Cuenca, una ciudad conocida por su rica tradición y vibrante carnaval, enfrenta una realidad preocupante: sus habitantes consumen casi el doble del agua que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Mientras las calles se llenan de alegría y color durante febrero, un debate silencioso sobre la gestión y el uso responsable del agua toma fuerza, revelando un contraste entre la percepción de abundancia y la necesidad imperante de un cambio de hábitos.
Pablo Mosquera, subgerente de gestión ambiental de Etapa, la empresa encargada del suministro de agua en Cuenca, expone la cruda realidad: el consumo promedio por habitante se sitúa alrededor de los 200 litros diarios. Esta cifra contrasta drásticamente con los 100 litros diarios que la OMS considera el mínimo vital para cubrir las necesidades básicas de hidratación, higiene y alimentación. La diferencia no es simplemente una cuestión de números, sino un reflejo de un estilo de vida urbano que demanda un uso intensivo del recurso hídrico.
Contrario a lo que muchos podrían pensar, el carnaval en sí mismo no es el principal culpable de los picos de consumo. Los datos históricos recopilados por Etapa revelan que febrero no presenta incrementos generalizados en la mayoría de los años analizados. De hecho, en 2021, 2024 y 2025, se registraron disminuciones en el consumo promedio en comparación con el resto del año, con reducciones del 1,4%, 0,8% y 2,1% respectivamente.
Mosquera explica que esta tendencia se debe, en gran medida, a que muchas familias aprovechan el feriado para viajar a cantones cercanos o zonas rurales, lo que reduce la demanda de agua dentro del perímetro urbano. Solo en 2022 y 2023 se observaron aumentos, del 2,9% y 9,9% respectivamente, pero estas variaciones se atribuyen a condiciones específicas de cada periodo, sin establecer una correlación directa con la festividad.
El verdadero problema reside en el consumo diario y constante de los habitantes de Cuenca. El mayor gasto de agua dentro del hogar se concentra en la ducha, un hábito que, aunque esencial, puede ser optimizado. Reducir el tiempo bajo el agua, cerrar la llave mientras se enjabona o evitar lavar vehículos con agua potable son acciones sencillas que pueden marcar una diferencia significativa en el consumo total.
La experiencia de las sequías de 2023 y 2024 demuestra que el cambio es posible. Durante los meses más críticos, la respuesta ciudadana fue notable, logrando reducir el consumo en cerca de un 30%, lo que significó disminuir el promedio a entre 160 y 170 litros diarios por persona. “La población de Cuenca es muy reactiva, disminuyó su consumo”, afirma Mosquera, destacando la capacidad de la comunidad para adaptarse ante la emergencia.
Sin embargo, la lección más importante es que la reactividad ante la crisis no es suficiente. Cuenca se encuentra en una posición privilegiada en términos de disponibilidad hídrica, atravesada por cuatro ríos que le otorgan una ventaja natural. No obstante, esta abundancia no garantiza una sostenibilidad permanente.
Ana Cristina Andrade-Herrera, investigadora en temas de gestión ambiental y recursos hídricos, señala en su artículo “Uso excesivo de agua potable en Cuenca, Ecuador: un enfoque basado en la teoría general de sistemas”, que una de las principales causas del consumo excesivo en Cuenca es la percepción de abundancia del recurso por parte de la población, lo que refuerza prácticas irresponsables. Esta mentalidad de “el agua siempre estará ahí” impide la adopción de medidas preventivas y la valoración real del recurso.
El costo económico del agua en Cuenca es relativamente bajo. Mil litros (un metro cúbico) tienen un costo aproximado de 60 centavos de dólar, lo que significa que 200 litros diarios representan apenas 12 centavos. Además, el servicio cuenta con un componente de subsidio que permite tarifas accesibles para la población. Sin embargo, el llamado va más allá del costo monetario.
El verdadero valor del agua no se mide únicamente en centavos, sino en sostenibilidad. El consumo excesivo no solo pone en riesgo el suministro a largo plazo, sino que también genera un impacto ambiental significativo. La extracción excesiva de agua puede afectar los ecosistemas acuáticos, reducir la disponibilidad para otras actividades y contribuir al deterioro de la calidad del agua.
La solución no es simplemente aumentar las tarifas o imponer restricciones draconianas, sino fomentar una cultura de responsabilidad y eficiencia en el uso del agua. Esto implica educar a la población sobre la importancia de conservar el recurso, promover la adopción de tecnologías más eficientes en el hogar y la industria, y fortalecer la gestión integral de las cuencas hidrográficas.
Etapa está trabajando en diversas iniciativas para promover el uso responsable del agua, incluyendo campañas de sensibilización, programas de capacitación y la implementación de sistemas de medición inteligente del consumo. Sin embargo, el éxito de estas iniciativas depende en gran medida de la participación activa de la comunidad.
El carnaval puede ser un momento de alegría y celebración, pero también una oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con el agua. Mientras disfrutamos de las festividades, debemos recordar que el agua es un recurso finito y valioso, que debemos proteger y conservar para las generaciones futuras. La abundancia de Cuenca no es una garantía, sino una responsabilidad. El futuro hídrico de la ciudad depende de las decisiones que tomemos hoy.


