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Valencia Desafía la Novela Corta: Un Viaje Épico por el Siglo XX

Los lazos del escritor ecuatoriano Leonardo Valencia con Perú tienen raíces fuertes. Aquí consolidó su vocación y su actualidad no es menos que auspiciosa. Por ejemplo, su última novela, "La escalera de Bramante", lo ha posicionado como uno de los autores hispanoamericanos más relevantes del presente siglo. Valencia sabe y habla claro.

Valencia Desafía la Novela Corta: Un Viaje Épico por el Siglo XX

La novela total renace.

La novela “La escalera de Bramante”, del escritor ecuatoriano Leonardo Valencia, se ha consolidado como uno de los proyectos novelísticos más sólidos del panorama hispanoamericano actual, desafiando las tendencias hacia la brevedad y el minimalismo que dominaron el debate literario en años recientes. Publicada originalmente en 2019 por Seix Barral, la obra de más de 600 páginas experimentó una revitalización a mediados de 2022, posicionándose como un referente de la “novela total” en un momento en que su existencia misma era cuestionada. Valencia, quien residió en Perú durante la década de los noventa, prepara ahora una nueva publicación con una editorial peruana para 2026, reafirmando su conexión con el país andino.

La novela entrelaza las vidas de tres personajes centrales: Kurt Landor, un artista alemán; y los jóvenes ecuatorianos Álvaro Abugatás y Raúl Coloma. A través de sus experiencias, Valencia explora los traumas del siglo XX, no como un ejercicio de reconstrucción histórica, sino como una indagación sobre el papel del arte en contextos marcados por la desesperación y el fanatismo. Landor, en particular, se presenta como una figura radical, mientras que Álvaro y Raúl se ven arrastrados por una actitud fanática que se va construyendo a lo largo de la narración.

En una entrevista reciente, Valencia reflexionó sobre la pertinencia de abordar el siglo XX como la era de los fanatismos, citando las dos guerras mundiales como ejemplos paradigmáticos. “Mis personajes viven el mundo de la posguerra,” explicó el autor. “Ese mundo delirante no iba a cambiar de un día para otro después del armisticio. Se arrastraron por décadas fantasmas de carne y hueso de esos conflictos y de espacios mentales y familiares todavía turbados por esa locura histórica, de la que nadie escapó. Ni siquiera en el extremo occidente que es Latinoamérica.”

La novela no se limita a una mera representación de eventos históricos; Valencia busca explorar la compleja relación entre la vocación artística y la posibilidad de transformar el mundo. La trama incorpora elementos de espionaje, guerrillas y personajes consumidos por el fanatismo, pero el autor se resiste a interpretar la obra como una simple metáfora. “Desconfío de la novela como metáfora,” afirmó. “Creo que hablo literalmente del complejo camino de la vocación artística y de los círculos delirantes que rodean incluso al artista encerrado en una torre de marfil. Frente a ese fanatismo, la amistad es un recurso secreto e incomprendido. La discreción de la amistad es algo inaudito, y salva vidas.”

El resurgimiento de “La escalera de Bramante” ha coincidido con un renovado interés en la “novela total”, un concepto que se creía en desuso. Valencia, sin embargo, se muestra escéptico ante los debates estéticos. “Me preocupan poco las cotizaciones al alza o a la baja de cierto tipo de novelas, sean totales o minimalistas, o lo de la microficción,” declaró. “A veces creo que se arman debates porque no hay ideas de fondo y lo que se quiere defender es tal novela o autor. La novela siempre ha sido potencialmente inmensa, larga, compleja, desde Gargantúa y Pantagruel a Casa desolada, Los inconsolables, El atlas de las nubes o Solenoide, y eso le da particularidades en las que hay que detenerse, como cuando se lee un poema. Solo que la prosa lanza al lector siempre hacia adelante y lo hace abandonar el recorrido.”

El autor enfatiza la importancia de la participación activa del lector en la experiencia de la lectura. “Ante novelas de gran envergadura, el lector tiene que poner de su parte. Esa es igualmente la riqueza de la novela: el viaje con el lector. Se necesitan lectores que remonten lo leído, que lean una novela como si fuera un poema y sepan reconocer su puesta en página. Solo entonces se captará la verdadera dimensión de su lenguaje. En este sentido, La escalera de Bramante no es total, sino tonal. He querido que resuenen distintos tipos de lenguaje, procedimientos, espacios, tiempos.”

Un personaje clave en la novela es Dora Lerner, una sobreviviente de un campo de concentración, cuya presencia perturba a Landor, quien intenta retratarla. Este episodio refleja la imposibilidad de capturar la realidad a través del arte. “El retrato que le quiere hacer Landor, sorprendido por los ojos de distintos colores de Dora, se relaciona con la imposibilidad de intentar cualquier retrato de la realidad. También la ficción extiende sus brazos para abrazar algo que se le escapa. Pero pretender que el lenguaje alcance o trasmita la realidad es una ficción más extrema que la misma ficción.”

