El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, aseguró que el Gobierno iraní "escucha" a los manifestantes y ha hecho "todo lo posible" para resolver los problemas económicos que desencadenaron las protestas el pasado 28 de diciembre. Sin embargo, diferenció a esos manifestantes de los "alborotadores y terroristas" que están protagonizando "disturbios" en el país.
Pezeshkian acusó a Estados Unidos e Israel de ser los "enemigos" que han "traído terroristas entrenados al país" para generar caos y violencia. Según el mandatario, estos "enemigos" han entrenado a personas dentro y fuera de Irán, trayendo "terroristas del extranjero" para quemar mezquitas, mercados y lugares públicos, así como asesinar y decapitar a personas.
"Estos crímenes no pueden ser cometidos por nuestro pueblo. Este no es el pueblo. No están a favor de este país", enfatizó el presidente iraní, quien pidió a las familias que no permitan que sus jóvenes se involucren en los "disturbios de terroristas y alborotadores".
Pezeshkian también hizo un llamamiento a personas influyentes, como artistas, científicos o deportistas, para que no echen "gasolina" ni "aceite" al "fuego" de las protestas, sino que ayuden al país a salir "de este problema y de esta tormenta".
Según el mandatario, las autoridades iraníes han desmantelado varias células terroristas armadas y detenido a agentes vinculados al extranjero en los últimos días, en un intento por frenar la violencia.
Las protestas en Irán comenzaron el 28 de diciembre en el Gran Bazar de Teherán por la alta inflación y la caída del precio de la moneda nacional (rial), pero rápidamente se extendieron a otras ciudades y señalaron al régimen islámico del ayatolá Ali Jameneí. Organizaciones de derechos humanos en el exterior han informado de cientos de víctimas y miles de detenidos durante las manifestaciones.


