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Acuerdo entre Venezuela y Estados Unidos desploma los precios del petróleo

Acuerdo entre Venezuela y Estados Unidos desploma los precios del petróleo

El anuncio de un acuerdo entre Venezuela y Estados Unidos para la entrega de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo sancionado a precio de mercado provocó una fuerte caída en los precios del crudo a nivel global.

Según fuentes como Reuters, DW y BBC, el volumen estimado del acuerdo ronda hasta 50 millones de barriles, con un valor de entre 2.000 y casi 3.000 millones de dólares según el nivel de precios actual. La Casa Blanca ha señalado que los ingresos se administrarán desde Washington con el argumento de "beneficiar al pueblo de Venezuela y de Estados Unidos", en un contexto de transición política forzada tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.

El movimiento se da después de días de alta tensión, con una operación militar de EE.UU. en Venezuela, el traslado de Maduro para enfrentar cargos de narcoterrorismo y la asunción de una autoridad interina dispuesta a cooperar con Washington. Ese giro de poder abre la puerta a un rediseño profundo del mapa energético venezolano, incluyendo el posible regreso de grandes petroleras estadounidenses al país con mayores garantías de inversión.

Tras el anuncio, tanto el Brent como el WTI profundizaron las caídas que ya venían registrando por expectativas de exceso de oferta global. Informes de medios financieros apuntan a que el Brent se movió en torno a los 60 dólares por barril con descensos adicionales cercanos al 0,5%, mientras que el WTI cayó hacia la zona de 56 57 dólares con retrocesos de entre 0,7% y 0,8% en la sesión posterior al anuncio.

Analistas de bancos de inversión y firmas de research, como Morgan Stanley y Goldman Sachs, proyectan un escenario de superávit de hasta 3 millones de barriles diarios en la primera mitad de 2026, con precios del Brent estabilizados en el rango medio de los 50 dólares si no hay interrupciones graves en la producción. En ese marco, la promesa de varios decenas de millones de barriles adicionales procedentes de Venezuela refuerza la narrativa de presión bajista sobre los precios, al menos en el corto plazo.

Aunque 30 50 millones de barriles equivalen apenas a unos pocos días de consumo de petróleo y derivados en Estados Unidos, el efecto psicológico sobre el mercado es significativo porque se suma a otros factores de debilidad en la demanda y abundancia de oferta. Firmas como DW y CNBC destacan que las expectativas ya apuntaban a un 2026 con crecimiento moderado del consumo y con incrementos de producción tanto en países OPEP como fuera del cartel, lo que deja poco espacio para shocks de oferta adicionales sin impacto en precios.

Además, el crudo venezolano se está ofreciendo con fuertes descuentos frente al Brent, con el grado Merey transándose hasta 22 dólares por debajo del benchmark, lo que refuerza el incentivo económico para colocar rápidamente esos volúmenes en el mercado. Esta combinación de mayor disponibilidad de barriles baratos y un entorno de demanda tibia lleva a que los traders ajusten posiciones largas, favoreciendo ventas y una curva de precios más contenida, especialmente en los contratos de corto plazo.

El acuerdo también tiene una lectura geopolítica profunda: parte del volumen que Venezuela destinaría a Estados Unidos se redirigiría desde exportaciones previamente comprometidas con China, alterando flujos tradicionales de crudo sancionado. Esto supone un doble impacto: refuerza la capacidad de Washington para influir en la cadena de suministro de energía del hemisferio occidental y limita el margen de maniobra de Pekín, Moscú y Teherán sobre el petróleo venezolano.

OPEP y sus aliados en OPEP+ observan con cautela la situación, porque una recuperación acelerada de la producción venezolana, combinada con la entrada de crudo sancionado en canales formales, podría obligar al grupo a revisar sus recortes si quiere sostener un piso de precios. A corto plazo, sin embargo, la mayoría de los análisis coinciden en que los cuellos de botella de infraestructura y la necesidad de inversión masiva harán que el aumento sostenible de la producción venezolana sea gradual, lo que limita el riesgo de un desplome mucho más profundo.

De cara a los próximos meses, los escenarios base de las casas de análisis apuntan a un petróleo bajo presión pero sin colapso, con un rango de cotización relativamente acotado si no se producen nuevos shocks geopolíticos o recortes inesperados de oferta. El mercado estará siguiendo de cerca tres variables: la velocidad real a la que llegan los barriles venezolanos a puertos estadounidenses, la respuesta de la OPEP+ y los datos de demanda de las principales economías consumidoras, especialmente China y EE.UU.

Para Estados Unidos, el flujo adicional de crudo venezolano puede ayudar a contener los precios internos de combustibles y aliviar parte de la presión política ligada al costo de la energía, aunque su volumen, por sí solo, no cambia el equilibrio estructural del mercado global. Para Venezuela, el acuerdo abre una ventana para monetizar inventarios de crudo atrapados por sanciones y bloqueo de buques, pero también consolida una dependencia fuerte de las condiciones que imponga Washington sobre el uso de esos ingresos y la reconfiguración de su sector energético.

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