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Argentina: De Desierto a Riqueza, Una Historia de Desigualdades y Salarios Altos

Vaivenes entre el crecimiento y la distribución. Leer más

Argentina: De Desierto a Riqueza, Una Historia de Desigualdades y Salarios Altos

La historia económica argentina, según un nuevo análisis de los historiadores Lucas Llach y Pablo Gerchunoff en su libro “Ved en trono a la noble igualdad”, se define por dos factores geográficos cruciales: su condición original de desierto y la ubicación estratégica de Buenos Aires frente al Atlántico. Publicado por SXXI Editores, el estudio revela cómo estas circunstancias han moldeado el destino económico del país desde sus inicios hasta el presente.

El libro argumenta que, a diferencia de otros territorios americanos, Argentina fue un punto final en las migraciones prehistóricas, un “finis terrae” despoblado que no atrajo inicialmente el interés de los conquistadores españoles. Estos se enfocaron en regiones con riqueza minera, mano de obra barata o climas propicios para plantaciones, encontrando poco de eso en el territorio que hoy conocemos como Argentina. La vitalidad económica del área surgiría más tarde, impulsada por el comercio internacional a través del Atlántico, transformando a Buenos Aires en un puerto clave y, eventualmente, en capital virreinal en 1776. Sin embargo, en 1810, Argentina contaba con apenas 500 mil habitantes, significativamente menos que México (6 millones) o Perú (1.5 millones).

La ubicación de Buenos Aires, en la intersección entre un océano comercialmente activo y una pampa fértil, se presenta como el segundo punto de partida fundamental. Esta combinación única generó un escenario de prosperidad, pero también de asimetrías. La escasez de población y la abundancia de recursos naturales, especialmente tierras fértiles, crearon una dinámica de altos salarios y productos de la tierra relativamente baratos. En 1896, Argentina tenía solo 3.9 habitantes por kilómetro cuadrado de tierra productiva, una densidad poblacional muy inferior a la de países europeos como Inglaterra (277), Alemania (148) o incluso Estados Unidos (49).

Esta situación atrajo una ola masiva de inmigrantes. Entre 1880 y 1900, Argentina recibió un flujo de inmigración sin precedentes: 220 inmigrantes por cada mil habitantes en la década de 1880, 163 en la siguiente y casi 300 en la primera década del siglo XX. Estas cifras superaban ampliamente las de Estados Unidos y Canadá, convirtiendo a Argentina en el país con la mayor proporción de inmigrantes del mundo. Los salarios argentinos llegaron a ser incluso superiores a los de Gran Bretaña en 1929, reflejando una notable igualdad en la distribución del ingreso.

Sin embargo, el estudio también destaca dos asimetrías persistentes. La primera, una “asimetría sectorial”, se refiere a la brecha de productividad entre el sector primario (agropecuario) y el secundario (industrial). La abundancia de tierra fértil y la escasez de población favorecieron la producción de alimentos, pero dificultaron el desarrollo de una industria competitiva que requería mano de obra y capital. Carlos Pellegrini, en 1899, anticipó esta dinámica, señalando que en Argentina el capital y la mano de obra eran caros, mientras que otros países ofrecían condiciones más favorables para la industria.

La segunda asimetría, “asimetría regional”, se manifiesta en la disparidad entre la productividad de la pampa y la de otras regiones del país. La pampa, con su tierra fértil, atrajo la mayor parte de la inversión y la inmigración, dejando a otras provincias dependientes de la ayuda estatal.

El libro analiza la evolución económica de Argentina desde 1880 hasta 2003, destacando la tensión entre la búsqueda de equidad y las limitaciones impuestas por la dotación de factores productivos. La prioridad otorgada a la equidad, arraigada en el mito de una tierra de oportunidades para los inmigrantes, influyó en las políticas económicas y en la distribución del ingreso.

Durante la globalización comercial anterior a la Primera Guerra Mundial, Argentina se benefició de su participación en el comercio internacional, pero también se vio perjudicada por la crisis del intercambio que siguió a la Depresión. Las políticas proteccionistas, implementadas para estimular el empleo y los salarios, fueron efectivas pero costosas en términos de crecimiento económico.

El último cuarto del siglo XX estuvo marcado por la búsqueda de revertir las políticas proteccionistas, pero la resistencia de aquellos que se beneficiaban del statu quo impidió una transformación completa. El endeudamiento externo se utilizó para mantener salarios elevados, pero también generó inflación y crisis financieras.

Los autores señalan que la crisis de 2001 representó un punto de inflexión, permitiendo una combinación temporal de tipo de cambio competitivo y apertura comercial. Sin embargo, la “tentación igualitaria” llevó a un nuevo ciclo de atraso cambiario y proteccionismo, ejemplificado por la implementación del “cepo” cambiario a partir de 2011.

El “cepo”, según el análisis, sintetiza la estrategia argentina de sostener los salarios a través de controles cambiarios y restricciones a las importaciones. Esta política, aunque recurrente en la historia argentina, ha demostrado ser insostenible a largo plazo.

En conclusión, “Ved en trono a la noble igualdad” ofrece una perspectiva profunda y matizada sobre la historia económica argentina, destacando la importancia de los factores geográficos, las asimetrías estructurales y la tensión entre equidad y crecimiento. El libro plantea interrogantes cruciales sobre el futuro económico del país, sugiriendo que la búsqueda de un equilibrio entre competitividad y justicia social sigue siendo el principal desafío para Argentina.

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