ÚLTIMA HORA

Cobertura global las 24 hs. • jueves, 23 de julio de 2026 • Noticias actualizadas al minuto.

Menú

El Tabacalero que Florece Entre la Adversidad y la Solidaridad

Siguiendo el rumbo de sus abuelos, este muchacho le mete el pecho a la tierra, desafía adversidades, sale airoso, eleva su propia varilla y aun saca tiempo para entregarles amor a niños sin amparo familiar o integrar el Comité Nacional de la ANAP

El Tabacalero que Florece Entre la Adversidad y la Solidaridad

Noel Torres Perdomo, un joven agricultor de Sancti Spíritus, desafía las dificultades económicas y productivas de Cuba con una mezcla de innovación, trabajo arduo y un compromiso social que lo ha convertido en un referente en su comunidad y más allá. A sus 40 años, Noel ha logrado convertir tierras de rendimiento medio en una fuente de prosperidad, no solo para sí mismo y su familia, sino también para los niños sin amparo familiar y para el desarrollo de la agricultura en la provincia. Su historia, que evoca el legado de sus abuelos pioneros en el cultivo del tabaco, es un testimonio de resiliencia, visión de futuro y un profundo sentido de responsabilidad social.

La decisión de Noel de abandonar sus estudios de contabilidad a los 16 años para dedicarse por completo al campo sorprendió a muchos, incluyendo a sus abuelos, Manolito Luciano y Agustín Nené Perdomo. Sin embargo, el joven ya había recorrido kilómetros en bicicleta hasta la finca familiar, no como un pasatiempo, sino como una contribución productiva. Este temprano compromiso con la tierra sentó las bases para una carrera agrícola exitosa y una profunda conexión con el trabajo rural.

Actualmente, Noel gestiona dos caballerías de tierra en propiedad y tres en usufructo. Su principal cultivo es el tabaco, con 15 hectáreas dedicadas al tapado y dos al sol. Además, cultiva una hectárea de plátano para Acopio y otros productos para el autoabastecimiento y la alimentación animal, como el maíz. A pesar de las limitaciones inherentes a sus tierras, Noel ha logrado un rendimiento agrícola de 1,4 toneladas por hectárea de tabaco, con un 70 por ciento de capa apta para la exportación.

“Mis tierras no son precisamente buenas o de las mejores; yo diría que están en la media”, reconoce Noel con humildad. “Pero mi fuerte es el tabaco, aun cuando jamás he fumado. Lleva labores muy exigentes, hay que hacerle las cosas a tiempo, sobre todo al tapado, pero es muy agradecido y te lo recompensa con resultados”.

La clave del éxito de Noel radica en su capacidad para superar las carencias y dificultades a través de la innovación y la inversión. A diferencia de muchos agricultores que dependen de subsidios o recursos externos, Noel ha logrado financiar sus proyectos a partir de los ingresos generados por sus propias cosechas. El grupo Tabacuba le vende los insumos en moneda nacional, descontándolos posteriormente en MLC, lo que le permite adquirir la maquinaria necesaria y mejorar sus sistemas de riego.

“Nadie me da o me regala nada”, afirma Noel con orgullo. “He logrado echar palante y aprovisionarme de lo necesario. Ya tengo toda la maquinaria nueva, estoy concretando un proyecto de cura controlada que me permitirá agilizar el proceso de secado e incrementar más la calidad de la capa”.

Noel también destaca la importancia de la planificación y la rotación de cultivos para maximizar el rendimiento de la tierra. Siembra el tabaco y el plátano de forma escalonada para evitar picos de cosecha y asegurar una producción constante durante todo el año. Además, aprovecha los residuos del tabaco para fertilizar otros cultivos, optimizando así el uso de los recursos disponibles.

“Cuando cosechas el tabaco, en ese suelo queda determinado por ciento de fertilizante, entonces qué hago?: siembro detrás otro cultivo y le saco más provecho al mismo terreno”, explica Noel.

Otro aspecto fundamental de su éxito es la producción de su propia postura de tabaco. Noel ha construido tres túneles dedicados a la producción de plántulas, lo que le permite autoabastecerse y vender posturas a otros productores de la zona.

“Si produces la mayor parte de las cosas que necesitas te ahorras gastos y te evitas problemas”, subraya Noel.

El esquema de pago de Tabacuba, que establece un año para el MLC y un mes para la moneda nacional, es considerado por Noel como “bastante serio”. Este pago oportuno le permite cubrir los costos de la fuerza laboral, que incluye trabajadores permanentes y eventuales.

“Aquí hay trabajo, y se trabaja durante todo el año”, asegura Noel. “En mi opinión, el que, teniendo una finca, un pedazo de tierra, no dedica ni una menzana a yuca es un vago. La tierra existe para trabajarla”.

Pero la vida de Noel no se limita a la agricultura. Su compromiso social se manifiesta en su apoyo constante a un hogar de niños sin amparo familiar. Cada diez o quince días, Noel visita el hogar con donaciones de alimentos, equipos electrodomésticos y, sobre todo, afecto y cariño.

“Hay que ver el semblante de esos niños cuando uno llega allí”, dice Noel con emoción. “Te percatas de que necesitan mucho afecto, cariño. Visitarlos, ayudarlos, es una de las satisfacciones más grandes que he sentido”.

Noel también es un padre orgulloso de dos hijos: una hija de 18 años y un varón de 9. Aunque no les impondrá su camino, espera que decidan seguir sus pasos en el campo.

“No les impondré nada. Ellos decidirán lo que van a ser y a hacer, pero si optan por venir conmigo para la tierra: ¡Yo feliz!”, afirma Noel.

Además de su labor agrícola y su compromiso social, Noel también ocupa cargos de liderazgo en su comunidad. Es miembro del Comité Nacional de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños y militante del Partido Comunista de Cuba. También es vicepresidente de la Cooperativa de Crédito y Servicios Jesús Menéndez.

Su participación en la Mesa Redonda Informativa de la Televisión Cubana, donde respondió con seguridad y conocimiento a las preguntas del periodista Randy Alonso, demostró su capacidad para comunicar sus ideas y defender los intereses de los agricultores cubanos.

La historia de Noel Torres Perdomo es un ejemplo inspirador de cómo la dedicación, la innovación y el compromiso social pueden transformar la adversidad en oportunidad. Su finca Cayajaca no es solo un lugar de producción agrícola, sino también un símbolo de esperanza y un modelo a seguir para las futuras generaciones de agricultores cubanos. La sonrisa de Yolanda Álvarez Bicet, una trabajadora que decidió unirse a su equipo, resume la esencia de su éxito: “Aquí me tratan bien, he ganado dinero, pero he ganado algo mucho más importante: amor”.

Cobertura en Video