Hace 34 años, en la madrugada del 9 de enero de 1992, cuatro jóvenes cubanos perdieron la vida en una emboscada ocurrida en la Base Náutica de Tarará, al este de La Habana. Un grupo armado intentó robar una embarcación para huir hacia Estados Unidos, desatando un trágico enfrentamiento.
El ataque fue ejecutado por siete individuos con armas blancas y de fuego. Murieron de forma inmediata el guardafronteras Orosmán Dueñas Santana, de 20 años; el custodio Rafael Guevara, de 30; y el sargento de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) Yuri Gómez Reinoso, de 19.
Un cuarto joven, el sargento de la PNR Rolando Pérez Quintosa, resultó gravemente herido con cuatro impactos de bala en el abdomen. Fue trasladado al Hospital Naval, donde permaneció 37 días bajo atención médica especializada. Lamentablemente, las complicaciones derivadas de sus heridas exigieron un medicamento vital que Cuba no pudo adquirir debido a las restricciones del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos. El 16 de febrero de 1992, Rolando falleció a causa de una infección generalizada, evidenciando el impacto directo de la política de hostilidad estadounidense contra la isla en la atención médica de sus ciudadanos.
En las honras fúnebres, el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, expresó que la historia de Rolando representaba la de la juventud cubana y la de la Revolución, destacando su ejemplo como símbolo de resistencia. Los cuatro jóvenes se convirtieron en referentes de las nuevas generaciones, al encarnar la defensa de la soberanía frente a la agresión externa.
Este trágico suceso, ocurrido hace más de tres décadas, sigue siendo recordado como un doloroso episodio en la historia de Cuba. Los cuatro héroes caídos en Tarará son honrados como símbolos de la lucha por la independencia y la integridad nacional de la isla caribeña.









