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Alerta Hogares: Tu Factura De Luz Aumenta Por Un 'Ladrón Silencioso' Que Vive Contigo

Televisores, decodificadores y microondas apagados siguen consumiendo energía. Ese consumo silencioso impacta en la boleta.

Alerta Hogares: Tu Factura De Luz Aumenta Por Un 'Ladrón Silencioso' Que Vive Contigo

En numerosos hogares argentinos, la preocupación por el incremento constante en la factura de electricidad es una realidad palpable. Mes a mes, sin que haya un cambio drástico en los hábitos de consumo, la cifra a pagar parece escalar, generando frustración e incertidumbre. Sin embargo, un ejército silencioso de "ladrones" energéticos opera a la vista de todos, camuflado bajo la apariencia de aparatos apagados: el temido consumo fantasma o en modo stand-by. Este fenómeno, aunque invisible, representa un impacto real y acumulativo en el bolsillo de los consumidores.

Especialistas en eficiencia energética, observando patrones de consumo en diversos hogares, coinciden en señalar un error tan común como subestimado: dejar los electrodomésticos conectados a la red eléctrica, aun cuando no están en uso o se presiona el botón de "apagado". La concepción errónea de que un aparato desconectado de su función principal deja de consumir energía es una de las principales trampas que elevan la boleta de luz sin previo aviso. La realidad es que, mientras el enchufe permanezca acoplado a la toma de corriente, una cantidad, aunque mínima, de electricidad sigue fluyendo hacia el dispositivo.

¿Por qué ocurre esto? La explicación reside en las funcionalidades inherentes a la mayoría de los electrodomésticos modernos. Muchos de estos aparatos están diseñados para permanecer en un estado de "alerta" o "reposo", listos para reaccionar rápidamente ante una nueva orden. Esto implica mantener activos componentes internos que requieren un suministro constante de energía. Por ejemplo, los televisores modernos, con sus funciones "smart", requieren electricidad para arrancar rápidamente, recibir actualizaciones de software en segundo plano o responder a comandos de encendido remoto. Los decodificadores de cable o servicios de streaming necesitan estar siempre conectados a la red para recibir señales, mantener guías de programación actualizadas o iniciar sesión al instante. Incluso los microondas, con sus relojes digitales y displays luminosos, mantienen un consumo constante para preservar la hora y otras configuraciones. Equipos de audio, consolas de videojuegos, impresoras con Wi-Fi y monitores de computadora siguen esta misma lógica, creando un entramado de pequeños consumos que, individualmente insignificantes, se convierten en un gigante cuando se suman.

Este consumo fantasma opera las 24 horas del día, los siete días de la semana, de forma ininterrumpida. Es una fuga constante de energía que no se utiliza para ningún fin productivo, sino simplemente para mantener los dispositivos en un estado de latencia. Si bien un solo televisor en stand-by puede consumir apenas unos pocos vatios, la suma de varios de estos "micro-consumos" distribuidos en televisores, decodificadores, un microondas, una consola y tal vez una impresora, genera una carga energética acumulativa que impacta directamente en el medidor de consumo y, por ende, en la factura. Es el equivalente a tener múltiples grifos goteando constantemente en casa; cada gota es insignificante, pero con el tiempo, el volumen de agua desperdiciada es enorme.

Las mediciones de eficiencia energética realizadas en Argentina son contundentes al respecto. El consumo fantasma puede representar entre el 5% y el 10% del gasto eléctrico mensual total en un hogar promedio. Esta cifra, aunque quizás no parezca alarmante a primera vista, se traduce en una significativa cantidad de dinero al cabo de un año. No estamos hablando de un porcentaje que duplique la factura, pero sí de varios miles de pesos que se pagan anualmente por energía que, literalmente, se esfuma sin ser aprovechada. Pensemos en lo que esos miles de pesos podrían significar: una parte de la compra del supermercado, el costo de una suscripción a un servicio de streaming o incluso un pequeño ahorro para un proyecto personal. Es dinero que se evade de nuestro control por una simple falta de conciencia sobre cómo operan nuestros dispositivos.

El quid de la cuestión radica en desmitificar la función del botón de encendido/apagado. Para la mayoría de los electrodomésticos, este botón solo los pone en un estado de reposo de baja energía, no los desconecta completamente de la red eléctrica. Es como poner un coche en punto muerto en lugar de apagar el motor. Para detener completamente el consumo, es imperativo desenchufar el aparato de la toma de corriente o, alternativamente, utilizar zapatillas o regletas con interruptor que permitan cortar por completo el suministro eléctrico a varios dispositivos a la vez. Esta simple acción, que a menudo se percibe como una molestia menor, es la barrera más efectiva contra el consumo fantasma.

En un contexto donde los costos de la energía continúan en alza, cada acción orientada a la eficiencia se vuelve crucial. La acumulación de gasto, especialmente en hogares con una alta densidad de dispositivos electrónicos modernos, es incesante, incluso durante la noche o cuando la casa está desocupada. Conectar y desconectar los aparatos que no estén en uso activo, adoptar el hábito de apagar las zapatillas con interruptor al salir de casa o antes de dormir, son gestos sencillos que, sumados, pueden generar un ahorro tangible y notable en la economía doméstica. La batalla contra el consumo fantasma no requiere de grandes inversiones ni de cambios drásticos en el estilo de vida; solo exige una mayor conciencia y un pequeño ajuste en nuestros hábitos diarios para recuperar esos miles de pesos que, de otra forma, seguirán huyendo de nuestra boleta de luz. La eficiencia energética no es solo una cuestión ambiental, es una decisión económica inteligente que impacta directamente en la calidad de vida.

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