Rusia ha bombardeado territorio ucraniano con un misil balístico hipersónico Oréshnik en respuesta al supuesto ataque con drones a finales de diciembre contra una de las residencias del presidente ruso, Vladímir Putin, según informó el Ministerio de Defensa ruso.
Es la segunda vez que Moscú emplea este tipo de misil para golpear Ucrania, que en todo momento ha negado haber atacado la residencia de Putin, algo que también fue puesto en duda por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Según la fuerza aérea ucraniana, en el último ataque Rusia ha utilizado 36 misiles y 242 drones con los que ha alcanzado infraestructuras críticas. La administración militar de Kiev asegura que al menos cuatro personas han muerto y otras 16 han resultado heridas.
Entre esos misiles se encuentra el ruso hipersónico de última generación Oréshnik, que impactó cerca de la frontera con Polonia. Este misil balístico es uno de los últimos ejemplos del armamento hipersónico desarrollado por la industria militar rusa. Alcanza una velocidad de Mach 10, es decir, 2,5-3 kilómetros por segundo, lo que lo convierte en indetectable para las defensas antiaéreas enemigas.
Los expertos rusos recuerdan que el Oréshnik puede portar ojivas nucleares y apuntan que el misil tiene un mínimo de seis cabezas de guiado individual, lo que aumenta considerablemente su precisión y capacidad de penetración.
Este nuevo ataque con misiles hipersónicos se produce en un momento de gran tensión entre Rusia y Ucrania, que llevan más de 10 meses inmersos en un conflicto bélico iniciado con la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022.
A pesar de los constantes bombardeos y ataques, Ucrania se mantiene firme en su defensa y ha logrado recuperar importantes porciones de territorio ocupado por las fuerzas rusas. Sin embargo, el uso de armamento hipersónico por parte de Rusia supone un desafío adicional para las defensas ucranianas.
La comunidad internacional ha condenado enérgicamente estos ataques y ha reiterado su apoyo a Ucrania. Expertos en defensa advierten que el empleo de misiles hipersónicos por Rusia eleva aún más los riesgos de escalada y de un conflicto de mayores proporciones.