El título de la novela hace referencia a la famosa escalera diseñada por el arquitecto italiano del Renacimiento Donato Bramante, cuya réplica se encuentra en Quito. Valencia comenzó a escribir “La escalera de Bramante” en 2008, tras la publicación de “Kazbek”, y la completó en 2017. El proceso creativo fue largo y complejo, marcado por la búsqueda de puentes entre su experiencia ecuatoriana y europea. “Curiosamente, quería escribir una novela sobre mis años en Perú, pero fracasé en todos los intentos. Luego descubrí que cada tema tiene su tiempo y su forma, y conviene escuchar y aceptar sus propios ritmos. De hecho, en La escalera Quito es el eje ecuatoriano, los Andes, y no Guayaquil.”

La muerte de su padre y el redescubrimiento de su colección de música ecuatoriana fueron momentos cruciales en la gestación de la novela. “Luego de que mi padre murió, me llevé a Barcelona una caja de discos de música ecuatoriana que él tenía y que siempre escuchaba. Cuando escuché esos discos, algo se despertó y tendí el puente. Mi padre era serrano, de Cuenca, y yo había vivido unos años en Quito. Así empezó todo. No sospechaba que poco después de terminarla, volvería a vivir a Quito luego de 25 años fuera de Ecuador. La escalera debía ser una novela tan breve como Kazbek, que apenas tiene cien páginas, pero mientras la escribía no me gustó la idea de repetirme y dejé que avanzara. El problema no era escribir, sino salir de ese laberinto descomunal que tuve que comprimir. Es la novela que más he comprimido. La veo breve, brevísima.”

Valencia reconoce la importancia de la tradición literaria ecuatoriana, pero subraya la necesidad de una actitud crítica y selectiva. “Hay que tomar lo que te alimenta, desafía y enriquece. Lo demás es demagogia. Lo cierto es que desde fines del siglo XX nuestra novela ha crecido mucho y está en un buen momento.”

El autor también destaca la influencia del ensayo en su estilo narrativo. “Creo que toda novela es un ensayo. Incluí en mi novela varios ensayos sobre la obra pictórica de Landor. Parece la parte más seria, pero me divertí mientras escribía. Y cuando escribo ensayo trabajo como novelista, me importa el lenguaje, el ritmo, las modulaciones de estilo, el arco narrativo.”

En cuanto a las posibles influencias de Mario Vargas Llosa, especialmente de “Conversación en La Catedral”, Valencia reconoce el desafío que planteó la obra del escritor peruano. “Le debo el desafío. Siempre lamenté que Conversación en La Catedral termine luego de la despedida agria entre Santiago Zavala y Ambrosio. Me faltaba una conversación adicional. Así que, en La escalera, al diálogo de base que tienen en Quito Álvaro y Raúl porque este último está perdiendo la memoria, amplié otra posterior, entre Álvaro y Kazbek, cuando Raúl pierde por completo la memoria y enmudece. Este segundo diálogo lo ubiqué en otro tiempo y en otro espacio, en Barcelona. Esos dos diálogos conectan con el tercer plano de Landor con sus propias obsesiones y su mujer. Una especie de nudo borromeo que las enlaza. Si uno cae, caen todos.”

Los años que Valencia pasó en Perú fueron fundamentales para su formación literaria. “Perú fue decisivo. Aproveché y leí su tradición literaria sin ninguna ansiedad nacionalista o local, sin preocupaciones por defender ninguna postura. Aunque viví a mediados de los noventas, que tuvo su horror por el terrorismo, quiero quedarme con haber sido testigo de un maravilloso siglo XX de la literatura peruana, que empezó en César Vallejo y continuó con una decena de poetas únicos, así como varios novelistas talentosos desde que se publicó Los ríos profundos de Arguedas. También pesó que, a mis veinte años, cuando viví en Lima, haya encontrado lo que Virginia Woolf llamó una habitación propia. Fue una buena coincidencia salir de mi casa familiar y de mi país, e instalarme a vivir solo en el momento que me volcaba a escribir en serio.”

Valencia expresa su admiración por la “escritura del desierto” en la literatura peruana, caracterizada por la estética del despojamiento y un particular sentido del humor. Menciona especialmente la obra del poeta Mario Montalbetti, a quien considera un crítico implacable de la novela mediocre. “Montalbetti es muy crítico con la novela, las malas, las de concesión. Yo creo que en la novela también el lenguaje puede desplegarse en toda su plenitud y complejidad, y a veces más que en la poesía.”

A pesar del reconocimiento que ha recibido “La escalera de Bramante”, Valencia se muestra modesto. “Sigo invicto. No tengo ningún premio literario.” Su próximo libro, que publicará con la editorial peruana Personaje Secundario, promete ser una narración de la memoria que se inicia en el desierto de Ica y se remonta a sus experiencias en Ecuador y Perú. “Queda atrás la noche sin respuesta es una narración de la memoria que arranca precisamente en el desierto de Ica, en Samaca, en una huaca al lado del río Ica. Pero se remonta a mi vida en Ecuador, y a todo lo que me terminó llevando a Lima, de lo contrario no se podría entender lo que significó el Perú para mí. Además de lanzarlo en Lima, iré a presentarlo en la biblioteca Abraham Valdelomar, en el oasis de Huacachina. Además de que quiero volver a la huaca junto al río.”

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