiza.

El grupo de jóvenes, que se autodenominó “El Pueblo de Dios en Marcha”, continuó su campaña de sensibilización, distribuyendo afiches y buscando el apoyo de otros grupos cristianos y estudiantiles. Se enfrentaron a la oposición de algunos sectores del clero y de la jerarquía eclesiástica, pero también encontraron aliados que compartían sus inquietudes.

El narrador concluye que el evento de Santa Teresa fue un punto de inflexión en su vida y en su relación con la Iglesia. Les permitió comprender la complejidad de las estructuras de poder y la dificultad de promover el cambio desde dentro. Aunque “El Pueblo de Dios en Marcha” no se convirtió en un movimiento duradero, su legado perduró en la memoria de aquellos que participaron en él y en la lucha por una Iglesia más justa y comprometida con los más necesitados. La historia de Santa Teresa, según el narrador, es una lección sobre la importancia de cuestionar las narrativas oficiales y de buscar la verdad detrás de los hechos.

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