La decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de concentrar sus principales enviados en negociaciones simultáneas sobre Irán y Ucrania en Ginebra ha generado una ola de escepticismo entre expertos en política exterior. La estrategia, percibida como apresurada y poco realista, pone en tela de juicio la posibilidad de avances significativos en dos de las crisis internacionales más complejas y prolongadas. El esfuerzo diplomático, liderado por Steve Witkoff y Jared Kushner, se desarrolló bajo un estricto protocolo de seguridad, mientras ambos transitaban entre reuniones de alto riesgo en la ciudad suiza.
La agenda intensiva buscaba desbloquear el estancamiento en torno al programa nuclear iraní y, paralelamente, encontrar una solución para el conflicto en Ucrania. Sin embargo, analistas consultados por Reuters expresaron serias dudas sobre la organización, las prioridades y la capacidad real de los enviados de Trump para obtener resultados concretos. La concentración de negociaciones tan sensibles en un solo día y lugar ha sido interpretada como una señal de que el presidente prioriza la apariencia de actividad y la obtención de acuerdos rápidos, incluso a expensas de una diplomacia meticulosa y efectiva.
Trump, conocido por su optimismo y su afirmación de poder resolver conflictos rápidamente, busca acumular una serie de acuerdos internacionales que le proporcionen prestigio político, incluyendo la posibilidad de ser considerado para el Premio Nobel de la Paz. No obstante, los críticos argumentan que la prisa y el formato adoptado no reflejan la profundidad y complejidad de las dos crisis en cuestión.
Brett Bruen, ex consejero de política exterior del gobierno de Obama y director de la consultora Global Situation Room, fue particularmente crítico: “Trump parece estar más enfocado en la cantidad que en la calidad, en lugar del trabajo duro y detallado de la diplomacia. Abordar las dos cuestiones al mismo tiempo y en el mismo lugar no tiene mucho sentido”.
Las conversaciones sobre el programa nuclear iraní se llevaron a cabo de manera indirecta, con la participación de la delegación estadounidense y el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araqchi, con la mediación de Omán. Tras más de tres horas y media de negociaciones, ambas partes reconocieron cierto progreso, pero no anticiparon la posibilidad de un acuerdo inminente. La falta de avances decisivos mantiene la tensión en el Medio Oriente, y expertos advierten que Trump podría continuar expandiendo su presencia militar en la región como una forma de presionar a Irán y mantener la opción de una acción militar en la mesa.
“Mientras el proceso diplomático continúa, Trump puede mantener la expansión de su gran refuerzo militar cerca de Irán, dejando claro que el uso de la fuerza continúa en consideración”, señaló la reportaje de Reuters. Este escenario mantiene a la región en alerta, ante el temor de que cualquier ataque estadounidense pueda desencadenar una escalada de proporciones mayores.
En cuanto a la guerra en Ucrania, las expectativas de un avance significativo también fueron bajas, a pesar de la promesa de Trump durante su campaña presidencial de 2024 de poder poner fin al conflicto en un solo día. Un funcionario anónimo citado por Reuters describió la situación como “una sala de emergencias con dos pacientes gravemente enfermos y un solo médico incapaz de dar atención sostenida a ninguno de los casos, aumentando la probabilidad de fracaso”.
Mohanad Hajj-Ali, analista del Carnegie Middle East Center, criticó la concentración de responsabilidades en manos de Witkoff y Kushner: “Tener una equipo de Witkoff y Kushner encarregada de resolver todos los problemas del mundo es, francamente, una realidad chocante”. Además, se señaló que ambos enviados carecen de la experiencia diplomática tradicional, lo que podría ponerlos en desventaja frente a negociadores experimentados como Araqchi y los representantes rusos involucrados en las conversaciones sobre Ucrania.
La ausencia del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, también fue objeto de críticas. Rubio, considerado el principal diplomata del gobierno de Trump y conocido por su familiaridad con temas internacionales, no participó en las negociaciones, lo que reforzó la percepción de que la diplomacia formal ha perdido terreno dentro de la estructura del gobierno.
La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, defendió la estrategia del presidente, afirmando que Trump y su equipo “han hecho más que nadie para reunir a las dos partes, interrumpir las muertes y entregar un acuerdo de paz” en Ucrania. Kelly también criticó a los opositores anónimos de la estrategia, pero no respondió directamente a las preguntas específicas planteadas por Reuters.
Witkoff, un amigo de larga data de Trump y conocido como el “enviado para todo”, desempeñó un papel importante en el acuerdo de cese al fuego firmado el año pasado entre Israel y Hamás, aunque el proceso no ha logrado alcanzar una solución permanente. Kushner, por su parte, fue fundamental en la construcción de los Acuerdos de Abraham, que resultaron en la normalización de las relaciones diplomáticas entre Israel y algunos países árabes. Sin embargo, según la reportaje, el pacto no ha avanzado significativamente desde el regreso de Trump al poder hace 13 meses.
“Hemos visto un vaciamiento de nuestro banco diplomático”, dijo Brett Bruen. “Entonces existe la cuestión de saber si todavía tenemos las personas adecuadas para trabajar en estas grandes cuestiones”.
Con las negociaciones en curso pero sin señales claras de un desenlace, la ofensiva diplomática concentrada en Ginebra expone una estrategia marcada por la urgencia política y el alto riesgo internacional. Aliados y adversarios observan atentamente si la aproximación del presidente Trump logrará producir acuerdos reales o simplemente ampliar la inestabilidad en dos de los conflictos más delicados del escenario global. La pregunta que queda en el aire es si la diplomacia de Trump será recordada como un éxito audaz o como un fracaso costoso.


