Nicola Segata, investigador de la Universidad de Trento en Italia, ha liderado un equipo que ha desarrollado el mapa más detallado hasta la fecha sobre las complejas relaciones entre la alimentación, los microbios del intestino y la salud.
El estudio, publicado en la revista Nature, analizó datos de 34.000 personas y encontró que las personas más alejadas de la obesidad y las enfermedades metabólicas tienen una mayor diversidad de bacterias "favorables" en su microbioma intestinal, y menos de las "desfavorables". Esto sugiere que es posible mejorar la composición del microbioma a través de intervenciones dietéticas.
"Cada uno de nosotros lleva en su interior especies de microbios que son completamente desconocidas", explica Segata. "Incluso para las especies que conocemos, la mayoría de sus funciones se siguen ignorando. Pero no tenemos que entender todo para usar el microbioma en la clínica".
De hecho, el investigador señala que ya existen tratamientos exitosos, como el trasplante de microbiota fecal, que funcionan incluso sin conocer los mecanismos exactos. "Un ejemplo en este campo es el trasplante de microbios fecales, algo que para algunas enfermedades funciona muy bien, incluso si no sabemos el mecanismo exacto por el que funcionan", afirma.
Uno de los hallazgos clave del estudio es que la diversidad de los alimentos que consumimos tiene un impacto más positivo en nuestro microbioma que la cantidad de cada alimento saludable. "Es más importante comer un poco de diferentes verduras saludables que comer mucho de una o dos", explica Segata.
Esto se debe a que, incluso las comidas saludables, tienen diferentes efectos en diferentes microbiotas. "Queremos una diversidad de microbios saludables, no solo de unos pocos", señala el investigador.
Segata también advierte que no existe una "dieta universal" para mejorar el microbioma, ya que este varía mucho entre individuos. "La misma dieta puede tener un impacto diferente en distintos individuos porque la microbiota de cada uno de nosotros es muy diferente y la microbiota influye en cómo procesamos la comida", explica.
Por lo tanto, el objetivo de esta línea de investigación es avanzar hacia una "nutrición personalizada", en la que se entiendan qué alimentos modifican el microbioma de la manera correcta para cada persona. Sin embargo, Segata aclara que esto solo tiene impacto si la dieta de base ya es relativamente buena.
"Si comparamos a alguien que toma comida rápida todos los días con alguien que come una buena dieta, el problema de la primera persona no es la personalización. Pero entre dos dietas buenas, la diferencia sí puede lograrse con personalización", concluye.





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