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Putin Silencia Voces, Biden Rescata Héroes: El Intercambio Que Estremece al Mundo

El opositor y periodista Vladimir Kará-Murzá conversó con La Tercera sobre la actual situación de Rusia y la libertad de expresión. “Hemos vuelto al tiempo donde expresar lo que piensas, hablar en contra del gobierno, tener una opinión diferente de la posición oficial del gobierno se considera un delito. Es sorprendente que la Rusia bajo Vladimir Putin tenga más presos políticos que toda la Unión Soviética”, dice.

Putin Silencia Voces, Biden Rescata Héroes: El Intercambio Que Estremece al Mundo

El 1 de agosto de 2024 marcó un día histórico, un capítulo digno de una novela de espías, pero con la cruda realidad de la política internacional como telón de fondo. El presidente Joe Biden informó a diez familias estadounidenses que sus seres queridos, presos políticos en Rusia, serían liberados en el intercambio de prisioneros más significativo desde los tiempos de la Guerra Fría. La noticia, transmitida en un encuentro íntimo y emotivo, culminó con la promesa de que las familias podrían hablar con sus liberados tan pronto como abordaran el avión de regreso a Estados Unidos. Entre los nombres de esta lista de rescates, destacaba el del periodista y opositor ruso Vladimir Kará-Murzá, condenado en abril de 2023 a una draconiana pena de 25 años de prisión bajo el cargo de “alta traición”, simplemente por atreverse a criticar la invasión rusa a Ucrania.

“No hay palabras”, confesó Kará-Murzá a su hija en la primera conversación que pudieron tener tras años de separación forzada. “Estaba seguro de que iba a morir en prisión”. Su testimonio, cargado de alivio y amargura, es un reflejo del terror que impone el régimen de Vladimir Putin a quienes se atreven a desafiarlo.

La historia de Kará-Murzá es un ejemplo paradigmático de la represión política en la Rusia contemporánea. Antes de su traslado a una prisión en Omsk, Siberia, el periodista pronunció cinco discursos contundentes en los que denunció la guerra en Ucrania, el autoritarismo de Putin y la sistemática violación de los derechos humanos en su país. Su valentía, sin embargo, tuvo un precio devastador.

“Cuando escuché el veredicto, lo primero que pensé fue en ese pasaje de la novela de Ethel Voynich, *The Gadfly*, en la que el protagonista escribe: ‘Yo he hecho mi parte del trabajo y esta sentencia solo demuestra que lo he hecho a fondo’”, relató Kará-Murzá en una entrevista exclusiva con *La Tercera*. “Este fue el pensamiento que se me vino a la cabeza, porque en la realidad orwelliana de la Rusia de Vladimir Putin, así es como el régimen evalúa, supongo, la efectividad del trabajo de la oposición y los disidentes políticos. Y esta condena para mí fue, por supuesto, no solo en respuesta a mi oposición a la guerra en Ucrania y a la dictadura de Putin, sino también a mi trabajo de larga data, por ejemplo, defendiendo sanciones internacionales contra el régimen de Putin”.

Kará-Murzá ha sido un ferviente defensor de la Ley Magnitsky, una legislación estadounidense que impone sanciones a individuos responsables de violaciones graves de derechos humanos, como asesinatos extrajudiciales y torturas. Su incansable labor contribuyó a la adopción de esta ley en 35 países, convirtiéndose en una herramienta crucial para responsabilizar a funcionarios corruptos y abusivos en todo el mundo.

Su compromiso político se remonta a sus años de colaboración con Boris Nemtsov, exviceprimer ministro y una figura clave en la transición postsoviética. “Habría sido otro mundo si él hubiera llegado a ser presidente en lugar de Putin”, lamentó Kará-Murzá, refiriéndose al potencial perdido de una Rusia democrática y próspera. Nemtsov, convertido en un líder de la oposición a Putin, fue brutalmente asesinado en febrero de 2015, a pocos metros del Kremlin. “Fue el asesinato político de mayor repercusión en la historia de la Rusia moderna. Un informe publicado en 2020 por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa contenía testimonios de testigos que hacían referencia exactamente a dónde, cuándo y cómo Putin dio la orden para asesinarlo”, denunció.

