La mayor sorpresa de 2025 no fue la marcada subida de precios de los activos mundiales, sino la poca preocupación que mostraron los inversores por los riesgos, dejando a un lado un minipánico cuando en abril el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció sus aranceles del Día de la Liberación. Ahora, la pregunta es si la ilusión se quebrará en 2026.
Después de tres años de rendimientos extraordinarios, uno esperaría que los mercados comiencen a preocuparse por la inevitable caída que sigue a los periodos de euforia. Por muy prometedora que sea la inteligencia artificial (IA), la historia de las tecnologías transformadoras siempre ha tenido auges y caídas. Es común que las empresas pioneras resulten fracasos rotundos; luego llega una segunda generación de empresas que dan en la tecla. Y aunque algunas puedan llegar a dominar el mercado, eso no supone menos incertidumbre, ya que la longevidad nunca está garantizada.
Mientras los inversores se esfuerzan por evaluar el efecto de la IA sobre el crecimiento y las ganancias empresariales, la probabilidad de una debacle bursátil mundial en los próximos años parece inquietantemente alta. Eso no significa que sea momento de vender, ya que a veces los precios de las acciones siguen subiendo mucho después de las primeras señales de advertencia, como ocurrió en 1996 cuando el entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, advirtió sobre la "exuberancia irracional" del mercado bursátil.
Pero a inicios de 2026, las presiones sobre el sistema son cada vez más innegables, empezando por la incertidumbre geopolítica que se cierne sobre la economía mundial. Incluso si Ucrania y Rusia acuerdan un alto el fuego, es probable que la frontera oriental de Europa siga siendo un polvorín por muchos años. Por su parte, China está ampliando su flota naval a ritmo vertiginoso, mientras que Estados Unidos planea comprar más drones.
Luego está el regreso de Trump a la Casa Blanca, que se espera sea tan disruptivo como en 2025. Si su salud lo permite, es probable que se muestre tan ambicioso (o autoritario, según a quién se pregunte) como en su primer mandato. Esto preanuncia un largo periodo de volatilidad en la formulación de políticas, agravado por el fin del mandato de Jerome Powell como presidente de la Fed.
Quienes en 2025 intentaron sacar partido de la volatilidad terminaron perdiendo, ya que muchos productos de inversión que afirmaban ofrecer protección contra los bandazos del mercado no cumplieron sus promesas. Este año se presenta mucho más peligroso, ya que la deuda mundial y las cotizaciones de las acciones muestran una desvinculación creciente respecto de los fundamentos económicos.
Otra incógnita es la Unión Europea, que en 2026 también enfrentará su hora de la verdad. El escenario óptimo sería un avance decisivo hacia una unión fiscal, pero fuera de eso, cualquier reforma seria demandará cambios importantes en los tratados. Japón también es una incógnita, con la duda de hasta dónde llegará el Banco de Japón en la subida de tipos de interés.
Un factor con potencial estabilizador es la probable depreciación del dólar, que todavía está muy sobrevalorado. Pero aun así, es muy probable que los inversores comprueben en los primeros meses de 2026 que la economía mundial es mucho más volátil que la experimentada en 2025. Y cuando se den cuenta, que nadie se sorprenda si la inestabilidad comienza a retroalimentarse.











