La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una visión futurista para convertirse en una herramienta omnipresente en las universidades de todo el mundo. Desde plataformas de aprendizaje personalizadas hasta sistemas de análisis de datos y redacción automatizada, la IA está remodelando el ecosistema académico. Sin embargo, esta rápida integración plantea una pregunta crucial: ¿están las instituciones de educación superior verdaderamente preparadas para utilizar la IA de manera ética, crítica y responsable?
Un reciente informe de la UNESCO-IESALC (Instituto Internacional de Educación Superior de América Latina y el Caribe) advierte que el principal desafío no reside en la tecnología en sí, sino en la formación adecuada para su uso. El documento subraya que la IA debe complementar, y no sustituir, la inteligencia humana, y señala la alarmante ausencia de marcos de competencias claros que guíen su implementación en la educación superior. Sin estas directrices, la adopción de la IA corre el riesgo de ser fragmentada, desigual y, lo que es más preocupante, poco reflexiva.
Esta preocupación encuentra eco en la visión de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) en Bolivia, que considera la IA como un eje estratégico para la transformación educativa, pero siempre manteniendo al ser humano en el centro del proceso. Para esta institución, la IA no debe verse como un reemplazo del docente, sino como una herramienta para amplificar sus capacidades pedagógicas. Sara Yoshino Otsuka, jefa nacional de Enseñanza y Aprendizaje de Unifranz, explica que la inteligencia artificial no viene a reemplazar al docente, sino a potenciarlo, permitiéndole enfocarse en el acompañamiento y el desarrollo de habilidades en los estudiantes .
El informe de la UNESCO-IESALC respalda firmemente esta idea, enfatizando que el rol del profesorado es insustituible, especialmente en áreas cruciales como la ética, el pensamiento crítico y la responsabilidad social. El documento también alerta sobre los temores expresados por los docentes en relación con el plagio, los sesgos algorítmicos y la posible pérdida de la integridad académica. Sin embargo, subraya que estas preocupaciones no se resolverán prohibiendo la tecnología, sino mediante la formación de criterios sólidos para su uso responsable.
Uno de los hallazgos más reveladores del informe es que el 58% de los estudiantes se sienten poco preparados para un futuro laboral cada vez más influenciado por la IA, y casi la mitad considera que sus universidades no les están proporcionando las herramientas necesarias para enfrentar este nuevo escenario. Esta brecha formativa confirma que el simple uso cotidiano de la tecnología no equivale a una verdadera alfabetización en inteligencia artificial.
En este contexto, Unifranz destaca el potencial de la IA para personalizar el aprendizaje y atender la diversidad del aula. Clara Solórzano, responsable de la Jefatura de Enseñanza y Aprendizaje, explica que la IA permite identificar las dificultades específicas de cada estudiante y adaptar las estrategias pedagógicas en consecuencia, lo que contribuye a una educación más equitativa. Esta perspectiva se alinea con el enfoque de la UNESCO-IESALC, que sostiene que la alfabetización en IA debe incluir competencias transversales como la comunicación efectiva, el trabajo colaborativo y la capacidad de evaluar críticamente la información generada por sistemas automatizados.
Otro aspecto fundamental es la inclusión. En un contexto diverso como el boliviano, Unifranz resalta que la IA puede servir como un puente para reducir las barreras ling ísticas y de accesibilidad, a través de herramientas de traducción, lectura automatizada y subtitulado en tiempo real. El informe de la UNESCO coincide en que la IA solo será legítima en la educación superior si contribuye a construir sistemas más justos, inclusivos y socialmente responsables.
De cara al futuro, la UNESCO-IESALC propone adaptar los marcos de competencias existentes actualmente enfocados principalmente en la educación básica o en perfiles técnicos a las particularidades de la universidad: la investigación, la interdisciplinariedad y la vinculación con la sociedad. En la misma línea, la rectora nacional de Unifranz, Verónica Ágreda de Pazos, ha señalado que la inteligencia artificial generativa está llamada a revolucionar la forma en que enseñamos y aprendemos , por lo que la educación superior debe anticiparse y formar profesionales con un sólido criterio ético y un pensamiento crítico agudo.
La implementación de la IA en la educación superior no está exenta de desafíos. La necesidad de invertir en infraestructura tecnológica, la capacitación del profesorado y la actualización de los planes de estudio son solo algunos de los obstáculos que deben superarse. Además, es crucial abordar las preocupaciones relacionadas con la privacidad de los datos, la seguridad cibernética y la posible discriminación algorítmica.
Sin embargo, los beneficios potenciales de la IA en la educación superior son innegables. La IA puede ayudar a los estudiantes a aprender de manera más eficiente y personalizada, a los profesores a mejorar su enseñanza y a las instituciones a optimizar sus recursos. Además, la IA puede abrir nuevas oportunidades para la investigación y la innovación, y preparar a los estudiantes para los desafíos del siglo XXI.
En definitiva, la inteligencia artificial ya está presente en la universidad. El desafío no es decidir si usarla o no, sino cómo hacerlo de manera responsable y efectiva. Tanto la UNESCO-IESALC como Unifranz coinciden en un punto esencial: sin marcos claros, formación adecuada y una visión humanista, la IA puede exacerbar las desigualdades existentes. Pero, con una orientación ética y pedagógica sólida, la IA puede convertirse en una aliada clave para una educación superior más pertinente, transformadora y preparada para el futuro. La clave reside en la colaboración entre instituciones educativas, gobiernos, empresas y la sociedad civil para garantizar que la IA se utilice en beneficio de todos. La conversación sobre el futuro de la educación en la era de la IA apenas comienza, y es imperativo que se aborde con urgencia y visión de futuro.











