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Arzobispo de Santiago de Compostela celebra la Fiesta del Bautismo del Señor

La celebración litúrgica pone fin al ciclo navideño y abre el Tiempo Ordinario. El arzobispo de Santiago presidió la misa estacional en la Catedral compostelana. Mons. Francisco Prieto invita a vivir un bautismo que se hace vida cotidiana, compromiso cristiano y anuncio del Evangelio. La Iglesia celebró este domingo 11 de enero la Fiesta del […]

Arzobispo de Santiago de Compostela celebra la Fiesta del Bautismo del Señor

La Iglesia celebró este domingo 11 de enero la Fiesta del Bautismo del Señor, solemnidad que se conmemora el domingo siguiente a la Epifanía y que recuerda el bautismo de Jesús en el río Jordán a manos de san Juan Bautista. Esta celebración marca el final del tiempo de Navidad y el inicio del Tiempo Ordinario en el calendario litúrgico, abriendo un período en el que la Iglesia recorre, a lo largo del año, los misterios de la vida pública del Señor.

En la Catedral de Santiago de Compostela, la misa estacional de las 12:00 horas estuvo presidida por el arzobispo, monseñor Francisco Prieto Fernández. Desde el inicio de su homilía, el arzobispo destacó el significado del Bautismo de Jesús como momento de revelación. A la luz del profeta Isaías, presentó a Cristo como el siervo humilde, fortalecido por el Espíritu y enviado para traer luz, libertad y salvación.

Mons. Prieto también invitó a hacer memoria del bautismo recibido. En este contexto afirmó que la celebración del Bautismo del Señor es también celebración del bautismo de cada cristiano, de ese don que hace a los creyentes hijos en el Hijo amado. Y añadió que no se trata de una carga ni de un mero conjunto de ritos, sino de una gracia que precede y sostiene, y que llama a vivir como hijos de Dios y como hermanos entre sí.

El arzobispo recordó que la salvación que Cristo ofrece no es superficial ni pasajera, sino profunda y transformadora, capaz de poner en pie a una humanidad marcada por la fragilidad y la falta de justicia. En este sentido, evocó las palabras del apóstol Pedro sobre Jesús, "que desde Galilea pasó haciendo el bien y liberando a todos los esclavizados por el demonio", para subrayar que el bien de Dios dignifica y restaura.

Inspirándose en el apóstol Santiago, también recordó que ser cristiano no es una intimidad cerrada, sino una fe que se traduce en manos extendidas y en cercanía al hermano. El bautismo, afirmó, es vida celebrada y vida anunciada, una llamada a sembrar el bien en lo cotidiano, en la familia, en el trabajo y en cada ámbito de relación.

La homilía concluyó con una invitación a acoger la misión confiada a cada bautizado: vivir como hijos, caminar como hermanos y dar testimonio con sencillez y humildad de la salvación recibida.

Con esta celebración, la Catedral de Santiago clausuró litúrgicamente el tiempo de Navidad y abrió un nuevo tramo del año eclesial, marcado por la contemplación del ministerio de Jesús y por el compromiso renovado de quienes, desde su bautismo, se saben llamados y enviados.

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