Una narconómina atribuida a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha sido descubierta, revelando una red intrincada de ingresos millonarios, sobornos a autoridades y gastos operativos que abarcan varios municipios de Jalisco. Los documentos, hallados en una cabaña utilizada como refugio por el líder criminal, detallan la magnitud del poderío financiero y la influencia corrupta del CJNG, exponiendo una estructura de control y cooptación que alcanza a diversos niveles del gobierno y las fuerzas de seguridad.
La información, obtenida por El Universal, proviene de registros elaborados tanto a mano como en computadora, que describen el control del grupo criminal en Tapalpa y localidades aledañas, incluyendo Villa Purificación, San Gabriel, Chiquilistlán, Casimiro Castillo, Sayula, Cuautitlán, Mascota, Atenguillo y Mixtlán. Estos documentos no solo detallan las ganancias obtenidas a través de la venta de drogas, sino también los pagos realizados a funcionarios de la Fiscalía General de la República, militares, policías municipales e incluso hackers, evidenciando una estrategia sistemática de corrupción para garantizar la impunidad y el control territorial.
La narconómina revela una contabilidad meticulosa de los gastos del CJNG, que incluyen desde alimentos y ayuda a la población local, hasta gasolina y renta de inmuebles utilizados como bases de operaciones. Los ingresos se derivan principalmente de la venta de cristal, marihuana, fentanilo y droga introducida en cárceles, lo que demuestra la diversificación de las actividades ilícitas del cártel.
Un documento particularmente revelador, fechado el 1 de diciembre de 2025, registra un gasto de $17.449 atribuido a Hugo César Macías Ureña, alias “El Tuli”, quien fungía como operador financiero del grupo. Macías Ureña fue abatido por elementos del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional el pasado 22 de febrero en Autlán de Navarro, lo que sugiere que las autoridades ya estaban siguiendo su rastro y recopilando información sobre las finanzas del CJNG.
Además de “El Tuli”, la narconómina menciona a otros operadores clave del cártel, como Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, alias “El Sapo”; Luis Miguel Pelayo, alias “El Meño”; Francisco Javier Gudiño Haro, alias “La Gallina”; y Jesús Ambriz Cano, alias “El Yogurt”, cada uno de ellos asociado a montos específicos de gastos y transacciones financieras.
Otro documento de diciembre de 2025 detalla pagos específicos a miembros de las fuerzas de seguridad, incluyendo “más de $37.800 pago GN Mich Picten” (Guardia Nacional Michoacán, Picten), “$4.360 GN Autlán” y “$1.163 Guachito pasa datos”, lo que sugiere la existencia de una red de informantes y colaboradores dentro de las instituciones gubernamentales.
La narconómina también revela gastos en dólares, incluyendo $2.000.000 destinados a un individuo identificado como “Mono Flako”, $600.000 en “regalos de nietos” y $98.000 para una persona identificada como “Güereja”. Estos gastos, aunque aparentemente menores en comparación con los sobornos a funcionarios, sugieren la existencia de una red de favores y beneficios que se extiende a familiares y allegados de los líderes del cártel.
En diciembre de 2025, el CJNG reportó ingresos superiores a los 8 millones de pesos, equivalentes a más de $465.000, provenientes de la venta de marihuana, cocaína, metanfetamina y fentanilo. Además, el cártel obtuvo ingresos adicionales a través de la operación de máquinas tragamonedas en Tapalpa, lo que demuestra su capacidad para diversificar sus fuentes de financiamiento y lavar dinero a través de negocios aparentemente legítimos.
El mantenimiento de la estructura criminal en Tapalpa durante ese mismo mes costó $80.749, incluyendo pagos a la policía local, aunque los destinatarios específicos no fueron identificados en el documento. La narconómina también revela que en Tapalpa operaban entre 30 y 32 halcones, encargados de vigilar el territorio y alertar sobre la presencia de autoridades, así como 26 pistoleros, identificados como “muchachos de choke”, responsables de ejecutar las operaciones violentas del cártel.
Los gastos operativos en Tapalpa incluyeron gasolina, renta de una base para vigilancia, oficina para el grupo armado, despensas, reparaciones mecánicas y gastos generales, lo que demuestra la complejidad y el costo de mantener una presencia criminal permanente en la región.
La documentación también menciona pagos a policías de Atemajac de Brizuela y Chiquilistlán, municipios vecinos de Tapalpa, lo que sugiere que la influencia corrupta del CJNG se extiende a una amplia zona geográfica.
El descubrimiento de esta narconómina representa un golpe significativo para el CJNG, ya que expone sus operaciones financieras y su red de corrupción. Sin embargo, también plantea serias interrogantes sobre la capacidad del Estado mexicano para combatir la delincuencia organizada y garantizar la seguridad de sus ciudadanos. La investigación de estos documentos y el enjuiciamiento de los responsables de los actos de corrupción revelados serán cruciales para desmantelar la estructura del CJNG y restaurar el estado de derecho en Jalisco y otras regiones del país. La transparencia en la investigación y la rendición de cuentas de los funcionarios involucrados serán fundamentales para recuperar la confianza de la población y fortalecer las instituciones democráticas.

