A sus 63 años, Aniceto Hinojosa aún sueña con una casa propia. Pese a que sus manos dieron forma a joyas de gran valor en oro y plata, su trabajo como orfebre no le otorgó las prestaciones necesarias para acceder a un crédito de vivienda. Vive en una obra rústica, sin paredes revocadas ni las comodidades de una casa convencional. En un día con suerte puede ganar hasta Bs 250; otras veces, ni eso.
Este perfil no busca generar lástima, sino reflejar que el acceso a la vivienda sigue siendo una deuda pendiente en Bolivia. Aunque en los últimos años el Estado impuso tasas para créditos más accesibles y desarrolló programas habitacionales, el sueño de la casa propia llegó a pocos.
Los datos lo confirman. En el marco de la Ley de Servicios Financieros, 100.573 familias fueron beneficiadas con créditos de Vivienda de Interés Social (VIS), otorgados por la banca múltiple, cooperativas y cajas de vivienda supervisadas por la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero. A ello se suman los programas estatales ejecutados por la Agencia Estatal de Vivienda durante las gestiones de Evo Morales y Luis Arce, que en casi 14 años de gobierno beneficiaron a alrededor de 151.000 familias.
Sin embargo, estos esfuerzos no lograron reducir el déficit habitacional, que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) alcanza a 1,6 millones de viviendas. Aniceto, al igual que el 85% de bolivianos que vive del trabajo informal, queda fuera del circuito formal del crédito, pues los requisitos exigen ingresos estables que superan los Bs 7.000 u Bs 8.000 y papeles que el día a día informal no puede ofrecer.
El economista Germán Molina explica que el problema no es solo la falta de oferta, sino el bajo nivel de ingresos, que deja a muchos fuera del umbral mínimo para acceder a créditos. "El crédito existe, pero el ingreso no alcanza", afirma.
Mientras tanto, Aniceto lidera la construcción de un condominio que se autogestiona gracias a la asociación de inquilinos de Cochabamba, en un esfuerzo por alcanzar el sueño de la casa propia. Su departamento tiene calaminas improvisadas y ventanas tapadas "mientras se pueda". Freddy, un abogado que paga Bs 1.800 por un departamento de dos dormitorios en La Paz, tampoco logra siquiera pasar la puerta de un banco, pues los requisitos "están diseñados para excluir a quienes no tienen ingresos fijos".
El déficit habitacional sigue siendo un problema estructural que las políticas de crédito no lograron resolver. Hoy, esta deuda no se mide en cifras, sino en historias de lucha y frustración de quienes sueñan con una vivienda digna.



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