El año que finaliza ha sido un período de evaluación y planificación para la administración central argentina, que ha debido gestionar una serie de riesgos políticos y económicos. Según un análisis del IAE Business School, si bien algunos de estos desafíos parecen haberse sorteado con éxito, persisten serias amenazas que deberán enfrentarse en el próximo año.
En el plano político, el poder de veto presidencial ha sido asegurado y el riesgo de juicio político ha desaparecido. Sin embargo, la consolidación de las alianzas políticas sigue siendo un desafío relevante, especialmente en el tratamiento de la Ley de Presupuesto 2026.
A nivel internacional, mantener el apoyo político de Estados Unidos será clave, ya que un debilitamiento de esta relación podría generar incertidumbre sobre el respaldo financiero norteamericano. Además, el ascenso de gobiernos de derecha en la región disminuye el poder relativo de Argentina como referente de ese sector político.
En el ámbito económico, Argentina ingresa al 2026 con una posición ventajosa en variables como actividad, inflación, tipo de cambio, balanza comercial y fiscal. Sin embargo, la exposición a los precios de las materias primas sigue siendo un factor de riesgo, especialmente ante la caída proyectada en el índice de commodities.
Otro desafío es la capacidad de acumular reservas internacionales, condición necesaria para retornar a los mercados de crédito y enfrentar posibles turbulencias. Además, persiste el debate sobre el impacto de la apertura comercial en la producción industrial y el empleo.
Por último, consolidar un sendero de crecimiento del salario real será un reto, dado el mayor nivel de inflación y la demanda de la población por un mayor poder adquisitivo.
En resumen, si bien el panorama general es más alentador que en el pasado, aún existen riesgos latentes que evidencian debilidades estructurales. La correcta identificación y gestión de estos desafíos será clave para que Argentina pueda transitar el 2026 con éxito.











