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Oposición venezolana se redefine tras captura de Maduro y desplante de Trump

Oposición venezolana se redefine tras captura de Maduro y desplante de Trump

La inmensa mayoría de la oposición venezolana no tiene dudas: la transición hacia una democracia comenzó la madrugada del sábado tras conocerse la incursión militar de Estados Unidos en Caracas y la captura de Nicolás Maduro. Sin embargo, el horizonte se ensombreció con el paso de las horas y los principales dirigentes antichavistas, con María Corina Machado a la cabeza, adaptaron sus prioridades al desplante de Donald Trump.

Si la primera reacción de la cúpula de las fuerzas opositoras fue su disposición a sustituir de manera inmediata a los cuadros chavistas, el baño de realidad impuesto por el mandatario republicano al elegir a Delcy Rodríguez acabó redefiniendo su estrategia. Lo primordial ya no es asumir el poder, sino volver a Venezuela.

El regreso no representa solo una condición mínima para empezar un cambio de ciclo, aun bajo la tutela de la Casa Blanca, sino una necesidad política urgente para la oposición en el exilio. Y hoy, como también ha recalcado el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, no quedan en Caracas líderes de primera línea de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD).

Machado, forzada a vivir en la clandestinidad para evadir la persecución del régimen, salió hace casi un mes para recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo y antes del ataque de la Delta Force estaba esperando el momento oportuno para volver. Ahora no oculta que su intención es "regresar lo antes posible", según afirmó el sábado en la cadena conservadora Fox News.

Edmundo González Urrutia, el candidato que desafió a Maduro en las urnas el 28 de julio de 2024, lleva más de un año exiliado en España, desde donde sigue reivindicando un triunfo electoral reconocido por las principales instancias de la comunidad internacional, de Washington a Bruselas. Este domingo ahondó en el argumento de la paciencia estratégica avanzado por el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, también afincado en Madrid, en una tribuna publicada en EL PAÍS.

A estas ausencias se suman otras muy significadas, como la de Leopoldo López, refugiado en Madrid desde 2020, y Juan Guaidó, que en 2019 mantuvo durante meses un pulso con el sucesor de Hugo Chávez proclamándose presidente interino y hoy vive en Florida. En Venezuela la mayoría de los cargos opositores llevan meses desactivados por la represión del aparato gubernamental, operando en la clandestinidad o en la cárcel, donde permanecen alrededor de 900 presos políticos.

Además de su liberación, todos reclaman garantías de seguridad para una vuelta a casa, una tarea que confían a Estados Unidos. Una fuente al tanto de los movimientos dentro de la dirección opositora explica que esperan una llegada inminente de un contingente de funcionarios norteamericanos y la reapertura de la Embajada, cerrada desde 2019.

Mientras tanto, la urgencia de un cambio de régimen ha sido reemplazada por una tesis largoplacista. El espejo de la Transición española al que apunta la conversación entre González Urrutia y Felipe González es un camino asumido por muchos en ambas orillas del Atlántico incluso antes de la caída de Maduro.

Ahora el que ha marginado a Machado es Trump, la misma persona a la que la dirigente dedicó su Premio Nobel. Pero mientras en las filas opositoras muchos aún tratan de encajar el golpe, la mayoría es consciente de la necesidad de retomar la iniciativa y sentar las bases para reivindicar su espacio durante una larga transición.

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