Rusia ha lanzado un nuevo ataque masivo de misiles y drones contra Ucrania, dejando al menos cuatro personas fallecidas y más de 20 heridas en la capital, Kiev. Este es el último episodio de una guerra que se acerca ya a los cuatro años de duración.
Según confirmó el Ministerio de Defensa ucraniano, el ataque se produjo en la madrugada del viernes 9 de enero y fue llevado a cabo con el potente misil balístico Oreshnik, un arma de alta precisión y largo alcance que puede transportar cargas convencionales o nucleares.
Rusia afirmó que el objetivo del ataque era una instalación subterránea de almacenamiento de gas natural en la región de Leópolis, pero las autoridades ucranianas aseguran que los bombardeos causaron cuatro víctimas mortales y 22 heridos en Kiev.
El Kremlin no dio detalles sobre la ubicación exacta del lanzamiento del Oreshnik, pero la Fuerza Aérea ucraniana informó de que el misil se desplazaba a una velocidad de aproximadamente 13.000 kilómetros por hora en una trayectoria balística.
Según Rusia, este ataque fue una represalia por lo que consideran un operativo con aviones no tripulados ucranianos contra la residencia de Putin el pasado diciembre. Sin embargo, tanto Ucrania como Estados Unidos habían rechazado anteriormente esa afirmación rusa.
La guerra entre Rusia y Ucrania se acerca ya a los cuatro años de duración, y a pesar de los esfuerzos de la comunidad internacional por poner fin al conflicto, Moscú se niega a la idea de que fuerzas occidentales se instalen en Ucrania o a que el país forme parte de la OTAN.
Este nuevo ataque con misiles y drones se produce en un momento de gran tensión entre ambos países, y pone de manifiesto la determinación de Rusia por mantener su presencia y dominio en la región, a pesar de las condenas internacionales y las sanciones impuestas.










