El agua, el recurso más básico y esencial para la vida, se está convirtiendo en el nuevo bien de lujo entre los segmentos más acomodados de la sociedad. Mientras el debate público se centra en temas como tarifas y cortes de suministro, los verdaderamente ricos ya están tomando medidas para asegurar su propio abastecimiento hídrico.
Para quienes siempre miran un paso más adelante, el verdadero lujo ya no se define por bienes ostentosos como casas en la playa o autos importados, sino por la capacidad de controlar y proteger el acceso al agua. Así, cada vez más hogares de altos ingresos cuentan con sistemas propios de captación, filtrado y almacenamiento de agua, convirtiendo este recurso en una garantía de bienestar futuro.
"Los ricos no se caracterizan solo por acumular bienes, sino por anticipar tendencias. Leen antes que nadie los movimientos ambientales, económicos y políticos. Detectan escaseces antes de que se vuelvan evidentes y transforman esa información en decisiones patrimoniales", explica el periodista brasileño Alcoforado.
En ese sentido, el agua aparece como el nuevo objeto de deseo silencioso entre las élites. No se ostenta como un reloj suizo, pero se protege como un lingote de oro. La imagen se vuelve cada vez más frecuente: casas y barrios diseñados alrededor de lagunas artificiales, desarrollos inmobiliarios donde el verdadero diferencial no es la arquitectura, sino la seguridad hídrica.
"Antes bastaba con 'estar cerca del agua'. Hoy, la consigna es clara: el agua tiene que ser propia", señala el artículo.
Esta tendencia refleja cómo las élites se adelantan a las crisis de abastecimiento, tal como ocurrió en el pasado con bienes estratégicos como la sal o el cacao. Cambio climático, estrés hídrico, mala gestión y tensiones geopolíticas conforman un combo demasiado evidente como para ser ignorado por quienes tienen capacidad de análisis y de inversión.
"La paradoja es evidente: el agua, el bien más básico y esencial, se transforma en un nuevo marcador de desigualdad. No porque alguien la quiera acumular por capricho, sino porque quienes pueden anticipar escenarios ya están actuando en consecuencia. El resto, como tantas veces, llegará después", concluye el texto.











