La Dulcería de Celaya es un ícono de la Ciudad de México, un negocio que ha sobrevivido a lo largo de 148 años de historia, manteniendo vivas las recetas y técnicas tradicionales de la repostería mexicana.
Inaugurada en 1874, esta emblemática dulcería ha sido testigo de momentos clave en la historia del país, desde el Porfiriato hasta la Revolución Mexicana. A pesar de los vaivenes políticos y económicos, la Dulcería de Celaya ha permanecido abierta, ofreciendo a los capitalinos y visitantes una deliciosa ventana a las tradiciones culinarias de México.
Su fundación se remonta a la familia Guízar de Arias, quienes abrieron el negocio en la antigua calle de Plateros, hoy conocida como Madero. Inicialmente, los dulces se adquirían en diferentes estados, pero con el paso del tiempo, la familia optó por fabricarlos ellos mismos, improvisando una pequeña fábrica en el sótano de su casa.
Después de 26 años en su primera ubicación, la Dulcería de Celaya se trasladó a su actual emplazamiento, en la calle 5 de Mayo número 39, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México. Allí, su fachada y decoración interior, con elementos art nouveau, han sido cuidadosamente preservados, otorgando al establecimiento un encanto único y atemporal.
Hoy en día, la Dulcería de Celaya alberga aproximadamente 120 variedades de dulces, todos ellos elaborados de manera artesanal, siguiendo recetas originales que se han transmitido a través de las generaciones. Desde la leche quemada hasta los besos de nuez, pasando por los quesitos de almendra y los suspiros de merengue, cada uno de estos dulces es un pequeño tesoro que evoca la riqueza gastronómica de México.
La visita a la Dulcería de Celaya se ha convertido en una experiencia obligada para los amantes de los postres tradicionales, tanto para los capitalinos como para los turistas que recorren el Centro Histórico. Sus vitrinas repletas de dulces, su decoración histórica y su legado centenario la convierten en un auténtico símbolo de la identidad culinaria de la Ciudad de México.











