Donald Trump ha vuelto a encender la polémica internacional al insistir en que su gobierno buscará controlar la isla de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, alegando razones de seguridad nacional. Sin embargo, esta declaración ha generado un fuerte rechazo tanto en Dinamarca como en el propio gobierno y población de Groenlandia.
Durante una reunión en la Casa Blanca con representantes de la industria petrolera, Trump afirmó que su intención es llegar a un "acuerdo de la forma fácil" para hacerse con el control de Groenlandia, una isla estratégica, rica en minerales y ubicada en una zona clave del Ártico. No obstante, dejó claro que no descarta "otras vías" si ese camino fracasa.
Según el mandatario estadounidense, el control de Groenlandia es "crucial" para la seguridad nacional de Estados Unidos, especialmente por el aumento de la actividad militar de Rusia y China en la región. "No vamos a permitir que Rusia o China ocupen Groenlandia. Eso es lo que pasará si no hacemos algo al respecto", advirtió.
La respuesta desde Dinamarca no se hizo esperar. La primera ministra Mette Frederiksen advirtió que cualquier ataque estadounidense contra su país significaría "el fin de todo", en referencia directa a la OTAN y a la histórica relación bilateral con Estados Unidos. Trump, por su parte, minimizó los reclamos daneses con una polémica frase: "Soy fan de Dinamarca, pero el hecho de que hayan desembarcado allí hace 500 años no significa que sean dueños de la tierra".
En Groenlandia, la reacción también fue contundente y unificada. Los líderes de los cinco partidos con representación en el Inatsisartut (Parlamento de Groenlandia) emitieron una declaración conjunta en la que defendieron el derecho exclusivo de los groenlandeses a decidir su futuro. "El futuro de Groenlandia lo deben decidir los groenlandeses, en diálogo con su gente y en base a las leyes internacionales y el Estatuto de Autonomía", señala el texto.
Los dirigentes locales recordaron que Groenlandia se rige por el derecho internacional y por su Estatuto de Autonomía, y que su parlamento y gobierno son elegidos democráticamente por la población. Aunque manifestaron su disposición a seguir colaborando con Estados Unidos y otros países occidentales, insistieron en que cualquier relación debe basarse en la diplomacia y el respeto mutuo.
El comunicado concluye con un llamado a la cooperación entre aliados y amigos, y con una frase que resume el sentir del territorio ártico frente a la ofensiva retórica de Trump: "Groenlandia pertenece a los groenlandeses". Mientras tanto, la tensión en el Ártico crece y el debate sobre soberanía, seguridad y geopolítica vuelve a colocar a Groenlandia en el centro del tablero internacional.












