El Perú se prepara para enfrentar un nuevo episodio de El Niño Costero, con pronósticos de inicio en marzo y duración hasta noviembre. Aunque las primeras estimaciones sugieren un impacto menor al devastador evento de 2017, la posibilidad de que el fenómeno se intensifique a un nivel moderado en julio ha encendido las alarmas en las autoridades y la población, especialmente en las regiones norteñas del país. La Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) ha confirmado el incremento de la temperatura del mar, un indicativo clave del desarrollo de este fenómeno climático.
El ingeniero Luis Vásquez, vocero del ENFEN, explicó a RPP que el aumento de la temperatura oceánica generará una mayor humedad en la atmósfera, lo que se traducirá en lluvias más intensas de lo normal en la costa norte. “Uno de los indicios es que el incremento de la temperatura ya se viene registrando. El Niño comenzará en marzo con una condición débil; las lluvias normales se verán incrementadas con este fenómeno porque hay más humedad en la atmósfera, y se registrarán precipitaciones superiores a las normales”, señaló Vásquez. Sin embargo, el especialista se mostró cauteloso, indicando que es poco probable que se repita la magnitud de la tragedia de 2017, que dejó un saldo de 162 fallecidos y 500 heridos, según datos del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci).
A pesar de esta relativa tranquilidad, la situación actual es preocupante. Las lluvias persistentes de las últimas semanas ya han causado estragos en diversas regiones del país, especialmente en la sierra, con un saldo de 59 fallecidos, más de 6,000 damnificados y cientos de viviendas destruidas o inhabitables, según el último reporte del Indeci. Este panorama sombrío alimenta el temor de que la llegada de El Niño Costero agrave aún más la crisis, especialmente en las zonas costeras más vulnerables.
Las regiones de Piura, Tumbes y Lambayeque se perfilan como las más afectadas por el impacto de El Niño Costero. En el sur del país, el impacto se espera sea menor, aunque no despreciable. En Lambayeque, la ciudad de Chiclayo, una de las más golpeadas por el fenómeno en 2017, vive con preocupación la posibilidad de nuevas inundaciones y el colapso de la infraestructura de alcantarillado. Cerca de 400 vecinos de la urbanización Los Mochicas han expresado su temor a revivir los momentos críticos de hace seis años.
El alcalde de la provincia de Ferreñafe, Polanski Carmona, ha hecho un llamado urgente al gobierno central para solicitar apoyo ante el riesgo que enfrentan cerca de 30,000 pobladores de la zona. El incremento del caudal de los ríos y la activación de quebradas son motivo de gran preocupación, y el alcalde teme que la situación se vuelva aún más crítica con la llegada de El Niño Costero.
En Trujillo, otra ciudad que ha sufrido los embates de este fenómeno, Gerardo Reyes, vecino y teniente alcalde de la zona de Mampuesto, ha instado a las autoridades a actuar con rapidez y elaborar un plan de contingencia que proteja a la población. Reyes recordó que en 2023 se registraron 8,000 damnificados en la ciudad, y advirtió que es fundamental evitar que se repita una situación similar.
Ante este escenario, el ENFEN ha anunciado que continuará monitoreando de cerca las condiciones oceánicas y atmosféricas, y que emitirá nuevos informes a través de sus canales oficiales. La coordinación entre las autoridades a nivel nacional, regional y local, así como la participación activa de la ciudadanía, serán cruciales para enfrentar este desafío y minimizar los impactos negativos de El Niño Costero.
La experiencia de años pasados ha demostrado que la prevención y la preparación son fundamentales para reducir la vulnerabilidad de la población. Es necesario fortalecer la infraestructura de defensa fluvial, mejorar los sistemas de alerta temprana, y garantizar el acceso a servicios básicos como agua potable, saneamiento y atención médica para las comunidades más afectadas. Además, es fundamental promover la educación y la sensibilización de la población sobre los riesgos asociados a El Niño Costero, y fomentar la adopción de medidas de autoprotección.
La llegada de El Niño Costero no es una sorpresa. Los científicos han estado advirtiendo sobre la posibilidad de su desarrollo durante meses. Sin embargo, la falta de inversión en infraestructura y la lentitud en la implementación de medidas preventivas han dejado al país vulnerable a los impactos de este fenómeno climático. Es hora de que las autoridades tomen cartas en el asunto y prioricen la protección de la vida y la seguridad de la población.
En un contexto ya marcado por las consecuencias de las lluvias intensas, la llegada de El Niño Costero representa un desafío adicional para el Perú. La situación es especialmente preocupante para las comunidades más vulnerables, que ya han perdido sus hogares, sus medios de vida y, en algunos casos, a sus seres queridos. Es fundamental que el gobierno central y los gobiernos regionales trabajen en conjunto para brindar asistencia humanitaria a estas comunidades y garantizar su recuperación.
La historia de Milan, un niño que lucha contra el cáncer de retina y se enfrenta a un sistema de salud debilitado, es un recordatorio de que la crisis actual va más allá de los desastres naturales. La falta de recursos y la precariedad de los servicios públicos afectan a los sectores más vulnerables de la población, y es necesario abordar estos problemas de manera integral para construir un país más justo y equitativo. La atención a la salud, la educación y la protección social deben ser prioridades para el gobierno, especialmente en momentos de crisis.


