El cáncer de próstata se consolida como uno de los desafíos de salud más apremiantes para los hombres, con un aumento constante en los diagnósticos y un debate médico en curso sobre las mejores estrategias de detección y tratamiento. En Inglaterra, las cifras de 2024 revelan más de 58.000 nuevos casos, afectando a al menos uno de cada ocho hombres a lo largo de su vida. La complejidad de la enfermedad, sumada a la evolución de las opciones terapéuticas, exige una mayor concienciación pública y una atención médica más personalizada.
El profesor Prabhakar Rajan, urólogo consultor y cirujano robótico en los Hospitales University College de Londres (UCLH) y Barts Health, ofrece una perspectiva crucial sobre este tema. En diálogo con The Telegraph, el especialista destaca la importancia de comprender los factores de riesgo, el papel de la prueba de PSA y las alternativas de tratamiento disponibles. Su trabajo se centra en la investigación y el tratamiento del cáncer de próstata, una patología que se encuentra en el centro de importantes decisiones de política sanitaria.
Uno de los aspectos clave que subraya el profesor Rajan es la subestimación del riesgo individual. Si bien el riesgo promedio de desarrollar cáncer de próstata es de uno en ocho, esta proporción se eleva significativamente – a aproximadamente uno en cuatro – en hombres con antecedentes familiares directos de la enfermedad. Sin embargo, el especialista advierte que esta información crucial no siempre se documenta adecuadamente en los historiales médicos, lo que dificulta la identificación temprana de los grupos de mayor vulnerabilidad.
El aumento de la visibilidad pública, impulsado por figuras reconocidas que han compartido sus experiencias personales, ha generado un mayor interés en la prueba de antígeno prostático específico (PSA). Este análisis de sangre mide los niveles de una proteína producida por la glándula prostática. Un nivel elevado de PSA puede indicar la presencia de un tumor, aunque es importante destacar que no siempre implica un cáncer agresivo. Esta ambigüedad es uno de los principales desafíos clínicos, ya que la enfermedad a menudo se desarrolla sin síntomas en sus etapas iniciales.
Cuando los síntomas finalmente aparecen, pueden incluir dolor en la espalda, la pelvis o las caderas, pérdida de peso inexplicable, sangre en la orina o el semen, y dificultades para lograr o mantener una erección. Los problemas urinarios, como la dificultad para orinar, la sensación de vaciamiento incompleto, un flujo débil, el aumento de la frecuencia miccional o las pérdidas involuntarias, también deben ser evaluados por un médico. No obstante, el profesor Rajan enfatiza que la presencia de estos síntomas no confirma la enfermedad, y su ausencia no la descarta.
En cuanto a la prevención, el especialista recomienda adoptar un estilo de vida saludable que incluya actividad física regular, un peso adecuado y una dieta equilibrada. En particular, destaca los beneficios de una dieta de tipo mediterráneo, rica en verduras (especialmente tomates y brócoli), frutas, cereales integrales y pescado. También aconseja limitar el consumo de carnes rojas y lácteos, evitar el tabaco y moderar la ingesta de alcohol.
La obtención adecuada de vitamina D, ya sea a través de la exposición solar, la alimentación o los suplementos, también es fundamental. Además, algunos alimentos como el té verde, la soja, la cúrcuma y la granada podrían tener efectos protectores sobre la próstata.
El profesor Rajan insiste en que un diagnóstico de cáncer de próstata no equivale automáticamente a un desenlace fatal ni a secuelas permanentes. Detectada en sus etapas iniciales, la enfermedad puede tratarse con altas tasas de curación. Sin embargo, el enfoque médico ha evolucionado significativamente en los últimos años.
“Antes era sencillo”, explica el profesor Rajan. “Como médicos, creíamos que teníamos que curar todos los cánceres”. Este enfoque priorizaba la erradicación del tumor sin considerar adecuadamente las posibles consecuencias a largo plazo. “Aunque creemos que estamos haciendo algo maravilloso al ofrecer tasas de curación del 99%, si eso significa que un hombre se vuelve impotente o incontinente, el impacto en su calidad de vida es significativo”, añade.
Los avances en la cirugía robótica han reducido el riesgo de daño permanente asociado a la intervención quirúrgica. Además, el enfoque terapéutico actual contempla alternativas como la vigilancia activa en tumores de bajo riesgo, terapias focales que actúan sobre áreas específicas y radioterapia con rayos de alta energía.
Sin embargo, la implementación de un programa universal de detección con PSA en el Reino Unido ha sido objeto de debate. El Comité Nacional de Cribado británico ha desaconsejado esta práctica debido a las limitaciones en la precisión de la prueba. El organismo señala que el cribado podría ser beneficioso para hombres con mutaciones hereditarias en genes BRCA, asociados también a cáncer de mama y ovario, pero no recomienda el cribado específico para hombres con antecedentes familiares, a pesar de su mayor riesgo.
Actualmente, se están llevando a cabo ensayos clínicos como TRANSFORM e IMProVE, que comparan combinaciones de PSA, resonancias magnéticas y pruebas genéticas con el objetivo de definir una estrategia más eficaz para identificar tumores agresivos en etapas tempranas.
Mientras se aguardan los resultados de estos ensayos, el profesor Rajan insiste en la necesidad de mejorar el registro de factores de riesgo en atención primaria y fomentar un diálogo abierto sobre las pruebas diagnósticas. La concienciación pública, la detección temprana y un enfoque terapéutico personalizado son clave para mejorar los resultados y la calidad de vida de los hombres afectados por el cáncer de próstata. La investigación continua y la innovación en el campo de la urología ofrecen esperanza para un futuro en el que esta enfermedad pueda ser detectada y tratada de manera más efectiva, minimizando el impacto en la vida de los pacientes.


