Por Alonso Rosales
En medio de la contienda geopolítica más intensa en años entre Estados Unidos y Venezuela, las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, promoviendo la inversión masiva de compañías petroleras en el país sudamericano han generado más escepticismo que entusiasmo dentro del sector energético internacional.
Trump ha asegurado en repetidas ocasiones que las empresas petroleras tendrían grandes oportunidades de negocios en Venezuela si se decide a retirar su apoyo al presidente Nicolás Maduro y reconocer al líder opositor Juan Guaidó como mandatario legítimo. Sin embargo, los principales jugadores del mercado energético mundial parecen no estar convencidos de las bondades de invertir en un país sumido en una profunda crisis política, económica y social.
"Nadie quiere arriesgar su capital en un entorno tan volátil e incierto como el de Venezuela en este momento", señaló un alto ejecutivo de una transnacional petrolera con operaciones en Latinoamérica, quien pidió mantener el anonimato. "Las condiciones macroeconómicas, la inestabilidad política y los riesgos legales y de seguridad son demasiado elevados para justificar nuevas inversiones importantes", agregó.
Según fuentes del sector, varias de las principales compañías con presencia en Venezuela, como Chevron, ExxonMobil, BP y Total, han optado por reducir gradualmente sus actividades en el país o incluso planean una salida definitiva en los próximos meses, ante la imposibilidad de garantizar la rentabilidad de sus operaciones.
"Nadie quiere ser el último en irse de Venezuela. Todos están evaluando cuidadosamente sus opciones y buscando la mejor forma de proteger sus activos y minimizar pérdidas", comentó otra fuente consultada, también bajo condición de anonimato.
La crisis política y económica que atraviesa Venezuela desde hace años, con hiperinflación, escasez de bienes básicos, apagones y una profunda recesión, ha mermado significativamente la producción y exportación de crudo, principal fuente de ingresos del país. Según datos de la OPEP, la producción venezolana de petróleo se desplomó de 2.3 millones de barriles diarios en 2016 a apenas 732.000 barriles por día en 2019.
Ante este panorama desolador, las principales compañías petroleras han optado por priorizar sus inversiones en otros mercados más estables y rentables de la región, como Brasil, México, Colombia y Argentina, en detrimento de sus operaciones en Venezuela.
"Nadie quiere ser el último en irse de Venezuela. Todos están evaluando cuidadosamente sus opciones y buscando la mejor forma de proteger sus activos y minimizar pérdidas", comentó otra fuente consultada, también bajo condición de anonimato.
Analistas del sector energético coinciden en que, salvo un cambio drástico y sostenido en la situación política y económica de Venezuela, las perspectivas de inversión en el país parecen poco alentadoras en el corto y mediano plazo. "Mientras persista la incertidumbre y los riesgos superen con creces a las oportunidades, será muy difícil que las grandes petroleras decidan apostar por Venezuela", sentenció uno de los expertos consultados.












