El Club América se enfrenta a un complejo panorama en el actual mercado de fichajes invernal, no por la falta de interés en refuerzos, sino por una combinación de factores que lo han dejado con las manos atadas. El cupo de jugadores No Formados en México (NFM) completamente lleno, sumado a una nómina inflada con futbolistas que no entran en los planes del cuerpo técnico, ha transformado la prioridad del club: ya no se trata de incorporar, sino de liberar espacios.
La situación es delicada. El reglamento de la Liga BBVA MX es claro y no admite excepciones. Para poder inscribir nuevos elementos en el Clausura 2026, el América debe recurrir a una de tres vías legales: la rescisión de contrato, el traspaso al extranjero o la baja por lesión de larga duración. Cada una de estas opciones presenta sus propios desafíos y costos.
El problema radica en la presencia de jugadores como Igor Lichnovsky, Víctor Dávila y José Raúl Zúñiga, quienes, a pesar de no tener protagonismo, continúan percibiendo un salario considerable. Mantenerlos en la plantilla representa una carga financiera importante para el club, pero deshacerse de ellos no es tarea sencilla.
La opción más rápida para liberar plazas es la rescisión de contrato. El caso reciente de Javairo Dilrosun sirve como ejemplo. Tras no ser registrado, el jugador holandés continuó entrenando con las categorías inferiores, manteniendo sus beneficios salariales. Si bien esta medida libera inmediatamente un espacio en el roster, implica una pérdida económica significativa para el América, ya que el futbolista se marcha como agente libre, sin generar ingresos por su traspaso. El club, en esencia, asume la pérdida de la inversión inicial realizada en su contratación.
La alternativa del traspaso al extranjero, contemplada en el Artículo 28 del Reglamento de Competencia, presenta ciertas limitaciones. Para poder dar de alta a un sustituto, el jugador transferido debe haber disputado al menos el torneo inmediato anterior en México. Además, el plazo para realizar esta operación coincide con el cierre de registros internacionales de la FIFA, lo que reduce el margen de maniobra del club. Esta opción, por lo tanto, requiere una planificación cuidadosa y la identificación de un comprador dispuesto a asumir el salario del jugador.
La tercera vía, la baja por lesión de larga duración (Artículo 29), es la más restrictiva. Solo se permite el reemplazo de un jugador que sufra una lesión quirúrgica que le impida competir por un período de seis meses o el resto del torneo. La gravedad de la lesión debe ser avalada por un médico certificado de la Liga MX, lo que añade un componente de incertidumbre y complejidad al proceso. Esta opción, aunque viable en algunos casos, no es una solución sistemática para el problema del América.
Ante este escenario, algunos futbolistas "borrados" podrían considerar la posibilidad de acudir a la FIFA para rescindir sus contratos por falta de actividad. Sin embargo, los expertos legales coinciden en que esta estrategia tiene pocas posibilidades de éxito. Si el club cumple con el pago puntual de los salarios, puede argumentar "baja de juego" para justificar la exclusión deportiva del jugador, manteniendo el contrato legalmente blindado frente a posibles demandas laborales. La jurisprudencia en este tipo de casos suele favorecer a los clubes que cumplen con sus obligaciones financieras.
La situación del América pone de manifiesto la importancia de una gestión de plantilla eficiente y una planificación a largo plazo. La acumulación de jugadores con altos salarios y escaso rendimiento deportivo puede generar problemas financieros y limitar la capacidad del club para reforzarse en el mercado.
En este contexto, la prioridad del América en el mercado invernal no es encontrar nuevos talentos, sino resolver las salidas de los jugadores que no entran en los planes del cuerpo técnico. La capacidad del club para negociar rescisiones de contrato, encontrar compradores en el extranjero o gestionar bajas por lesión se ha convertido en un factor determinante para su futuro deportivo.
La directiva del América se encuentra trabajando en diversas alternativas para liberar espacios en la plantilla. Se han iniciado conversaciones con algunos jugadores para explorar la posibilidad de una rescisión de contrato amistosa, ofreciendo compensaciones económicas para facilitar su salida. Asimismo, se están buscando opciones de traspaso al extranjero, aunque las negociaciones se ven complicadas por las limitaciones impuestas por el reglamento de la Liga MX.
El club también está evaluando la posibilidad de aprovechar la ventana de transferencias de invierno en otras ligas para colocar a algunos de sus jugadores en equipos que puedan ofrecerles un mejor futuro deportivo y una oportunidad de relanzar sus carreras.
La situación del América es un claro ejemplo de los desafíos que enfrentan los clubes de la Liga MX en la gestión de sus plantillas. El reglamento de la liga, aunque diseñado para proteger la competitividad y fomentar el desarrollo de jugadores mexicanos, puede generar situaciones complejas y limitar la capacidad de los clubes para reforzarse en el mercado.
En definitiva, el América se encuentra en un mercado invernal atípico, donde la capacidad de resolver salidas en tiempo y forma resulta más importante que la negociación por nuevos jugadores. El club debe tomar decisiones difíciles y asumir costos económicos para liberar espacios en la plantilla y poder competir al más alto nivel en el futuro. El éxito o el fracaso de su gestión en este mercado de fichajes podría marcar el rumbo del club en los próximos años.


