El violento ataque ocurrido en la urbanización Mocolí Golf Club, en Guayas, Ecuador, ha dejado al descubierto una cruda realidad: la guerra entre bandas del narcotráfico que azota incluso a los sectores más exclusivos del país.
Según las autoridades, el pasado 7 de enero tres hombres fueron asesinados a tiros en la cancha de fútbol de esta lujosa urbanización. Los criminales, que se hicieron pasar por policías y militares, ingresaron al complejo tras destruir una garita, agredir y atar a los guardias de seguridad.
Una vez dentro, los sicarios realizaron unos 20 disparos que acabaron con la vida de Stalin Rolando Olivero Vargas, alias "Marino", así como de Jefferson Sanlon Olivero y Richard Josué Mina Vergara.
Olivero Vargas, considerado un "objetivo de alto valor" por las autoridades, era el cabecilla de la banda delictiva conocida como "Los Lagartos" y estaba siendo buscado por asesinato y narcotráfico. Según el ministro del Interior, John Reimberg, el móvil del crimen estaría relacionado con la decisión de Olivero Vargas de pasarse a integrar la banda rival de "Los Lobos".
La urbanización Mocolí Golf Club, ubicada en una de las zonas más exclusivas del cantón Samborondón, en la provincia de Guayas, es conocida por su alto nivel de seguridad y el costo promedio de sus propiedades, que supera el medio millón de dólares. Sin embargo, esta violenta incursión pone de manifiesto que ni siquiera los enclaves más protegidos están a salvo de la guerra entre organizaciones criminales.
Las autoridades han informado que hace una semana se realizó un allanamiento en una urbanización cercana, donde se creía que vivía Olivero Vargas, pero no lograron dar con él. Ahora, tras este brutal ataque, se han intensificado los operativos y las investigaciones para dar con los responsables y desmantelar las bandas implicadas.
Este hecho evidencia la compleja situación de inseguridad que vive Ecuador, donde la disputa por el control del narcotráfico ha llevado a una espiral de violencia que parece no tener fin. Incluso en los sectores más acomodados y resguardados, la presencia del crimen organizado sigue siendo una amenaza latente.











