El jambato, una rana endémica de la parroquia Angamarca en Pujilí, Ecuador, pasó de ser declarada extinta en 2004 a convertirse en un emblema de la biodiversidad de los Andes ecuatorianos. Tras años de estudios y con el apoyo de la comunidad local, los científicos lograron redescubrir esta especie en 2016, demostrando la estrecha relación entre el jambato y las actividades humanas.
La historia del jambato es un ejemplo de cómo la conservación puede darse sin excluir a las comunidades de su territorio. Inicialmente, el jambato fue considerado una especie en peligro de extinción, pero su redescubrimiento en un cultivo de alfalfa evidenció que puede coexistir con las actividades agrícolas y ganaderas de la zona.
Actualmente, el jambato enfrenta amenazas como el cambio climático, enfermedades emergentes y la presencia de especies invasoras, como la trucha, que depreda sus huevos y renacuajos. Sin embargo, el Proyecto Jambato ha capacitado a los habitantes de Angamarca en técnicas de conservación y sueña con la creación de un santuario que garantice la supervivencia de esta especie emblemática.
Para la comunidad, el jambato representa resistencia, esperanza y una oportunidad de desarrollo a través del turismo sostenible, que ya atrae visitantes nacionales y extranjeros. Además, el Día del Jambato, tradicionalmente celebrado el 21 de abril, se ha convertido en una festividad que fortalece la identidad local y el compromiso colectivo con la conservación de esta especie.
El redescubrimiento del jambato es un hito importante en la preservación de la biodiversidad de los Andes ecuatorianos. Este caso demuestra que la colaboración entre científicos y comunidades locales puede ser clave para recuperar especies que se creían extintas y convertirlas en símbolos de la riqueza natural de un territorio.












