El expresidente de Honduras, Manuel Zelaya, denunció enérgicamente la inscripción de Jorge Cálix como diputado del Congreso Nacional, calificándola como "una burla descarada, una ofensa directa a la dignidad del pueblo" y "una violación frontal a la letra y espíritu de la Constitución".
Zelaya, quien lideró un gobierno de izquierda entre 2006 y 2009 antes de ser depuesto en un golpe de Estado, afirmó que "ahora pretenden consumar otro golpe electoral declarando electos a diputados a punta de dinero y pactos obscuros, comprando cargos que solo el pueblo puede otorgar con su voto".
El exmandatario rechazó categóricamente cualquier vínculo con la aceptación de un cargo público que no haya sido obtenido mediante elecciones limpias. "No aceptaré jamás un puesto nacido del fraude o de la compra de voluntades de cúpulas corruptas", sentenció.
La denuncia de Zelaya se produce en medio de un clima de creciente tensión política en Honduras, donde la oposición ha cuestionado reiteradamente la legitimidad de varios procesos electorales en los últimos años. La inscripción de Cálix como diputado parece ser percibida como un nuevo intento de consolidar el poder de las élites políticas tradicionales, en detrimento de la voluntad popular.
El exmandatario, cuyo gobierno fue interrumpido por un golpe de Estado respaldado por sectores conservadores, se ha mantenido como una figura influyente en la oposición hondureña. Sus declaraciones reflejan la profunda desconfianza que persiste en amplios sectores de la sociedad respecto a la transparencia y equidad de los procesos electorales en el país.
La crisis política en Honduras se ha prolongado por años, con denuncias recurrentes de fraude, corrupción y concentración del poder en manos de una élite política tradicional. La denuncia de Zelaya agrega un nuevo capítulo a este complejo escenario, evidenciando la persistencia de profundas divisiones y desafíos para la consolidación de la democracia en la nación centroamericana.












