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Declaraciones de Lula sobre la Guerra del Paraguay desatan tensión diplomática en plena negociación energética

O Paraguai sofreu uma catástrofe demográfica: perdeu quase 90% da população masculina adulta, e sua população foi reduzida a menos da metade. O corpo de López foi profanado

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Declaraciones de Lula sobre la Guerra del Paraguay desatan tensión diplomática en plena negociación energética
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Un error histórico del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva sobre la Guerra del Paraguay ha provocado una crisis diplomática con Asunción. El gobierno de Santiago Peña reaccionó con indignación ante las imprecisiones del mandatario, quien simplificó un conflicto traumático que devastó demográficamente a Paraguay. Esta tensión ocurre en un momento crítico por las negociaciones energéticas del Tratado de Itaipu y las acusaciones de espionaje por parte de la inteligencia brasileña. La disputa se ve agravada por la persistente herida histórica y la demanda de devolución de trofeos de guerra, mientras Estados Unidos sugiere alternativas tecnológicas para el excedente energético paraguayo.

La relación diplomática entre Brasil y Paraguay ha entrado en una fase de estrés tras las recientes declaraciones del presidente Luiz Inácio Lula da Silva sobre la Guerra del Paraguay. El mandatario brasileño simplificó un conflicto complejo al afirmar que, en un momento dado, Paraguay decidió invadir Brasil, específicamente Corumbá, y que simultáneamente invadió Uruguay y Argentina, señalando que una guerra que parecía insignificante se prolongó durante cinco años.

Sin embargo, la afirmación de Lula contiene un error factual significativo: si bien Paraguay invadió territorios de Brasil y Argentina, no invadió Uruguay. En aquel entonces, Solano López apoyaba al gobierno blanco uruguayo y consideraba que la intervención de Brasil en dicho país representaba una ruptura del equilibrio regional.

La reacción de Asunción fue inmediata y previsible. El presidente paraguayo, Santiago Peña, mantuvo una comunicación telefónica con Lula, mientras que el embajador brasileño, José Antônio Marcondes de Carvalho, fue convocado para recibir una nota oficial, un gesto formal que manifiesta el descontento del gobierno paraguayo, que se percibe a sí mismo como víctima de un massacre.

Este incidente ocurre en un momento crítico de las negociaciones sobre el Anexo C del Tratado de Itaipu, el cual define las bases financieras y comerciales de la energía producida por la hidreléctrica. Actualmente, la tarifa está fijada en 19,28 dólares por kilovatio hasta el año 2026, pero sigue pendiente la definición de las reglas para la comercialización del excedente energético paraguayo. Dado que cada país tiene derecho al 50% de la energía y Paraguay cede a Brasil la parte que no consume, Asunción busca negociar esta energía en el mercado para obtener una remuneración más alta. La relevancia de Itaipu es estratégica para el sistema eléctrico de Brasil.

La tensión se ve agravada por revelaciones previas sobre la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), que presuntamente habría invadido sistemas del gobierno paraguayo para obtener información sobre la posición de Asunción en las negociaciones energéticas, tanto durante el gobierno de Jair Bolsonaro como al inicio de la actual administración. En este escenario, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ha sugerido que el excedente energético sea utilizado para alimentar centros de datos y proyectos de inteligencia artificial de grandes empresas tecnológicas instaladas en Paraguay, una alternativa que fortalecería la capacidad de negociación de Asunción.

El peso de la memoria histórica sigue siendo un terreno minado. La Guerra del Paraguay, que comenzó en 1864 con la aprehensión del navio brasileño Marquês de Olinda y la invasión de la provincia de Mato Grosso, finalizó en 1870 dejando una catástrofe demográfica en Paraguay: la pérdida de casi el 90% de su población masculina adulta y una reducción de la población total a menos de la mitad. A pesar de algunas teorías, no existen pruebas de que Inglaterra haya provocado el conflicto para destruir un Paraguay industrializado y autónomo.

La sensibilidad sobre este pasado es tal que gran parte de la documentación histórica permanece bajo controversias de sigilo. En 2004, el gobierno paraguayo solicitó acceso a archivos brasileños sobre la guerra y la demarcación de fronteras, pero el Itamaraty consideró que reabrir el pasado podría perjudicar la integración bilateral.

El final del conflicto estuvo marcado por la brutalidad. Solano López murió el 1 de marzo de 1870 en Cerro Corá, en la última batalla. Tras la derrota en Campo Grande en 1869, su ejército se había reducido a unos pocos cientos de combatentes, incluyendo ancianos, adolescentes y niños mal armados y hambrientos. El 26 de febrero de 1870, el general José Antônio Correia da Câmara lanzó una operación de cerco y aniquilamiento con más de 2 mil hombres. Durante la resistencia, murió Francisco, el hijo de López, de tan solo 15 años.

López fue alcanzado por soldados brasileños; mientras la narrativa oficial indica que murió en combate tras rechazar la rendición, otra hipótesis sugiere que fue ejecutado estando gravemente herido. El cabo José Francisco Lacerda, conocido como Chico Diabo, lo hirió con una lanza, seguido de un disparo de autoría controvertida. El cadáver fue mutilado y sus pertenencias convertidas en trofeos: su espada fue enviada al emperador Dom Pedro II, su condecoración quedó con el visconde del Rio Branco y su reloj fue tomado por el general Câmara. Chico Diabo se quedó con una faca de plata y oro.

Otro símbolo de esta devastación es el cañón El Cristiano, de 12 toneladas, expuesto en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro. Fundido con el bronce de campanas de iglesias paraguayas, el cañón es visto por Paraguay como un recordatorio material de la destrucción sufrida, surgiendo así la propuesta de su devolución.

Esta narrativa de ira y conflicto es también el eje del libro "Xadrez, Truco e Outras Guerras" de José Roberto Torero, parte de la colección Plenos Pecados. La obra es una sátira macabra que utiliza la ira como pecado capital para narrar la persecución al mariscal Solano López por orden del príncipe Gastão de Orléans, el Conde d'Eu, comandante del Ejército imperial y esposo de la princesa Isabel, descrito en la obra como un hombre extremadamente malvado.

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