En 2025, España activó cerca de 30 alertas alimentarias, siete menos que en 2024, que pusieron de manifiesto la presencia de diversos elementos extraños en alimentos, desde fragmentos de piedra y metal hasta cannabinoides.
Según informó el Ministerio de Consumo a través de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), las alertas más llamativas para la población fueron aquellas relacionadas con la detección de cuerpos físicos extraños dentro de los alimentos.
Entre ellas destacó la presencia de fragmentos de piedra en chocolate belga, de trozos de vidrio en vino francés, de restos de caucho en sopas o incluso de cannabinoides en productos de confitería.
Además de estos peligros físicos, las alertas más numerosas fueron las asociadas a la presencia de patógenos como salmonella, listeria monocytogenes, Escherichia coli, pseudomonas aeruginosa, bacillus cereus y toxina estafilocócica en diversos productos, desde hamburguesas y fuet hasta quesos, torreznos, cúrcuma en polvo, leche en polvo para lactantes y agua mineral.
En cuanto a los peligros químicos, sobresalió por segundo año consecutivo la presencia de cannabinoides, como el hexahidrocannabinol (HHC) y el tetrahidrocannabinol (THC), en productos de confitería procedentes de Países Bajos y República Checa, así como en gominolas y aceite de semillas de cáñamo vendidos en Cataluña.
Estas alertas se comunican a las comunidades autónomas afectadas y se trasladan al resto a través del Sistema Coordinado de Intercambio Rápido de Información (Sciri) para verificar la retirada de los productos.
Además de estas alertas, en 2025 también se registraron algunos episodios de intoxicaciones alimentarias masivas relacionadas con la hostelería, como un brote de salmonela en un festival de música en Oza-Cesuras (A Coruña) que afectó a más de 160 personas, o un brote de salmonela en hospitales de Gran Canaria que afectó a una veintena de personas.
Estos incidentes llevaron a la Xunta de Galicia a aprobar un decreto que somete a control sanitario a los puestos ambulantes de venta de comida, como carpas o 'foodtrucks', obligándolos a inscribirse en el Registro gallego sanitario de empresas y establecimientos alimentarios (Regasa).












