En la localidad de San Juan del Paraná, departamento de Itapúa, un trabajador dedicado ha logrado convertir la problemática de los desechos urbanos en una oportunidad tecnológica y energética. Luis Cabrera, un ciudadano impulsado por la voluntad de ayudar a su comunidad, ha desarrollado una máquina capaz de recolectar plásticos desechados en las calles para transformarlos, mediante un proceso químico, en combustible utilizable para diversos motores.
La iniciativa nació de la observación de Cabrera sobre la cantidad de plásticos que la gente arroja en la vía pública, materiales que no solo contaminan el entorno, sino que generan problemas estructurales en la ciudad. Ante esto, el emprendedor decidió buscar una solución práctica que permitiera darle una utilidad real a estos desperdicios, recurriendo a la capacitación autónoma para lograr su objetivo.
El proceso técnico utilizado por Cabrera se denomina pirólisis. Según explicó el propio inventor en conversación con el medio Crónica, este método químico consiste en romper la materia prima a través de la aplicación de calor extremo en un entorno donde hay una ausencia total de oxígeno. Este procedimiento permite que el plástico se descomponga y genere líquidos o aceites, los cuales funcionan como biocombustibles.
El camino hacia el éxito técnico no fue sencillo. Cabrera reveló que aprendió todo el proceso de manera autodidacta a través de internet. Durante su etapa de investigación, accedió a diversas páginas rusas, enfrentando inicialmente serias dificultades debido a la barrera del idioma y la complejidad de las traducciones. Sin embargo, tras un año de capacitación intensiva y estudio, logró comprender la metodología necesaria para poner a prueba la pirólisis y aplicarla en su propio entorno.
En cuanto a la infraestructura, el inventor indicó que la construcción de su equipo fue un proceso gradual. Fue adquiriendo las piezas y componentes poco a poco, hasta llegar a la creación de su versión más actual. Este último prototipo, que representa una versión más avanzada de su máquina, tuvo un costo estimado de aproximadamente 16 millones de guaraníes.
El funcionamiento operativo de la máquina es detallado y meticuloso. Primero, Cabrera recolecta los plásticos y los corta en tiras. Posteriormente, introduce este material en un reactor que debe ser sellado herméticamente para garantizar que no ingrese oxígeno. Una vez sellado, el reactor comienza a calentarse hasta alcanzar una temperatura aproximada de 600 grados, punto en el cual el plástico se derrite completamente. Al pasar por un condensador, el material choca con el frío, regresando al estado líquido y produciendo petróleo crudo.
Respecto al rendimiento de este proceso, Cabrera detalló que el resultado final se divide en tres componentes: el 80% es petróleo crudo, el 15% es gas y el 5% restante son residuos de carbón. Este petróleo crudo no se utiliza directamente, sino que es sometido a un segundo proceso de refinamiento. De esta etapa final, se obtiene un 75% de diésel y un 25% de nafta. El inventor destacó que los combustibles resultantes poseen un octanaje muy alto, situándose entre los 100 y 105 puntos, lo que indica un producto muy refinado.
La viabilidad de este combustible ha sido puesta a prueba en situaciones reales. Cabrera mencionó que utilizó la nafta producida en su propia motocicleta durante dos años, obteniendo un funcionamiento perfecto y notando, además, un rendimiento superior de 4 kilómetros adicionales por litro. Asimismo, el diésel fue probado en un generador con resultados positivos. Actualmente, un amigo del inventor se ha ofrecido a testear el combustible en un tractor para labores agrícolas en el campo.
Más allá del logro técnico, la motivación principal de Luis Cabrera es la preservación del medio ambiente. Su objetivo es evitar que los plásticos sigan trancando los desagües y zanjas de los barrios, y que dejen de afectar a la fauna fluvial, específicamente a los peces en los ríos. Con este fin, ha comenzado a acumular materia prima, contando actualmente con unos 100 kilos de plástico recolectados junto a su familia.
Mirando hacia el futuro, el visionario itapuense aspira a escalar su proyecto. Su intención es presentar esta propuesta a la Gobernación o a alguna municipalidad para obtener el apoyo institucional necesario. Con este respaldo, busca adquirir reactores de mayor tamaño para incrementar la producción de combustible y, fundamentalmente, generar oportunidades de empleo para los recicladores de la zona. Cabrera enfatizó que, en caso de no conseguir el apoyo de las entidades públicas, buscará establecer alianzas con el sector privado.
Finalmente, el emprendedor recordó que su base profesional proviene de muchos años de trabajo en la herrería y la soldadura, habilidades que le facilitaron la construcción de la máquina, aunque el conocimiento químico y técnico lo obtuvo gracias a su capacidad de autoaprendizaje y perseverancia digital.


