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Chatbots IA: La Amenaza Silenciosa Que Roba la Infancia

Especialistas advierten sobre impactos en la privacidad, la salud emocional y el acceso a contenidos inapropiados ante el uso creciente de chatbots de IA por parte de menores.

Chatbots IA: La Amenaza Silenciosa Que Roba la Infancia

El auge de los chatbots de inteligencia artificial (IA) ha alcanzado a una población cada vez más joven, generando una creciente preocupación entre especialistas en ciberseguridad y desarrollo infantil. Herramientas como ChatGPT, con cientos de millones de usuarios activos semanales a nivel global, están siendo utilizadas por niños, niñas y adolescentes en proporciones alarmantes – un estudio británico de julio de 2025 reveló que el 64% de los menores ya interactúa con estas plataformas. Este fenómeno ha desatado un debate crucial sobre los potenciales impactos en la privacidad, la salud emocional y el acceso a contenidos inapropiados de los menores.

Desde la empresa de ciberseguridad ESET, se advierte que el uso frecuente de chatbots por parte de menores plantea desafíos significativos que exigen una supervisión adulta proactiva y consciente. Martina López, Investigadora de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica, enfatiza la urgencia de abordar estas preocupaciones: “Están surgiendo preocupaciones legítimas en materia de seguridad, privacidad y psicología debido al uso frecuente de esta tecnología por parte de los más jóvenes. Como adultos responsables, no se puede dar por sentado que todos los proveedores de plataformas cuentan con medidas eficaces de seguridad y privacidad adecuadas para los infantes”.

La popularidad de los chatbots entre los jóvenes se debe, en parte, a su versatilidad. Muchos menores los utilizan como herramientas de apoyo escolar, buscando respuestas a tareas o aclarando dudas sobre diferentes temas. Sin embargo, su uso se extiende más allá del ámbito académico, convirtiéndose para algunos en un espacio de consulta personal e incluso en una forma de compañía digital. Es precisamente en este último aspecto donde los especialistas advierten los mayores riesgos psicológicos y sociales.

Los chatbots están diseñados para ofrecer respuestas empáticas y adaptadas al usuario, una característica que, si bien puede ser útil en ciertos contextos, podría ser perjudicial para niños y adolescentes que atraviesan etapas de especial vulnerabilidad emocional. La capacidad de la IA para reforzar creencias erróneas o amplificar problemáticas personales puede tener consecuencias negativas en su desarrollo. Además, el uso excesivo de chatbots puede afectar la interacción social presencial y el tiempo dedicado a actividades escolares o familiares, limitando su capacidad para desarrollar habilidades sociales cruciales.

Otro foco de preocupación importante es la posibilidad de que los menores accedan a contenidos inapropiados. A pesar de que las plataformas incorporan filtros y mecanismos de moderación, estos no siempre resultan efectivos. Usuarios con conocimientos técnicos más avanzados pueden eludir las restricciones internas mediante instrucciones específicas, exponiéndose a material perjudicial. A esto se suma el riesgo de desinformación: respuestas incorrectas, pero formuladas con apariencia de certeza, pueden influir en decisiones relacionadas con la salud, las relaciones personales o incluso la visión del mundo de los jóvenes.

La seguridad de los datos personales también es un aspecto crítico. Si un menor comparte información personal o financiera en una conversación con un chatbot, estos datos pueden quedar registrados en los sistemas del proveedor. En caso de vulneraciones de seguridad, esta información podría ser accedida por terceros con fines maliciosos. La falta de mecanismos de verificación de edad robustos en algunas plataformas incrementa aún más la responsabilidad de padres, madres y cuidadores.

ESET ha identificado una serie de conductas que podrían indicar una relación poco saludable con los chatbots: aislamiento de actividades sociales o familiares, ansiedad ante la imposibilidad de acceder a la herramienta, referirse al chatbot como si fuera una persona real, repetir información incorrecta como si fuera un hecho comprobado, consultar reiteradamente sobre enfermedades graves o acceder a contenidos inapropiados sugeridos por la IA.

Luis Lubeck, vocero de Argentina Cibersegura, subraya la necesidad de abordar este problema de manera integral: “En muchas jurisdicciones, los chatbots de IA están restringidos a usuarios mayores de 13 años. Sin embargo, dada la irregularidad o complejidad en su aplicación, es posible que se tenga que tomar cartas en el asunto. Las conversaciones importan más que los controles por sí solos. Para obtener los mejores resultados, consideremos la posibilidad de combinar los controles técnicos con la educación, el asesoramiento y sobre todo el acompañamiento, impartidos de forma abierta y sin confrontación”.

Los expertos coinciden en que la clave para mitigar los riesgos asociados al uso de chatbots por parte de menores reside en el acompañamiento activo y la promoción del pensamiento crítico. Es fundamental explicar a los niños y adolescentes que los chatbots no son personas reales, que su información puede ser recopilada y utilizada, y que las respuestas que ofrecen no siempre son precisas o confiables. Reforzar el diálogo abierto y fomentar la comunicación familiar son medidas esenciales para construir una relación sana con la tecnología.

Martina López concluye: “Los más pequeños necesitan seres humanos en el centro de su mundo emocional. La IA puede ser una herramienta útil para muchas cosas. Pero hasta que los niños desarrollen una relación sana con ella, su uso debe supervisarse cuidadosamente. Y nunca debe sustituir al contacto humano”. La creciente popularidad de los chatbots de IA exige una respuesta coordinada por parte de padres, educadores, empresas tecnológicas y legisladores para proteger a los menores de los riesgos potenciales y garantizar que puedan aprovechar los beneficios de esta tecnología de manera segura y responsable. El futuro digital de las nuevas generaciones depende de ello.

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