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Un nuevo y exhaustivo estudio revela que el consumo de cannabis durante la adolescencia duplica el riesgo de desarrollar trastornos psicóticos y bipolares, y aumenta significativamente las posibilidades de sufrir depresión y ansiedad en la edad adulta temprana. La investigación, publicada a fines de febrero en JAMA Health Forum y realizada por universidades californianas en colaboración con instituciones médicas, analizó los registros de casi medio millón de adolescentes de entre 13 y 17 años durante un período de siete años, entre 2016 y 2023. Los hallazgos, que refuerzan la creciente preocupación sobre los efectos del cannabis en el cerebro en desarrollo, llegan en un momento en que la legalización y comercialización de la marihuana están en aumento en varios países.
El estudio longitudinal, que dio seguimiento a 463.396 adolescentes hasta los 26 años a través de visitas pediátricas rutinarias, encontró que aquellos que reportaron haber consumido cannabis en el último año de la adolescencia presentaban un riesgo dos veces mayor de ser diagnosticados con trastornos psicóticos o bipolares. Además, se observó un aumento “significativamente” mayor en la probabilidad de desarrollar depresión o ansiedad en comparación con sus compañeros que no habían consumido cannabis. Un dato alarmante es que, en promedio, los adolescentes que consumieron cannabis y posteriormente fueron diagnosticados con un trastorno psiquiátrico, lo fueron entre 1,7 y 2,3 años después del inicio del consumo.
Kelly Young-Wolff, autora principal del estudio, enfatiza la importancia de estos resultados: “Incluso después de tener en cuenta condiciones de salud mental previas y el uso de otras sustancias, los adolescentes que dijeron consumir cannabis tenían un riesgo sustancialmente mayor de desarrollar trastornos psiquiátricos”. Young-Wolff subraya la necesidad urgente de que padres e hijos tengan acceso a información precisa y basada en evidencia sobre los riesgos asociados al consumo de cannabis.
Lynn Silver, directora del programa Getting it Right from the Start del Instituto de Salud Pública y coautora del estudio, advierte sobre el contexto actual: “A medida que el cannabis se vuelve más potente y se comercializa de forma más agresiva, este estudio muestra que su consumo en adolescentes se asocia con el doble de riesgo de trastornos psicóticos y bipolares, dos de las condiciones de salud mental más graves”. Silver destaca que el diseño longitudinal del estudio proporciona una evidencia sólida que respalda la idea de que la exposición al cannabis en la adolescencia es un factor de riesgo potencial para el desarrollo de enfermedades mentales.
Este estudio se suma a una creciente cantidad de investigaciones que vinculan el consumo de marihuana con problemas de salud mental. Un estudio de 2024, por ejemplo, ya había señalado que la relación entre el consumo de marihuana y los trastornos psicóticos era mayor de lo que se pensaba. Lo que diferencia a este nuevo estudio es su enfoque en cualquier consumo de cannabis reportado en el último año, detectado a través de pruebas universales a adolescentes durante la atención pediátrica estándar, en lugar de limitarse al consumo intensivo o al trastorno por consumo de cannabis. Esto permite una visión más amplia y precisa del impacto del cannabis en la salud mental de los adolescentes.
La prevalencia del consumo de cannabis entre los adolescentes estadounidenses es motivo de preocupación. Según el estudio ‘Monitoring the Future’, el consumo aumenta con el nivel escolar, pasando de un 8% en 8º grado (13-14 años) a un 26% en 12º grado (17-18 años). La Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud de 2024 revela que más del 10% de los adolescentes de 12 a 17 años ha consumido cannabis en el último año.
La potencia del cannabis disponible en el mercado también es un factor preocupante. En California, los niveles promedio de THC, el principal componente psicoactivo del cannabis, superan ahora el 20%, una cifra significativamente más alta que en décadas anteriores. Los concentrados de cannabis pueden incluso superar el 95% de THC, lo que aumenta aún más el riesgo de efectos adversos, especialmente en cerebros en desarrollo.
La situación varía en otros países. En México, una encuesta reciente presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum muestra que, si bien el consumo experimental de drogas ilegales ha aumentado entre los adultos, ha disminuido entre los adolescentes, con una reducción en el consumo de cannabis del 5,3% al 3,7%. Sin embargo, la legalización parcial del cannabis en Alemania está generando debate político. El partido del canciller Friedrich Merz votará mañana sobre la cuestión, una moción que podría generar tensiones con su socio de coalición, el SPD.
Estos hallazgos tienen implicaciones importantes para la salud pública y la política de drogas. La creciente legalización y comercialización del cannabis, combinada con su creciente potencia, exige una mayor conciencia sobre los riesgos asociados a su consumo, especialmente entre los adolescentes. Es fundamental que los padres, los educadores y los profesionales de la salud estén informados sobre estos riesgos y puedan proporcionar a los jóvenes información precisa y basada en evidencia para que tomen decisiones informadas sobre su salud. Además, se necesitan políticas públicas que regulen la comercialización del cannabis y protejan a los adolescentes de sus efectos nocivos. La salud mental de las futuras generaciones podría depender de ello.


