Tato Bores, el legendario comediante argentino, se adelantó a su tiempo al denunciar con humor la crisis política, económica y social que atravesaba el país hace más de tres décadas. Sus monólogos, lejos de perder vigencia, parecen reflejar la realidad actual de Argentina.
Nacido como Mauricio Borensztein en 1927, Tato Bores se convirtió en uno de los grandes analistas políticos y económicos de Argentina a través de su trabajo como humorista. Pese a que nunca terminó la escuela secundaria, su inteligencia y aguda observación de la realidad lo llevaron a convertirse en una figura icónica de la televisión argentina.
Desde 1956, Bores comenzó a deslumbrar al público con sus monólogos en los que, con su característico frac, peluca despeinada y habano, criticaba sin filtro la corrupción, la inflación y la inestabilidad política que aquejaban al país. "Desde que era chiquitito que vengo escuchando que hay que sacrificarse en aras del futuro. El lema nacional siempre ha sido: 'Jódanse hoy para disfrutar mañana'", decía en una de sus frases más célebres a fines de los '80.
Para muchos, Tato Bores fue un visionario que supo anticipar con precisión los problemas que aquejarían a Argentina durante décadas. Sus textos, lejos de envejecer, siguen resonando con fuerza en la actualidad. "No me enorgullece que los textos todavía sirvan. Habla de lo mal que estamos nosotros porque estamos repitiendo las mismas situaciones", lamentaba el propio Bores en una de sus últimas entrevistas.
Más allá de su trabajo como comediante, Tato Bores también se destacó por su capacidad de memorizar y recitar al pie de la letra los guiones que le entregaban, sin improvisar ni cometer errores. Su estilo único, su humor corrosivo y su capacidad de anticipar los problemas del país lo convirtieron en una figura fundamental de la televisión argentina.
Tato Bores falleció en 1996 a los 70 años, después de una larga lucha contra el cáncer. Sin embargo, su legado sigue vigente y su nombre se ha convertido en sinónimo de una Argentina que parece condenada a repetir los mismos errores una y otra vez. Sus monólogos, lejos de perder relevancia, siguen resonando como un espejo de la realidad actual del país.












