La caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela ha generado una gran expectativa a nivel internacional sobre el futuro del país. Si bien la salida del dictador fue celebrada como una buena noticia para el pueblo venezolano y las democracias del mundo, la realidad es que la incertidumbre se ha instalado en torno al devenir político de la nación.
Tal como señala el artículo, la opinión pública esperaba que, tras el derrocamiento de Maduro, se produjera un cambio inmediato de autoridades y que el círculo cercano al exmandatario dejara el gobierno. Sin embargo, esto no ha ocurrido. Los secuaces de Maduro, como Deyci Rodríguez, Rodrigo Rodríguez, Vladimir Padrino y Diosdado Cabello, siguen al mando, reprimiendo a la población y sembrando el mismo miedo que durante la dictadura.
El plan de "estabilización", "recuperación" y "transición" impulsado por Estados Unidos parece estar más orientado a satisfacer los intereses geopolíticos de Washington que a lograr una verdadera liberación y restauración de la democracia en Venezuela. Según el artículo, la prioridad sería conjurar la "amenaza" de los adversarios de Estados Unidos, como China, Rusia e Irán, que controlan recursos estratégicos en el país, para luego asumir el control de las fuentes de producción y el territorio.
En este contexto, el autor se pregunta si estamos ante un escenario de "Trumpezuela", es decir, una intervención estadounidense que, si bien logra derrocar a Maduro, mantiene en el poder a los mismos criminales que lo apoyaban. Una situación que, sin duda, genera gran preocupación y desconfianza en la comunidad internacional sobre el verdadero rumbo que tomará Venezuela.





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