La situación actual en Rusia, según Kará-Murzá, es alarmante. “Hemos vuelto a la situación en Rusia donde expresar lo que piensas, hablar en contra del gobierno, tener una opinión diferente de la posición oficial del gobierno se considera un delito. Hay personas que reciben condenas más largas -penas de prisión por publicaciones en redes sociales, por hablar o por participar en una manifestación de la oposición- que otras personas que cometen delitos reales, como robo, tráfico de drogas. Es un hecho sorprendente que la Rusia de Putin tenga más presos políticos que toda la Unión Soviética, que eran 15 países en total. En 1986, cuando se inauguró la Conferencia de Viena sobre Seguridad y Cooperación en Europa, la Unión Soviética tenía unos 700 presos políticos conocidos. Sin embargo, la Rusia actual, según organizaciones de derechos humanos, alberga a más de 1.700 presos políticos conocidos, y hay muchas personas que no están en el radar de ninguna organización de derechos humanos. Y, por supuesto, la categoría de más rápido crecimiento en la lista de presos políticos rusos son los de mis conciudadanos rusos que han alzado la voz públicamente en contra de la guerra de agresión de Putin contra Ucrania”.

Kará-Murzá ha sido un opositor constante a la agresión rusa, tanto en 2014 como en 2022. Ante las actuales negociaciones para un alto el fuego y los acercamientos del expresidente Donald Trump a Putin, se mostró contundente: “Todo ha sido vergonzoso. No estoy seguro de poder encontrar palabras que sean posibles para evitar que un periódico describa lo que sentí. Cuando veía esas imágenes, en agosto pasado, del presidente de Estados Unidos dando la bienvenida a un dictador, un asesino, un criminal de guerra en suelo estadounidense, dándole una alfombra roja, en Anchorage, en Alaska, con las bandas militares y dándole la mano. Esto es absolutamente vergonzoso, es inaceptable. Y sabemos por la historia que, además de ser inmoral, esta política de apaciguar a agresores y dictadores es muy dañina y muy contraproducente. La única lección clara de la historia del siglo XX es que apaciguar a un agresor nunca conduce a una paz real (...), porque el único lenguaje que los agresores y dictadores como Putin entienden es el lenguaje de la fuerza”.

“Putin lleva 26 años en el poder, no es un enigma. No hay debates ni discusiones sobre quién es ni qué va a hacer. Ha seguido oprimiendo tanto a nuestro propio pueblo como atacando agresivamente a otros países. Y no va a parar hasta que lo detengan, y tiene que ser detenido en Ucrania”, afirmó con convicción.

Kará-Murzá criticó duramente el plan de alto el fuego propuesto por la administración Trump en noviembre pasado, calificándolo de “muy perjudicial para Kiev”. Se opuso firmemente a la idea de una amnistía para crímenes de guerra, argumentando que la justicia transicional y la rendición de cuentas son esenciales para una transición democrática en Rusia. “Uno de los errores más grandes y dañinos cometidos en Rusia tras el colapso del régimen comunista en los años 90 fue el hecho de que nunca hubo realmente una justicia transicional. Nunca hubo realmente responsabilidad o rendición de cuentas por los crímenes cometidos bajo el régimen comunista. Y sabemos que este proceso es necesario para una transición exitosa a la democracia”.

La vida de Kará-Murzá ha estado marcada por la persecución y la violencia. Antes de su encarcelamiento, fue envenenado en dos ocasiones, en 2015 y 2017, con síntomas idénticos y un diagnóstico oficial de “acción tóxica por una sustancia indefinida”. Investigaciones posteriores, lideradas por Bellingcat, revelaron la existencia de un escuadrón de la muerte secreto dentro del FSB ruso, especializado en el envenenamiento de opositores. “No tenía duda, al igual que mis amigos y colegas desde el principio, de que se trataba de un ataque deliberado, de un intento de asesinato deliberado llevado a cabo por los servicios de seguridad rusos, y de que esto se hacía en respuesta a mi largo trabajo defendiendo las sanciones Magnitsky”.

“Así que creo que es muy importante que cuando la gente en los países democráticos piense y hable de Putin, recuerde que este hombre lleva en el poder más de un cuarto de siglo. Durante todo este tiempo, ha seguido matando gente en Rusia, ha seguido matando gente en el extranjero con sus numerosas incursiones en territorios soberanos de otras naciones. Desde la República de Georgia hasta Ucrania, (también) en Siria para ayudar al dictador Assad. Y esas cosas, por cierto, en Rusia siempre van juntas. La represión en casa y la agresión en el extranjero son siempre dos caras de la misma moneda cuando se trata de Rusia, porque el gobierno que no respeta los derechos y libertades de sus propios ciudadanos, no respetará las fronteras de otros países”, concluyó Kará-Murzá, dejando un mensaje claro y contundente sobre la naturaleza del régimen de Putin y la necesidad de una respuesta firme y unida por parte de la comunidad internacional.

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