La desaparición y presunta muerte de una turista bielorrusa de 57 años ha puesto en evidencia los riesgos de algunas actividades turísticas ofrecidas en el extremo norte de Rusia. La mujer fue arrastrada por una fuerte corriente mientras participaba en una actividad conocida como "flotación en hielo" en el río Tuloma, cerca de la ciudad ártica de Kola.
Tras varios días de búsqueda sin resultados, las autoridades rusas consideraron a la turista como fallecida. El incidente ocurrió durante una excursión organizada como parte de un viaje para celebrar el Año Nuevo, y que se promocionaba como una actividad segura y apta para personas sin experiencia en deportes extremos.
Sin embargo, las condiciones adversas en la zona, como la niebla densa, las temperaturas cercanas a -30 C y la oscuridad prolongada de la noche polar, dificultaron enormemente las labores de rescate. Además, los habitantes de la región indicaron que el tramo del río utilizado para esta actividad presenta corrientes subacuáticas intensas y cambios bruscos asociados a las mareas, lo que aumenta significativamente el riesgo.
Especialistas en rescate señalaron que, incluso con trajes térmicos, una persona tiene pocas probabilidades de sobrevivir más de algunas horas en aguas casi congeladas. De hecho, un incidente previo, ocurrido el 26 de diciembre, involucró a otros turistas que también fueron arrastrados por la corriente y lograron ser rescatados de manera fortuita.
La investigación ha determinado que los trajes térmicos utilizados por los participantes no cumplían con los estándares de seguridad, ya que presentaban el plazo de validez vencido y carecían de la certificación anual obligatoria. Esto podría haber influido directamente en la desaparición y presunta muerte de la turista bielorrusa.
Familiares y personas cercanas a la víctima han indicado que ella esperaba este viaje desde hacía meses, con el objetivo de observar ballenas, experimentar la noche polar y conocer el entorno ártico. Sin embargo, no practicaba deportes extremos y se la describía como una persona activa, lo que hace aún más trágica su muerte.
Este incidente ha puesto en evidencia la necesidad de una mayor regulación y supervisión de las actividades turísticas ofrecidas en zonas remotas y de condiciones climáticas extremas, como el Ártico ruso. Es fundamental garantizar la seguridad de los participantes y evitar que tragedias como esta vuelvan a ocurrir.











