La región del Biobío, aún convaleciente de la devastación provocada por los recientes incendios forestales, se enfrenta a una catástrofe silenciosa pero no menos destructiva: el colapso absoluto del turismo en comunas vitales como Tomé, especialmente en sus emblemáticos balnearios como Dichato. Un panorama desolador se cierne sobre la zona, con restaurantes vacíos y cabañas sin arrendar, evidenciando una caída del 100% en la afluencia de visitantes que, de no mediar intervención urgente, amenaza con sepultar la subsistencia de cientos de familias que dependen de la temporada estival para encarar el incierto invierno.
Este devastador escenario ha llevado a emprendedores de Dichato a lanzar un clamor desesperado a las autoridades, solicitando el apoyo inmediato de la Municipalidad y Sernatur. Para ellos, los ingresos generados durante los meses de verano no son un mero excedente, sino el pilar fundamental que les permite sostener sus negocios y hogares a lo largo de los fríos y menos productivos meses de invierno. La crisis, exacerbada por la reciente emergencia, ha puesto de manifiesto la extrema vulnerabilidad de un sector que es el motor económico principal para gran parte de la población de Tomé.
Según datos extraídos del propio Plan de Desarrollo Comunal, un abrumador 74% de los habitantes de Tomé identifica al turismo como la columna vertebral de la economía local. Esta percepción no es infundada; el sector agrupa a al menos 200 emprendimientos formalmente asociados a la Cámara de Comercio, cifra que representa una vasta red de pequeñas y medianas empresas, así como a numerosos actores no formalizados, todos ellos ahora al borde del precipicio. La magnitud del impacto trasciende las cifras y se traduce en dramas humanos, empleos perdidos y un futuro incierto para una comunidad que ha depositado su esperanza en la belleza de sus costas y la hospitalidad de su gente.
Sandro Mardones, propietario de un supermercado en Dichato, es una de las voces que resuenan con la angustia de la situación. Su testimonio pinta un cuadro sombrío de la deprimida actividad turística. “La caída en los arriendos de cabañas es dramática, casi inexistente”, afirma Mardones, quien además subraya la drástica reducción en la contratación de mano de obra en los restaurantes y otros servicios asociados. La falta de turistas no solo afecta directamente a quienes arriendan propiedades o sirven mesas, sino que genera un efecto dominó que paraliza a toda la cadena productiva local, desde proveedores de alimentos hasta artesanos y comerciantes minoristas. La inactividad es palpable, y el silencio de lo que debería ser una bulliciosa temporada estival, ensordece.
La problemática, sin embargo, no es enteramente nueva. Luis Ortiz, dueño de una agencia de turismo en la zona, contextualiza la situación señalando que la actividad estival venía experimentando una baja progresiva desde el estallido social de 2019. “Pero los incendios, la devastación en Punta de Parra y el corte generalizado de la luz tras la emergencia han sido el golpe de gracia, el puntapié final que nos ha dejado sin aliento”, explica Ortiz. Este cúmulo de adversidades ha superado la capacidad de resiliencia de muchos, dejando al sector turístico de Tomé en un estado de emergencia sin precedentes, donde la esperanza de recuperación se desvanece con cada día que pasa sin veraneantes.
Ante este panorama desolador, la comunidad emprendedora ha intensificado sus llamados a la acción. El principal destinatario de sus ruegos es Sernatur, la entidad gubernamental encargada de promover el turismo a nivel nacional. La exigencia es clara y urgente: la implementación de un plan integral y robusto que no solo reactive e incentive la llegada de visitantes en lo que resta del verano, que ya se perfila como una temporada perdida, sino que también siente las bases para una recuperación a mediano y largo plazo. Se requieren campañas de promoción focalizadas, incentivos para viajeros y el desarrollo de nuevas estrategias que permitan reposicionar a Tomé y sus alrededores como destinos seguros y atractivos, a pesar de la cicatriz de los incendios.
El clamor no se detiene en Sernatur. Sandro Mardones, en representación de un sentir generalizado, también interpela directamente al alcalde Italo Cáceres. La solicitud al jefe comunal va más allá de un plan de apoyo genérico; se exige una revisión profunda de la gestión municipal del turismo, llegando incluso a solicitar la adopción de medidas drásticas como el cambio del director de la oficina de turismo local, Horacio Hernández. Esta petición evidencia una insatisfacción con la actual dirección y una urgencia por un liderazgo que se perciba más proactivo y eficaz en la gestión de la crisis y la promoción del destino. La fe en la actual estructura parece haberse erosionado bajo el peso de la emergencia.
Por su parte, la Municipalidad de Tomé ha iniciado acciones, aunque su alcance y efectividad aún están por verse. Se encuentra realizando una encuesta a través de la “ficha de pérdida productiva”, un instrumento diseñado para cuantificar los daños y identificar a los afectados. Hasta la fecha, el catastro ha logrado identificar a 70 emprendedores, entre formalizados, no formalizados y empresas, que han sufrido directamente las consecuencias económicas de la emergencia. Si bien este primer paso es fundamental para dimensionar la crisis, la comunidad espera que esta identificación se traduzca rápidamente en ayudas concretas y expeditas que eviten el cierre definitivo de negocios y la pérdida irreparable de fuentes de trabajo.
La situación en Tomé no es solo una crisis económica; es un llamado de atención sobre la vulnerabilidad de las economías locales que dependen intrínsecamente de factores externos como el clima y la estabilidad social. La resiliencia de una comunidad se mide no solo por su capacidad de superar la adversidad inmediata, sino por la efectividad y rapidez con la que sus líderes y organismos de apoyo reaccionan ante un desastre que amenaza su tejido social y productivo. El verano en Tomé se consume en el desolador silencio de sus playas y calles vacías, y el tiempo apremia para que el eco de la ayuda llegue antes de que el invierno congele por completo las esperanzas de recuperación. La mirada está puesta en las autoridades, cuya respuesta determinará el destino de cientos de familias y el futuro de una comuna que vive y respira turismo.


