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Caputo apuesta todo a un "blanqueo" millonario: ¿Rescate o espejismo?

El equipo económico calcula que el nuevo régimen aportará las divisas necesarias para tener un flujo activo. Mientras el mercado exige una salida voluntaria a la deuda para despejar dudas de solvencia, el ministro apunta a las Alycs para captar los ahorros del "colchón". Leer más

Caputo apuesta todo a un "blanqueo" millonario: ¿Rescate o espejismo?

El Gobierno nacional deposita sus esperanzas en la Ley de Inocencia Fiscal para aliviar la presión sobre las reservas del Banco Central y afrontar los vencimientos de deuda en moneda extranjera. La estrategia, liderada por el ministro de Economía, Luis Caputo, se basa en la expectativa de que un flujo de USD 15.000 millones provenientes del sector privado se sume al sistema financiero, financiando así la transición económica y manteniendo la estabilidad cambiaria sin recurrir a tasas elevadas en el mercado internacional.

Esta proyección, confirmada por fuentes gubernamentales, adquiere relevancia en un contexto donde el Banco Central necesita urgentemente acumular reservas netas para cumplir con un calendario de vencimientos de deuda considerable. La idea central es que el “blanqueo permanente” de los dólares no declarados impulse la oferta de divisas en el mercado, permitiendo al gobierno administrar los pagos y evitar una devaluación abrupta. Sin embargo, altos funcionarios del Palacio de Hacienda se abstuvieron de realizar cálculos específicos ante las consultas de este medio.

La estrategia de Caputo se complementa con la búsqueda de una emisión de deuda internacional, aunque el gobierno manifiesta su intención de reducir la dependencia de Wall Street. Interlocutores cercanos al equipo económico aseguran que no se prevé una salida inminente al mercado de capitales, a pesar de las especulaciones existentes. El plan A se enfoca en la administración de pasivos a través de operaciones de swaps, repos y canjes locales, utilizando los dólares provenientes del blanqueo como un “combustible” para mantener la brecha cambiaria controlada y garantizar los pagos.

La urgencia se hace evidente al considerar los vencimientos de deuda que se avecinan. Según cálculos de la consultora Eco Go, el gobierno necesita USD 4.200 millones en julio para afrontar un pago a los bonistas, y un total de USD 8.167 millones en los primeros seis meses de 2026. La preocupación radica en que el financiamiento de corto plazo pueda agravar los vencimientos futuros, sin un respaldo sólido de reservas netas en el Banco Central. Desde la City, se considera crucial una emisión de deuda voluntaria antes de mediados de año, ya que validaría el modelo económico y disiparía las dudas sobre la solvencia del país a largo plazo.

Para incentivar la salida de los fondos de las cajas de seguridad y su reinversión en el circuito productivo o financiero, el gobierno ha diseñado el Régimen Simplificado de Ganancias, que funciona como un “tapón fiscal”. Este régimen permite a los contribuyentes con ingresos anuales menores a $1.000 millones y patrimonio inferior a $10.000 millones depositar o utilizar dinero no declarado sin que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) investigue su origen retroactivamente.

El atractivo principal para los contribuyentes es el “borrón y cuenta nueva”: al adherirse al régimen, el fisco renuncia a la facultad de investigar o reclamar impuestos sobre esos fondos, siempre y cuando no provengan de actividades ilícitas como lavado de dinero o narcotráfico, que siguen siendo objeto de investigación por parte de la Unidad de Información Financiera (UIF). Según datos de ARCA, la respuesta inicial al régimen ha sido positiva, con más de 23.000 inscriptos hasta el momento.

Con el marco legal establecido, el ministro Caputo se reunió en días consecutivos con representantes de las principales Administradoras de Fondos de Inversión (Alycs) en el Palacio de Hacienda. El mensaje del funcionario fue claro: el gobierno necesita que el mercado de capitales cree “instrumentos novedosos” para canalizar esos dólares. La intención es evitar que el dinero quede inmovilizado en cuentas a la vista y, en cambio, se transforme en crédito privado, financiamiento para empresas o compra de activos que contribuyan a sostener la paridad de los bonos.

El propio Caputo promovió la estrategia en sus redes sociales con un tono optimista: “Ahora sí, todos a llevar sus ahorros al banco”, escribió. En el mismo mensaje, afirmó que esta medida “aceleraría fuertemente el crecimiento económico”, permitiría “bajar más rápidamente impuestos”, mejorar la competitividad y elevar los salarios. “Todo beneficio!”, concluyó, en un intento por contagiar su optimismo a un sector privado que aún se muestra cauteloso y realiza sus propios cálculos.

Sin embargo, la estrategia no está exenta de dudas. Wall Street se muestra escéptico sobre la capacidad de la reforma para romper el umbral psicológico del riesgo país y espera ver los resultados concretos de la estrategia financiera de Caputo. La preocupación central es que el blanqueo de capitales no genere un impacto significativo en las reservas del Banco Central y que el gobierno termine dependiendo de financiamiento de corto plazo que agrave los problemas de deuda en el futuro. La viabilidad del plan económico de Caputo dependerá, en última instancia, de la confianza que logre generar en el mercado y de la capacidad de atraer dólares del exterior para sostener la estabilidad económica del país. La administración de pasivos mediante swaps, repos y canjes locales, junto con los dólares del blanqueo, se presenta como una estrategia compleja y arriesgada, que requiere una ejecución impecable para evitar un escenario de crisis.

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