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Teherán Bajo Fuego: La Guerra Entra en una Fase Decisiva

Israel anuncia que esta oleada de ataques sobre la capital y otras ciudades iraníes abre una “nueva fase” en la contienda

Teherán Bajo Fuego: La Guerra Entra en una Fase Decisiva

Teherán ha soportado este viernes la oleada de bombardeos más intensa desde el inicio del conflicto con Israel y Estados Unidos, marcando una semana de hostilidades. Residentes de la capital iraní describen escenas de “infierno en la Tierra”, con explosiones masivas sacudiendo la megaurbe, hogar de más de 16 millones de personas. Los ataques, que comenzaron poco después de las 5:00 a.m. hora local, se extendieron a otras ciudades como Isfahán y Shiraz, aunque con menor intensidad.

Sevak, un residente de Teherán que trabaja en una agencia de viajes, relató la experiencia: “Eran las 5:30 de la mañana cuando nos despertamos. El este de Teherán estaba explotando; los aviones atacaban todos los cuarteles y comisarías y las bombas estallaban una tras otra. Los aviones volaban muy cerca, más bajo que en días anteriores”. Su casa, ubicada en Majidieh, un barrio tradicionalmente armenio, “temblaba” con cada explosión, pero afortunadamente sigue en pie. Otros residentes, como Pouya, un jubilado en Amirabad, confirman la constante presencia de explosiones en la ciudad.

La milicia Basij, asociada con la Guardia Revolucionaria, ha desplegado miembros en las calles, utilizando altavoces para dar consignas a la población y estableciendo puestos de control en varios barrios, según testimonios de residentes. Shirin, una estudiante de arte, describe la ciudad como “extremadamente vigilada, con presencia constante de fuerzas y puestos de control”.

Behrouz, otro residente, confirma la intensidad de los bombardeos, pero señala que se han concentrado en “centros estratégicos”, incluyendo el complejo del líder supremo, Ali Jameneí, en la calle Pasteur. El ejército israelí ha afirmado haber atacado un búnker subterráneo en esas instalaciones, donde, según informes, Jameneí se encontraba el pasado sábado durante un bombardeo anterior. Medios israelíes reportan la muerte de Ali Asghar Hejazi, el influyente jefe de gabinete de Jameneí, en el ataque de este viernes.

Antes de atacar el complejo de Jameneí, el ejército israelí anunció el inicio de una “amplia oleada” de bombardeos sobre Teherán, dirigida a la “infraestructura del régimen”, marcando una “nueva fase” en la guerra. El Instituto de Estudios de la Guerra (ISW) de Estados Unidos cree que esta nueva fase se centrará en atacar los activos industriales de defensa iraníes, especialmente las instalaciones de producción de misiles. El jueves, Israel ordenó el desalojo de las zonas industriales de Abbas Abad y Shenzar, donde, según el ISW, se encuentran bases industriales de defensa iraní.

Israel afirma haber inutilizado más de 300 lanzaderas de misiles balísticos iraníes desde el inicio de los ataques, y sostiene que sus bombardeos han destruido o degradado gravemente los sistemas de defensa aérea iraníes, decapitado su comando y control, y limitado su capacidad de contraatacar. El presidente Donald Trump ha declarado a CNN que la guerra con Irán “va mejor y más rápido de lo esperado”, y en su red social Truth, ha insistido en que “no habrá acuerdo con Irán salvo rendición incondicional”.

Sin embargo, Eldar Mamedov, investigador del Quincy Institute, recalca que “Irán está resistiendo por ahora”, y que ha aprendido de la guerra anterior con Israel y Estados Unidos en junio de 2025, descentralizando el mando de las operaciones militares y facultando a los comandantes para tomar decisiones de forma autónoma. Mamedov cree que Irán sigue tratando de “infligir costes tales a Estados Unidos que retroceda y se conforme con llegar a un compromiso”, concentrando sus ataques en los países del Golfo Pérsico que albergan bases militares estadounidenses.

La estrategia iraní, según Mamedov, busca “obligar a Emiratos Árabes Unidos, Qatar y los saudíes a influir en Trump para que detenga la guerra, al mismo tiempo que ejercen presión sobre la economía global aumentando los precios del petróleo, la inflación y los tipos de interés”. Aunque no está claro si esta estrategia tendrá éxito, Mamedov considera que el principal factor que podría cambiar el rumbo de la guerra es que Irán lograra causar “muchas bajas” entre los militares estadounidenses. Hasta el momento, se han reportado seis bajas estadounidenses y más de 1.332 víctimas en Irán, según la agencia semioficial Fars.

La situación ha generado inquietud entre los países productores de petróleo del Golfo. El ministro de Energía de Qatar, Saad al Kaabi, advirtió al Financial Times que, si se ve obligada a detener su producción, el crudo podría alcanzar los 150 dólares el barril. El precio actual del crudo se sitúa en torno a los 81 dólares.

Entre el sábado y el jueves, Irán lanzó al menos 263 ataques de represalia en 14 países, incluyendo todos los productores de crudo del Golfo, según datos del observatorio de conflictos ACLED. En el mismo período, Estados Unidos e Israel atacaron Irán al menos 398 veces. Teherán es la provincia más afectada, junto con otras del centro, el oeste y el sur de Irán, donde se concentran numerosas instalaciones de producción de misiles.

Emiratos Árabes Unidos ha asegurado haber interceptado nueve misiles balísticos y 109 drones procedentes de Irán. Teherán también atacó con dos aparatos no tripulados una base militar estadounidense cerca de Erbil, en Irak. En Israel, las sirenas de alerta de drones sonaron en Cisjordania, los Altos del Golán y el norte del país. Fragmentos de metralla de un misil interceptado en Givatayim, Israel, hirieron levemente a una mujer y dañaron dos edificios.

En medio del caos, la vida cotidiana en Teherán continúa, aunque marcada por el miedo y la incertidumbre. Sevak describe una “paradójica mezcla entre estampas de vida cotidiana y escenas de bombardeos y explosiones”. Los supermercados y la compra en línea siguen funcionando gracias a la Intranet iraní, pero el constante estruendo de los aviones y los puestos de control de las fuerzas de seguridad sumen a la población en el miedo.

El agua, la electricidad y el gas siguen fluyendo, y las tiendas no están desabastecidas, pero los precios se han disparado. Mehdi, un experto en gestión industrial, afirma que Teherán no tiene problemas con los alimentos básicos, aunque es “un poco difícil conseguir agua embotellada”. Algunos restaurantes incluso siguen abiertos.

Muchos residentes han decidido huir de la ciudad. Nagmeh relata que ella y su familia se fueron a Sari debido a la intensificación de los bombardeos, encontrando numerosos puestos de control en el camino. “Yo estaba muy estresada, pero solo nos hicieron preguntas sobre de dónde veníamos y a dónde íbamos. En cuanto vi que se llevaban los teléfonos y los revisaban, borré todo lo que tenía sobre opositores al régimen y noticias en el extranjero”, relata.

Otros no pueden huir, como Nazanín, cuya hija pequeña “tiene mucho miedo” al oír las explosiones, pero que no tiene a dónde ir. En Isfahán, la ingeniera informática Nasrin asegura que los ciudadanos “maldicen a su régimen” por esta guerra de la que “son los únicos responsables”. La situación sigue evolucionando rápidamente, y el futuro de Irán y la región pende de un hilo.

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